Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales

11 de abril de 2020

Las 2 Tomas del M-19. 40 años y 35 noches de humo

Entre balas y confusión, la operación Democracia y Libertad comenzó un 27 de febrero de 1980. Exactamente hace 40 años el Movimiento 19 de abril tomó por sorpresa la embajada de Republica Dominicana en Bogotá. Su objetivo era simple: liberar a 311 presos políticos privados de su libertad bajo el gobierno de Julio Cesar Turbay Ayala. Sus medios para alcanzar este objetivo eran claros, tomar embajadores de países como: Uruguay, Estados Unidos, Venezuela, Egipto y El Nuncio Apostólico del Vaticano, entre otros delegados internacionales. Al final de dos meses de negociaciones entre ambas partes se logró llegar a un acuerdo donde, según el jefe de Estado colombiano: “Ganamos todos. Ganó el país”.

Por: Andrés David Mondragón

Entre balas y confusión, la operación Democracia y Libertad comenzó un 27 de febrero de 1980. Exactamente hace 40 años el Movimiento 19 de abril tomó por sorpresa la embajada de Republica Dominicana en Bogotá. Su objetivo era simple: liberar a 311 presos políticos privados de su libertad bajo el gobierno de Julio Cesar Turbay Ayala. Sus medios para alcanzar este objetivo eran claros, tomar embajadores de países como: Uruguay, Estados Unidos, Venezuela, Egipto y El Nuncio Apostólico del Vaticano, entre otros delegados internacionales. Al final de dos meses de negociaciones entre ambas partes se logró llegar a un acuerdo donde, según el jefe de Estado colombiano: “Ganamos todos. Ganó el país”.

5 años más tarde, y bajo el mismo modus operandi, el M-19 se toma el Palacio de Justicia. En medio de un proceso de paz y con la exitosa negociación de la embajada dominicana como antecedente; el país esperaba una rápida cooperación. Sin embargo, la respuesta de la rama ejecutiva ante la toma armada de la máxima institución judicial desencadenó en una masacre y una larga noche de humo sobre el cielo capitalino. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Cuál es la diferencia entre ambas tomas y negociaciones? ¿Cómo fue la reacción del gobierno ante ambas tomas? y ¿Por qué no se pudo evitar un baño de sangre el 6 de noviembre de 1985? Preguntas de una patria dolida

Democracia y libertad: Conmemorando el estandarte de una exitosa negociación

Dos meses de cautiverio sin sentir el sol sobre sus caras, dos meses donde los 50 asistentes a la reunión, entre ellos embajadores, cónsules, personal de aseo y secretarias, eran vigilados por 16 guerrilleros bajo el mando de Rosemberg Pabón, primero al mando en la operación. Ante tal acontecimiento, la comunidad internacional y el país quedaron perplejos. Aunque el presidente Turbay era conocido por su mano dura frente a las guerrillas, decidió usar el dialogo. Mediante el uso de la palabra, y tras 60 días y 24 reuniones en una van amarilla, sin puertas, ubicada frente la embajada, el grupo insurgente, junto a los rehenes, partió en un avión a La Habana donde liberaron a los funcionarios y se dio por terminada la crisis.
El desarrollo de la negociación por ambas partes (gobierno y guerrilla) fue excelso. Por su parte, el M-19 no asesinó, torturó o maltrató a ninguno de los rehenes y el gobierno de Turbay manejó la situación con calma y asertividad, con el fin de salvar las vidas de los rehenes. Sin embargo, lo más destacable del proceso es que el gobierno no aceptó ninguna exigencia del grupo armado, se mantuvieron intactas las instituciones. Que la negociación hubiese tomado 60 días y que incluyera a un un grupo armado acuartelado en una embajada no representa la incapacidad del gobierno, por el contrario, fue esta estrategia la que llevó a una solución armoniosa.

Operación Antonio Nariño por los Derechos del Hombre: Un fracaso y herida histórica

Mas conocida como la Toma del palacio de justicia, este evento histórico ha sido discutido y tratado de muchas maneras incluso cayendo en lo repetitivo y cliché. No obstante, es relevante analizarlo desde una diferente perspectiva, desde la acción del gobierno.
Las acciones de Belisario Betancur ante la crisis de rehenes en el hogar de la alta corte judicial dejan mucho que desear. Turbay Ayala, su predecesor, ya había demostrado su capacidad de negociación con una guerrilla que dejó la selva y se tomó la calle, el asfalto y los edificios como campo de acción. Betancur, por su parte fracasó. Con 98 muertos en 27 horas, un número desconocido de desaparecidos, 2 generales presos y otros 14 investigados, el 6 de noviembre de 1985 es la fotografía de un gobierno negligente.
Alfonso Reyes Echandía, presidente de la Corte Suprema de Justicia de aquel entonces, pasó las últimas horas de su vida tratado de contactar con el presidente de la república. Por medio de Alfonso Reyes, su hijo; Fernando Hinestrosa, entonces rector de la Universidad Externado de Colombia; Yamid Amat, entonces director de Caracol Radio e incluso Gabriel García Márquez. No pudo establecer una conexión con Betancur.
En vez de declarar un cese al fuego y salvaguardar la vida de los magistrados y civiles, Betancur lanza la retoma del Palacio de Justicia ignorando los pedidos de clemencia de la cabeza de la rama judicial y censurando el acontecimiento.

El uso de la intermediación es el eje central desde el cual se puede explicar la resolución de los conflictos. Byung Chul-Han señala que cuando no existe intermediación en las relaciones de fuerzas entre dos partes prolifera la violencia. En cambio, a mayor intermediación existe una mayor sensación de libertad. Turbay al usar el dialogo, utilizó la intermediación a su favor y creó una sensación de libertad tanto para el grupo armado como para el gobierno y de este modo llegó a una resolución beneficiosa para ambas partes. Por su parte, Bentacur no recurrió al dialogo, en cambio decidió usar la violencia fundamentada en su uso legítimo de la fuerza, legitimidad sustentada por ley, pues el presidente es el comandante en jefe de las fuerzas armadas (artículo 189 de la Carta Constitucional).

La toma de la embajada dominicana nos dio una lección de resolución de conflictos cuando hay vidas en juego. El gobierno no se arrodilló ante el grupo armado y, no obstante, pudo solucionar la crisis mediante el dialogo, el uso de la palabra. Como opuesto, la retoma del Palacio de Justicia nos enseñó lo que no se debe hacer frente a una crisis. Betancur, ante una toma que se pudo haber solucionado con el diálogo, decidió responder de forma precoz y agresiva dejando un recuerdo amargo. Un recuerdo, un misterio y una herida que Colombia no olvidara.

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