Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales

5 de enero de 2021

Las mujeres: territorio de guerra

En todo conflicto armado las mujeres siempre son perjudicadas, ya sea perdiendo a sus seres queridos, siendo desplazadas de sus hogares, o botines de guerra. Esta es una forma en la que entre rivales se humillan; toman las mujeres del adversario para su beneficio. La razón de que ellas sean botines es la desigualdad de género, ya que se ha dado la imagen del hombre como ser dominante y la de la mujer como ser subyugado. Ni la edad, ni la raza, ni la clase social, ni la religión de ellas ha sido impedimento para ser blanco de violencia durante guerras, disputas o conflictos. El uso de la violencia sexual siempre es de carácter estratégico, ya sea por expresar control y dominación que se ejerce más que todo en combates de índole política o por derrotar la moral y honor de determinada población en conflictos de naturaleza cultural.

Por: Luisa Fernanda Borbón Páez

En todo conflicto armado las mujeres siempre son perjudicadas, ya sea perdiendo a sus seres queridos, siendo desplazadas de sus hogares, o botines de guerra. Esta es una forma en la que entre rivales se humillan; toman las mujeres del adversario para su beneficio. La razón de que ellas sean botines es la desigualdad de género, ya que se ha dado la imagen del hombre como ser dominante y la de la mujer como ser subyugado. Ni la edad, ni la raza, ni la clase social, ni la religión de ellas ha sido impedimento para ser blanco de violencia durante guerras, disputas o conflictos. El uso de la violencia sexual siempre es de carácter estratégico, ya sea por expresar control y dominación que se ejerce más que todo en combates de índole política o por derrotar la moral y honor de determinada población en conflictos de naturaleza cultural.

Atentados sexuales

El mayor número de violaciones de la historia se retratan durante la Segunda Guerra Mundial. El historiador inglés Anthony Beevor en el libro “Berlín: la caída de 1945”, afirma que todas las mujeres alemanas sin importar la edad fueron víctimas de atentados sexuales por parte de soldados soviéticos, después de que Alemania fracasara en la operación Barbarroja. Operación en la que Alemania planeaba invadir la Unión Soviética. Esta última para tomar venganza decidió invadir Alemania. Inició por Polonia, donde los soldados soviéticos irrumpieron en un convento, allí violaron y asesinaron a las monjas, dejando a varias embarazadas. La película Las inocentes (2016) narra este hecho.

Con la llegada del ejército rojo (Unión Soviética) a Alemania, muchas mujeres “cedieron” a algunos de los soldados como esclavas sexuales, con el fin de pactar una protección para no ser violentadas por más hombres. Beevor concluye en su escrito con las posibles razones por las que las violaciones masivas fueron protagonistas durante este acontecimiento. Entre ellas estaba que los soldados habían sido cegados por la irracionalidad de la guerra, el rencor y las ansias de venganza habían sido factores influenciados por la humillación causada al ser obligados por sus adversarios a usar los uniformes de sus camaradas muertos.

La duración de la guerra, el auge de las enfermedades de transmisión sexual y la escasez de mujeres, fueron factores que hicieron que los soldados tomaran como alternativa violentar a niñas de doce a trece años. La frustración, deseos reprimidos, trauma de la guerra, fueron suficiente motivación para que estos hombres cometieran estos crímenes. Aunque no hay un registro exacto y verídico, los principales hospitales de Berlín estimaron que entre 95 mil y 135 mil mujeres fueron víctimas de violación.

La mortalidad en mujeres fue mayor de 1,4 millones: las agresiones y suicidios, las causas. En los conflictos bélicos ya sea de carácter nacional o internacional, la contraparte  querrá demostrar cuál es la que posee el poder, así como ocurrió en el marco internacional durante la Segunda Guerra Mundial, también pasó en Colombia en un conflicto armado de carácter nacional por más de cinco décadas.

Este conflicto estuvo antecedido por enfrentamiento entre partidos (conservador y liberal), y causado por la desigualdad económica y social en sectores donde la presencia del Estado fue nula y la posesión de tierra por guerrillas financiadas por el narcotráfico. El Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia, organismo gubernamental encargado de preservar la memoria del conflicto armado Colombia, estima que cerca de 15,000 mujeres fueron ultrajadas durante el conflicto, pero afirma que la cifra podría ascender, debido a que muchas de las víctimas no han denunciado el hecho.

El organismo en su informe “La guerra inscrita en mi cuerpo” recoge testimonios de violencia sexual con casos desde 1959, donde los victimarios fueron grupos insurgentes como Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Ejecito de Liberación Nacional (ELN), Ejército Revolucionario Guevarista  (ERG), y agentes del Estado como el Ejército Nacional de Colombia. El informe provee la lógica y objetivos de la violencia sexual durante el periodo del conflicto, los cuales estuvieron marcados por un fin estratégico de emitir un mensaje de apropiación de territorio y autoridad en las poblaciones.

Fueron las afectadas mujeres de la población civil y las miembros de las organizaciones mencionadas. En el segundo caso se denomina intrafilas, ya que ocurren dentro de la organización y son ejercidas en ámbitos de jerarquización por género, con el propósito de demostrar quién domina en la organización (naturaleza patriarcal) y negarles todo derecho sexual y reproductivo.

A pesar de tener un contexto y, causas del porqué los actores en disputa ejercieron esta violencia, en la memoria de estas mujeres, está que sus cuerpos fueron ultrajados, dejaron de ser suyos para ser el factor estratégico de un ejército, una nación o de una ideología que quería posicionar su poder.

Un honor ultrajado

 Durante el 2014 el Estado Islámico (grupo terrorista de origen Iraki- Sirio) decidió desterrar de Irak a los que profesaban  religiones distintas al islamismo, tales como el catolicismo, pero la religión Yazidi que era profesada por los indígenas de la nación, fue blanco de exterminio por parte de los terroristas; la razón fue que no poseían un libro sagrado, por ende, no era una religión.

La ganadora del Nobel de Paz del año 2018, Nadia Murad, es conocida por ser sobreviviente del cautiverio al cual la sometía el Estado Islámico. En su libro Yo seré la última, narraba cómo este decidió exterminar a los hombres y adultos mayores, a los niños les impuso la religión musulmana con su objetivo del califato mundial y a las mujeres y a las  niñas fueron comercializadas entre ellos como esclavas sexuales.

La autora relata en el libro que este grupo prefería a las mujeres jóvenes, ya que con ellas tenían la certeza de estar ultrajando vírgenes, cuando perpetraban las violaciones les decían cosas tipo: “estas mancillada, tu pueblo te va a repudiar”, esto porque sabían que en su religión la virginidad era parte de su honor. Las víctimas tienen la creencia de haber deshonrado y avergonzado a su religión por no ser castas, en la misma medida en que el pueblo tiene el eterno recuerdo de que sus mujeres han sido poseídas por su verdugo.

Con el mismo objetivo, durante el año 1994, se llevó a cabo el genocidio de Ruanda, donde los Hutus exterminaron a Tutsis, debido a las tensiones acumuladas entre las tribus. Las tensiones se relatan desde que Ruanda era colonia de Bélgica, cuando los colonos jerarquizaron a ambas tribus, poniendo a los Tutsis en la mejor posición en aspectos laborales y sociales, mientras los Hutus eran menos apreciados en esos ámbitos. Después de la independencia de la nación los Tutsis permanecían en los cargos del gobierno mientras los Hutus eran su servidumbre.

Esa segregación condujo a los Hutus a aniquilar a la otra tribu. El genocidio duró cerca de 100 días en los cuales el 70% de la población tutsi fue exterminada. Cerca de 200,000 mujeres fueron violadas y se estima que 20,000 niños nacieron de aquellas violaciones (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, 2017). El odio que había enraizado la tribu Hutu se había fomentado para humillar a aquellos que lo habían marginado, querían asaltar el honor y la dignidad de aquellos.

Su alternativa fue generando una masacre y violando sin piedad a mujeres y niñas para después asesinarlas con machetes y palos repletos de clavos. En los conflictos de índole cultural, ya sea por religión, raza, cultura, …, prima el deseo de humillación a lo que representa el honor del rival, por eso más que idear modos de aniquilación, buscaban métodos para humillar y dejar vigente en su historia quién fue el vencedor.

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Acnur-  Genocidio de Ruanda: la historia de los hutus y los tutsis.

Caicedo, L – Gravedad penal de la violencia sexual cometida en el marco del conflicto armado colombiano. Humanas.