“El arte no está hecho para otra cosa que para mover la insensibilidad humana…”

Por Gabriela Moreno Rúa

20 de noviembre de 2017

Imagen: Gabriela Moreno Rúa

“Si, cómo no, eso de que el mundo está hecho de átomos, sí sí, el mundo no está hecho de átomos, el mundo está hecho de historias, porque son las historias las que uno cuenta o las que uno escucha, que uno recrea, que uno multiplica, son las historias las que permiten convertir el pasado en presente y las que también permiten convertir lo distante en cercano, lo que está lejano en algo próximo y posible” Eduardo Galeano.

Pero, ¿cómo se teje una historia que ha dejado una sociedad resquebrajada y un sin fin de víctimas? ¿Cómo se teje entonces la paz en Colombia? ¿Es posible que aquello del pasado que se sigue reflejando en el presente, nos permita seguir adelante? ¿Hay iniciativas de la sociedad civil para ello? Sabemos que el conflicto colombiano tiene una vigencia de más de 50 años, una vigencia lo suficientemente prolongada para poner en enfrentamiento al Gobierno con diversos grupos al margen de la ley, alzados en armas o simples civiles. El porqué del conflicto no es fácil de definir.  Se remonta a la inconformidad de un grupo de campesinos con el gobierno bipartidista de turno. Pero hoy en día la idea misma de lucha se ha tergiversado tanto, que el conflicto es la causa de un choque de intereses. La necesidad de controlar el territorio, la necesidad de tomar posesión de recursos naturales para financiar la causa armamentista, y el narcotráfico han desbordado hasta tal punto en donde hay masacres, secuestros, extorsiones y violaciones.

Y entre todas estas, nos preguntamos qué pasa con la sociedad civil, qué ha hecho y qué ha dejado de hacer para ayudar a la reconstrucción del tejido social, que cada vez se deteriora más. Dentro de esta cuestión no cabe duda que la sociedad civil se manifiesta de diferentes maneras, y entre la que nos interesa destacamos al arte, “el arte como expresión de los más profundos sentimientos por el camino más sencillo”,  decía alguna vez Einstein. El arte que hoy en día se posiciona como uno de los recursos más valiosos y significativos que tenemos entre manos para darle voz a la memoria del conflicto y generar consciencia y empatía con las víctimas.

Entrevista con Nohora González, continuación

G.M.R.: ¿Por qué cree usted que es tan difícil sensibilizar a los colombianos? ¿Es el miedo, es falta de interés, porque es tan difícil llegarles a los colombianos?

N.G.: primero porque yo siento que hay muchísimos intereses económicos para que la situación no cambie. Hay muchísimas personas que le siguen apostando a la guerra porque económicamente eso significa grandes dividendos y los medios de comunicación en este sentido vienen usando desde hace mucho tiempo esa filosofía del miedo en el que cualquier cambio signifique un riesgo.

Eso digamos lo hemos visto últimamente en las maneras como se han venido divulgando los cambios que se quieren con un proceso de paz. Lo que se ha venido haciendo es a partir de la mentira tratar de que la población se atemorice y no quiera precisamente entrar como en otra faceta.  Por eso nuestras creaciones artísticas lo que le apuntan es a mostrar los horrores de la guerra los desastres y mirar cómo poder hacer algo precisamente para ayudar a generar un cambio en la medida en que nosotros también miremos los horrores como nuestros.

Que de una u otra manera cambiemos para buscar una manera mucho más amable o armónica o solidaria, para que podamos vivir en una sociedad más igualitaria y no con unas diferencias tan abismales. Y uno que está metido en un trabajo artístico pues no puede ser inmune a eso que uno lee, ve y le cuentan.

G.M.R.: ¿Acá en el teatro personalmente ha tenido experiencias con poblaciones directamente afectadas por el conflicto?

N.G.: pues cuando nosotros vamos abordar un trabajo artístico lo primero que hacemos es una gran investigación sobre el tema y eso por supuesto nos han puesto en contacto con muchas personas. Tuvimos, por ejemplo, unos contactos muy cercanos con las madres de Soacha y hemos trabajado con ellas desde la Corporación Colombiana de Teatro e hicimos trabajos sociales especialmente con ellas, porque en ellas también logramos comenzar a conocer unas historias terribles precisamente de los horrores de la guerra, digamos eso de los falsos positivos es algo que uno no se imagina que una sociedad pueda generar. Es decir, que puedan y sean capaces de matar a un muchacho como un botín de guerra. Entonces pues cuando uno escuchaba las historias de las madres de Soacha y la manera en cómo empiezan a buscar a sus hijos, cuando empiezan a encontrarlos, cuando comienzan a buscar sus cuerpos y cuando les dan sus cuerpos y después descubren que no eran sus cuerpos, sino que la mitad era de otra persona, es tan difícil y tan obvio cerrar ese duelo. Es sin duda para nosotros una sociedad que tiene que sanar como sea.

G.M.R.: Nohora y en cuanto al perfil de personas que entran a las obras, ¿con qué tipo de público se encuentran?

N.G.: en la Candelaria siempre desde su nacimiento hace ya 51 años de funcionamiento ininterrumpido siempre le ha apostado a todo tipo de población sí. Y de una manera muy alegre hemos ido notando que se acerca mucho la gente joven, muchísimo y eso es muy lindo porque de alguna manera permite ver la posibilidad de que otras generaciones se acerquen y puedan reflexionar sobre lo que está pasando.

G.M.R.: ¿Qué tanto público entra a estas obras y si esto depende de la temática de la misma?

N.G.: bueno primero precisamente porque la Candelaria no es un teatro comercial, a nosotros no nos interesa temáticas en las que simplemente la gente se ría y se divierta y se salga. Eso ya indudablemente le apunta el tipo de gente o el tipo de público al que la Candelaria le apunta y a la que nos ha acompañado a lo largo de los años. La sala por lo general siempre está casi llena y precisamente porque sabe que la Candelaria a lo que le está apuntando es a un tipo de teatro en el que hay mayor profundidad en su contenido. Allí,   el público se ríe, sí claro, pero también se sale pensando, con una inquietud en el alma.

Yo creo que a eso le apostamos. ¿Si uno sale como si no hubiera pasado nada entonces pues qué sentido tiene no?, y nosotros por eso le apuntamos a que nuestros trabajos algo generen en el público. Entonces obviamente la gente ya conoce la trayectoria de la Candelaria y sabe que aquí va encontrar unos trabajos que le apuntan a lo que está pasando en nuestro país.

No una banalidad porque esto que está pasando en este país es lo que está pasando en muchos países de Latinoamérica. Para mí la derecha y su pensamiento es retrógrado. Vuelve aparecer la homofobia, la exclusión y es ahí cuando uno dice, ¡pero por Dios pensamos que esto ya se está superando y no! estamos como los cangrejos, para atrás desafortunadamente.

G.M.R.: Piensa usted que el gobierno apoya a los teatros independientes y sus iniciativas de paz?

N.G.: pues de dientes para afuera sí, entonces siempre se habla de la importancia de la cultura; pero ya cuando uno comienza a ver las políticas culturales, lo que está primando es un discurso de autogestión en el que se dice que el arte y los grupos tienen que ser auto sostenibles, pero pues para producir, para crear, para promover una propuesta artística se requiere mucho tiempo y esto no es haciendo salchichas ni empanadas. Esto requiere investigación y esa investigación requiere tiempo y también recursos económicos, entonces pues las políticas culturales están promoviendo unos trabajos que sean muchísimo más comerciales o digamos que sean de mucha más rápida salida.

G.M.R.: ¿Han tenido problemas con la alcaldía en el desarrollo alguna obra o de algún proyecto?

N.G.: no, nosotros como grupo independiente eso nos da la libertad de que nuestras producciones planteen lo que nosotros consideramos y no tengamos problemas.

G.M.R.: ¿Tienen algún proyecto en mente?

N.G.: Nosotros estamos trabajando en un nuevo proyecto. Estamos en el proceso creativo y pues los procesos creativos de la Candelaria son largos y estamos apuntándole como algunas temáticas que están ahí rondando en la cabeza y estamos trabajando ahí. No puedo adelantarme mucho pues porque estamos en todo en ese proceso creativo hasta ahora.

Pero lo que sí te puedo decir es que entonces la Candelaria empieza preguntarse de qué quiere hablar el público, pero también de qué necesita que hablemos el país. Y en esa línea pues hacemos mucho caso a nuestra intuición, a nuestra mirada del mundo y a partir de eso comenzamos a buscar como unos temas que nos llamen la atención. Después ya teniendo digamos un tema medianamente definido, comenzamos una investigación de mirar películas, libros o a buscar especialistas.  Conferencistas que sepan sobre el tema y nos alimenten para ya utilizarlo como imágenes en el escenario.

G.M.R.: ¿Qué tan dispuestas están las personas, digamos los especialistas, en ayudar en esta iniciativa?

N.G.: hay una colaboración absurda de las personas y cuando estamos haciendo la investigación de las obras, mejor dicho, el abanico es súper amplio porque tenemos que conocer mucho del tema y conocerlo pues desde diferentes miradas. Desde el empírico hasta la persona más académica o desde el político está el líder social.

G.M.R.: Bueno ya para acabar quiero saber ¿qué piensa usted personalmente sobre el proceso de paz y la situación en Colombia?, ¿hablar de esto le genera algún tipo de sentimiento?

N.G.: Pues son como sensaciones encontradas. Por un lado, una profunda alegría por haber llegado a los acuerdos de paz, pero también una profunda tristeza de mirar como una gran parte de la sociedad  no le quiso apuntar eso, al proceso y que lo que se quiere preservar es como el odio y la venganza, así como los resentimientos.  O sea, ¿cómo una sociedad puede comenzar a sanar si está en medio de todo eso? Entonces a uno le da mucha tristeza ver que está en un país como tan enfermo y que le apuesta a la guerra.

De la entrevista con Nohora integrante del colectivo de la Candelaria, pudimos ver que hay un absoluto interés por parte de este grupo de actores, que busca desde su arte y desde su mirada de la realidad, generar un cambio por ínfimo que sea. Bien como ella lo dijo, el objetivo no es ir y reírse solamente en la obra, pasarla bien y luego salir con un tipo de amnesia. El punto está en dejar al público intranquilo.

El día de la obra me di cuenta además que los artistas juegan con el tiempo,  con el vestuario y con la tecnología (sin perder la escancia misma de la obra), para tocar el tema del conflicto. El tema parece interesarles fuertemente, y por eso Soma, es “también un viaje. Un viaje real entre espacios diferentes que han sido diseñados para, desde diversos estímulos, provocar asociaciones que se dirigen a un solo lugar: la memoria, el lugar del no olvido” (Pineda, 2013, p. 90). Entonces respondiendo a la pregunta de que, si el arte ayuda a reconstruir el tejido social de una sociedad resquebrajada por la guerra, la respuesta es un rotundo sí. No hizo falta tener que ir a más de una obra que hable de lo que la guerra representa en el cuerpo de las personas, para salir de ahí melancólico, triste y pensativo. Continúa

Lea la tercera parte de “El arte no está hecho para otra cosa que para mover la insensibilidad humana…”


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