Blog de la facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales

19 de octubre de 2018

Sobre fines, medios y desarrollo

Por: Sebastián Sanabria

El desarrollo se pinta como el fin último de cualquier nación, conseguir una estabilidad económica y política acompañada de una sociedad próspera que disminuya las injusticias y tenga como principio rector el buen vivir de sus ciudadanos, es la meta a la que aspiran llegar los países en vías de desarrollo, claro está, con ayuda de las naciones que gozan el privilegio de ser desarrollados. Empero, no es un secreto para los economistas, politólogos y demás conocidos del tema, que las cosas no están funcionando como en un principio fueron planteadas. Crisis económicas más prolongadas y profundas acompañadas desigualdades sociales y el desprestigio del sector público en general, parecen desacelerar el progreso y más importante aún, frenan el desarrollo.

Las jerarquías de la sociedad económica internacional (potencias económicas), encarnada en dos de las organizaciones más importantes de la historia, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, marcan la línea de cómo manejar la agenda del desarrollo, es decir, salud, educación, trabajo, alimentación, inversión, privatización, entre muchos otros rubros de los cuales un Estado es administrador. Así entonces, estas organizaciones incurren en reproducir el evidente sesgo de entreverar desarrollo y crecimiento económico además de replicar una fórmula en muchas naciones, sin importar sus propias dinámicas internas de carácter político o social. Este planteamiento ha dejado resultados cuestionables en los países en vías de desarrollo, y, en algunos casos, ha empeorando su situación inicial.

Entonces, ¿El problema es la politización de las entidades encargadas de promover y coordinar el desarrollo? En parte la respuesta a esta pregunta es si, sin embargo, hay otro inconveniente. El problema fundamental de la agenda para el desarrollo es el mismísimo principio de que para lograr esta, es necesario el crecimiento económico, por lo que, para una nación del tercer mundo, el crecimiento debe ser el primer paso, pero ¿Qué sucede cuando las teorías de crecimiento económico son contrarias al desarrollo? o peor aún, ¿Qué sucede cuando el crecimiento económico no busca el bien común, el desarrollo? Lo cierto es que el segundo caso es lo que sucede hoy en día.

Las teorías capitalistas y neoliberales dominantes de la agenda de crecimiento realmente no buscan el bien común, como lo afirman Krugman y Stiglitz en cuanto al gobierno de las potencias en el sistema económico globalizado, actuando en pro de sus intereses. De cualquier modo, aunque está agenda si buscará el bien común, no llena las expectativas ni de los teóricos, ni de los distintos gobiernos del tercer mundo. Así entonces, es necesario (y debe ser un objetivo) replantear el concepto de desarrollo y, más importante aún, los medios para llegar a él.

Los medios

Para lograr un desarrollo es necesario tener los recursos destinados para invertir en la sociedad civil, y, en segunda medida, que el desarrollo sea sostenible; poca funcionalidad tiene un sistema de desarrollo que no sea autosustentable. Introducirse al mercado y generar riqueza con el comercio parece lo más efectivo, sin embargo, la inequidad del comercio internacional y los extremos casos de neocolonialismo sumados a la falta de voluntad política de los gobiernos, en cuanto a inversión interna, resultan en que los intentos de participar en el mercado, dada la situación actual, sean fútiles para un país del tercer mundo.

Una salida a esta situación sería la cooperación internacional entre iguales, proyectos como la Mercosur o la Alianza del Pacífico en América Latina son el camino correcto para crecer económicamente de una manera más eficiente y sustentable, fomentando el comercio regional fuera de los círculos de influencia de las potencias mundiales o de otra manera participar en conjunto garantizando un tratamiento equitativo.

Pero no todo puede estar en manos de la cooperación internacional. La voluntad política es tal vez la clave para cambiar los medios del desarrollo. La mayoría de los países en vías de desarrollo son  dependientes de sus materias primas, situación que no sólo atenta el equilibrio ambiental, sino que no es sustentable al largo plazo y que, en algunos casos, es aprovechada por el sector privado que puede a llegar a apropiarse de las funciones del sector público generando indeseables consecuencias. Entonces, será tarea de los gobiernos cambiar las dinámicas productivas, tecnificado estas actividades extractivas para hacerlas fructíferas, rentables y sostenibles además de movilizar los intereses de la nación hacia actividades distintas que diversifiquen la economía (como el turismo y los servicios).

Los fines

El desarrollo es el objetivo del crecimiento económico, al menos como ideal. Mientras el crecimiento se enfoca en un sin fin de estrategias económicas para conseguir recursos, el desarrollo busca el buen vivir de las personas, nivelar las injusticias y oportunidades, velar por las minorías y los grupos vulnerables a la vez que buscar el bien común de la sociedad de una manera integral.

Generalmente se le llama al desarrollo bien común, estabilidad o prosperidad, como en los primeros renglones de este artículo. Algo cercano a desarrollo podrían ser los Estados de bienestar, característicos de los países nórdicos o las distintas comunidades ecosostenibles, que han tenido cierta repercusión en los últimos años; sin embargo, es más profundo que eso, la visión de desarrollo, partiendo de una apreciación meramente personal, se ha quedado corta. Y he aquí que el desarrollo más que un fin, tal y como podría pensarse, es a su vez un medio.

El desarrollo como medio, busca la progresión, no sólo de una nación o un Estado, sino de la humanidad completa. El desarrollo más puro entonces es aquel que carece de ideología y política, que busca disminuir al máximo lo que divide a la sociedad, transformar valores morales básicos en valores éticos, teniendo como principio rector la cooperación. En pocas palabras, es un escenario utópico, en el que, reforzando al máximo la sociedad civil, ésta podrá prescindir del sector público y privado, gozando entonces de la máxima de las libertades. Pero de alcanzar ese estado ¿Hacia dónde se dirigirán los esfuerzos de la sociedad posterior al desarrollo?

Vendría siendo hora de plantear el objetivo del desarrollo, tener un norte