Crisis en Ucrania: el pulso energético

Imagen: Andrew Butko

A pesar de las recientes provocaciones de Rusia, y de la evidencia de sus violaciones a la carta de las Naciones Unidas tras la invasión a Crimea, la comunidad internacional, encabezada por la Unión Europea (“UE”), duda en imponer sanciones económicas a Rusia. Una situación que se repite, por ejemplo, como en 2008 cuando esta misma desplegó tropas en el sur de Georgia para apoyar a las comunidades pro rusas en Osetia del sur.

Así, con la invasión en Crimea el bloque occidental una vez más repitió el discurso de proferir sanciones a nivel económico para disuadir a los rusos de continuar con sus provocaciones bélicas. Entonces ¿Se repetirá una vez más el alegato, o esta vez los países occidentales cumplirán las sanciones? Aunque los Estados Unidos, y en especial la UE, traten de disuadir con sanciones a la comunidad rusa, estos últimos dependen de los recursos energéticos que les provee esta misma para parte de su proceso productivo, asimismo como les permite a algunos países mantenerse caliente en el  invierno. No obstante, y como ocurrió en 2008, la contraparte rusa, encabezada por la Unión Europea, será muy laxa respecto de las sanciones que puedan tomar para detener o dar reversa esta situación.

Sanciones inutiles

De manera dócil, los países Europeos buscan disuadir a la Federación Rusa de retirar sus tropas de Crimea –Región del sur de Ucrania, mayoritariamente pro Rusa -, y así tratar de evitar una confrontación bélica entre el Kremlin y Ucrania por esta región. De igual manera, es importante resaltar la posición estratégica de la península de Crimea, puesto  que posee un carácter estratégico para los rusos; bien es sabido que desde la época de los zares ha sido considerada como un punto clave entre Europa del Este, y Asia del Oeste. De allí que la ciudad costera de Sebastopol cuente con una base naval rusa, la cual se encuentra en un contrato de alquiler hasta el 2044. Por esto, y a pesar de las enérgicas reacciones internacionales, en especial de los países Europeos, los cuales esperan sancionar económicamente a Rusia y retirarlo del G8 como represalia a su intervención en Crimea, finalmente no utilizarán sanciones de peso, como aquellas por ejemplo de Irán o Cuba, que son consideradas fuertes y limitantes en el accionar económico de estos países desde hace ya varias décadas.

Entonces las medidas de carácter laxo aplicadas por la comunidad internacional, que en su fin  permitirían terminar tan singular crisis serán inútiles, puesto que, al solo congelar los activos a la mayoría de socios de Putin no lograrán modificar en manera absoluta la política exterior rusa. Asimismo, debe recordar la Unión Europea que una parte de sus miembros son dependientes del gas natural ruso, en especial en invierno. A pesar de estar a siete meses de un nuevo invierno, el Kremlin simplemente les puede cerrar el grifo, y este no se inquieta, si por algo son conocidos los rusos es por ser pacientes.

La energía como centro neurálgico

En cifras reales, la Unión Europea importa un 30% del gas natural que utiliza de Rusia, y más de la mitad de los gasoductos que la transportan pasan por Ucrania. Asimismo, y aunque a corto plazo se asegure el suministro, puesto que, según fuentes de la Comisión de Energía Europea, las reservas con las que cuenta la UE son de alrededor de 40,000 millones de metros cúbicos, estos son considerados insuficientes para afrontar un desabastecimiento a mediano plazo.  Sin embargo, no es recomendable llegar a esta situación, es considerada como descabellada la idea de un corte abrupto e unilateral de Rusia, puesto que existe una interdependencia entre estos y la UE, uno de sus principales clientes. Por esta razón, los tonos son moderados, los europeos prefieren evitar cualquier situación que afecte su interés, y las sanciones que prevean serán de poco alcance o leves de cara a los intereses económicos ligados al mercado energético del cual son dependientes. Asimismo, no se da por hecho que la OTAN intervenga, como esperan los ucranianos. Ninguna de las partes en esta crisis quiere llegar hasta el punto de desatar un conflicto bélico en Europa.

Para finalizar, es de esperarse una situación similar a la de 2008, en la cual, no hubo sanciones contra Rusia por su despliegue militar en Georgia. De la misma manera, es relevante resaltar que la dependencia energética de Europa la lleve a manejar un tono más reservado respecto a Rusia, por lo cual, sería importante preguntarse si el pulso otra vez lo ganará el Kremlin.

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