Crimea: La crisis de identidad entre Rusia y Occidente

Imagen: State dept

Ucrania padece la crisis más prolongada y mortal desde su independencia post-soviética. Todo comenzó con una protesta en contra del gobierno de Kiev por no forjar vínculos más estrechos con la Unión Europea, ocasionando el derrocamiento del presidente de turno Viktor Yanukovich en Febrero de 2014. Finalmente, trascendió a un enfrentamiento global que involucra a Rusia y las potencias occidentales en la actualidad.

Ucrania no ha logrado resolver su problema de identidad, en el que se fundamenta la revuelta que vive hoy. Con un aparato gubernamental débil, la brecha económica es tan notoria que, en 2010 únicamente, 50 personas controlaban la mitad del PIB según Andrew Wilson en su libro Pathways to Freedom (2013).

Las elecciones de 2004 que llevaron a Yanukovich a la presidencia, desembocaron en  la llamada “Revolución Naranja”, por el resultado de dichos comicios en los que se denunciaba el fraude electoral. Esta revolución tiene en el trasfondo la profunda división entre los ucranianos pro-occidentales y  pro-Rusia. YuliaTymoshenko, una de las más notorias reformistas de la Revolución Naranja, fue llevada a prisión acusada de abuso del poder. Por otro lado, Yanukovich continuaba en negociaciones con la Unión Europea sobre un acuerdo de asociación comercial, el cual señalaba que se firmaría a finales de 2013; en el que además, la liberación de Tymoshenko fue una de las condiciones que la UE solicitó para su firma. Las presiones de Rusia hicieron que los planes entre Ucrania y la UE se cayeran el 20 de Noviembre de 2013, aludiendo preocupaciones por el daño a la industria ucraniana que causaría la competencia europea. Tal decisión motivó las manifestaciones en Kiev conocidas como Euromaiden, la protesta más sangrienta en la era post-soviética, por manifestantes que no estaban de acuerdo con el acercamiento con Europa y hablaron de la corrupción del gobierno, lo que desembocó en la salida del poder de Yanukovich. Esto sembró la división entre la mitad oriental (pro-Rusia) y occidental (pro-UE) del país. Se conformó un gobierno de transición hasta las nuevas elecciones, que tendrán lugar el 25 de Mayo de 2014.

Consecuencias para Ucrania  y el Futuro del Orden Mundial

El Center for Strategic & International Studies (CSIS), publicó que se alcanzó a temer que el conflicto mutara en una guerra civil, en la cual su presidente Yanukovich había perdido el control de su país y pareciera a punto de permitir a los militares involucrarse en la guerra. Pero la tensión disminuyó cuando Yanukovich firmó un acuerdo con los líderes de la oposición, quienes saben que lo que está en juego es su futuro político con Occidente, además de estar dispuestos a luchar por este ideal al punto de desintegrar su país. En este punto, la UE se ha resistido a imponer sanciones y ha estado en contra de una mediación internacional que ayude a salir del conflicto. Varios Ministros de Exteriores de Polonia, Alemania y Francia visitaron Kiev, dejando ver el apoyo diplomático.

Si bien el proceso de transición política comienza a tomar fuerza, debe haber una acción concertada con la UE, sobre todo si el marco de las elecciones anticipadas parece demasiado lejos. Por el lado económico, entes como el FMI, la UE y EE.UU. deben propender por subsidiar las condiciones económicas durante el período de desestabilización y aliviar las posibles represalias que pueda tomar Rusia contra Kiev. El magnetismo de Occidente ya no es suficiente como política internacional, al punto de pensar que la actuación de la UE ha sido lenta y difícil, con respecto a sus vecinos de Oriente. La OTAN y la UE comparten fronteras con Ucrania y sus vecinos orientales, lo que sugiere la participación de EE.UU. en el conflicto, apoyo histórico de este para con Europa, la región de Crimea fue muy pobremente tratada en las relaciones EE.UU-Rusia. Con base a lo anterior, el autor del CSIS Heather A. Conley concluye que no puede ser un tablero de ajedrez al estilo de la Guerra Fría, aunque se ha tendido a ver esta región como tal paradigma, por ser Ucrania una república que pertenecía a la antigua URSS y por lo tanto se hablaría de una “esfera de influencia” en su territorio.Crimea

Por otro lado, Stewart M. Patrick del Council on Foreign Relations (CFR) cita la declaración del Secretario de Relaciones Exteriores británico, quien tildó “la crisis [como] la más grande del S. XXI en Europa”; pudiendo haber ido más lejos, dado que la intervención rusa repercutiría más allá del continente, pues desafía el orden mundial establecido, al poner a prueba varias normas fundamentales de la política mundial: el principio pre-existente de la soberanía y la no intervención, considerado en este caso por debajo del principio de las nacionalidades. La movilización de tropas rusas en el territorio de Crimea constituye una violación flagrante de la soberanía, y las disposiciones de la no intervención, de acuerdo al Art.2.7 de la carta de las Naciones Unidas; ya que la península ha sido parte del territorio de Ucrania desde 1954, en el período de Nikita Khrushchev. EE.UU. está de acuerdo con que dichas disposiciones han sido violadas, más allá de infringir las fronteras, el monopolio del uso legítimo de la fuerza, aspectos mencionados por el Secretario de Estado John Kerry, comparándolo como el acto de violación de la soberanía en 1990 de Saddam Hussein a Kuwait. Además de hacer énfasis en la invasión rusa a Georgia en 2008, con promesas incumplidas sobre el retiro de tropas de ese territorio cuando se manifestaron las voluntades separatistas. Dicha invasión, menciona el autor, no se puede ver de manera aislada ya que se sugiere que tiene una condición más amplia de una posguerra fría, por la consolidación de parte de Rusia en su extranjero más cercano, siguiendo la línea de pensamiento de Putin al referirse a la disolución de la URSS como la mayor catástrofe geopolítica del S.XX. En consecuencia, la Unión Euroasiática, un espacio de vocacióneconómica formado por Bielorrusia, Rusia y Kazajistán; e interpretado como un intento de “unión” que rivalizaría con la UE; además de la venta de gas natural a países vecinos “amistosos y aliados” de Rusia, conforme con la normatividad internacional, pero dispuesto también a usar la fuerza como sucedió en Georgia.

Una guerra justa?

En la misma línea de la retórica de “esferas de influencia”, que no son nada nuevas, Rusia justifica la incautación de Crimea como medida no solo para proteger a sus nacionales rusos, sino a sus “compatriotas”, es decir, nacionales de Ucrania ruso parlantes. Con esto, Moscú reafirma su derechoa proteger la diáspora rusa en los países vecinos, incluyendo ese 58% de rusos en Crimea. Apuntando así a que el principio de soberanía del Estado se encuentra entonces subordinado al principio de las nacionalidades: son las minorías rusas que están contenidas en todas las exrepúblicas soviéticas, hecho que ha motivado a los nacionalistas rusos a tomar el asunto por sus propias manos en el caso de Crimea, amenazando con una sangrienta guerra civil.

De nuevo, se pone de manifiesto la limitación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU), por su parálisis en el manejo de la situación en Crimea ya que el veto ruso frente a una posible intervención de la OTAN no se hizo esperar.  Es un CSNU incapaz de aprobar ahora mismo una resolución que tenga un impacto real sobre la toma de Crimea. Se ha contemplado otra institución: la Organización para la Seguridad & Cooperación en Europa (OSCE), que ha mostrado jugar un rol valioso en la resolución de conflictos de Eurasia. Así las cosas, Rusia tendrá que tener un frente sólido, mientras que la presión de EE.UU. a sus socios del G7 puede concluirse con su expulsión del G8, un acto simbólico y significativo, en el que EE.UU. puede demostrar o no su liderazgo entre sus aliados en la OTAN. Organización que no tiene por cierto “obligación” de intervenir en Ucrania (país que no hace parte del grupo), pero sí la de evitar acciones provocativas por parte de Rusia, con patrullas navales cerca de Crimea o aún en fronteras con Rusia. Así como también la OTAN debe garantizar los subsidios de apoyo, como recursos militares a países de Europa del Este, incluidos los Países Bálticos, actos que no contrarrestan la conducta rusa, pero que sí muestran un Occidente unido.

Recomendados:

Center for Strategic and International Studies – The “Consequences” for Ukraine and the Transatlantic Partnership

Council on Foreign Relations – Ukraine in crisis

The Internationalist – At Stake in Ukraine: The Future of World Order 

Reuters – INSIGHT – in Ukraine, nationalists gain influence – and scrutiny


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