Opinión


La  marcha del cinismo

Manuela Rada

Jueves 6 de Abril de 2017

El primero de abril fue la fecha destinada para la gran marcha que promovieron el senador Álvaro Uribe Vélez, cabeza del partido Centro Democrático, y el ex procurador Alejandro Ordóñez. Esta protesta se programó en diferentes ciudades del país, tales como, Armenia, Villavicencio, Neiva, Bogotá, Cali, Cúcuta, Valledupar, Cartagena y Pereira. Además, según sus promotores, el fundamento de la marcha se focalizó en la defensa de la democracia y la anticorrupción.


Mi experiencia en una marcha uribista

Felipe Arrieta Betancourt

Domingo 2 de Abril de 2017

En la mañana del sábado 1ro de abril, el uribismo junto a otros sectores políticos y religiosos, realizaron una marcha con vocación nacional, en contra de la corrupción y del gobierno de Juan Manuel Santos. Allí estuve muy puntual para encontrarme con una multitud furiosa e indignada por la corrupción; tal era su convicción que, a decir verdad, si no conociera su pasado, o si tuviera principios de alzhéimer, les hubiera creído.


“Ser pilo paga”, ¡pero cuándo!

Manuela Rada

Jueves 30 de Marzo de 2017

Ser pilo paga es el programa de educación abanderado por el gobierno, su objetivo consiste en modificar una problemática palpable en el diario vivir, esta es, el acceso a la educación superior de la mayoría de los jóvenes. Para ello, el gobierno genera incentivos a estudiantes de escasos recursos y con excelencia académica a través de créditos condonables que cubren la totalidad de la matrícula en la institución de educación superior que escoja el estudiante, además de brindar un apoyo de sostenimiento para el semestre de estudios. Sin embargo, el programa ha venido presentando inconvenientes frente a los subsidios de mantenimiento que son dados a los estudiantes beneficiarios, perjudicando de esta manera, su manutención e incluso los créditos educativos en las universidades de estos mismos.


El olvidado (pero omnipresente) poder de la palabra

Enrique Vega

Martes 14 de Marzo de 2017

Decir que las palabras tienen poder es una afirmación que raya en el cliché. No en vano a Dios se le llama “el Verbo eterno”. En religiones como la judía, la sola mención de su nombre está prohibida, pues la mera pronunciación es considerada una blasfemia. Hoy en día “abracadabra” es una palabra reservada para Harry Potter, conejos salidos de sombreros y burlas sobre lo aparentemente fantástico de una situación, pero en el siglo XVI, su sola mención en una reunión de señoras hubiera bastado para que varias de ellas hubieran terminado en la hoguera, cortesía del Malleus maleficarum, el cura del pueblo y una que otra calumniadora con oscuros intereses. Cuando se trata de palabras, se acierta (o se peca) por exceso o por defecto. Luis XIV, “El Rey Sol”, solía escuchar a sus ministros y consejeros y ante la impertinente pregunta sobre cuál era su opinión, el reino entero e incluso los reinos rivales entraban en suspenso al escucharlo responder “ya veré”.  Habían pasado cuatro días de la muerte del venerado (y odiado) líder cubano Fidel Castro. Mientras en las calles de Miami (EEUU) algunas familias de exiliados continuaban con los festejos por la muerte del que por muchos fue considerado un tirano, en la Habana (Cuba) miles de personas lamentaban la muerte de quien llevó la revolución cubana al poder y le plantó cara al imperialismo norteamericano.