En el Externado o afuera, ser universitario es una gran responsabilidad

Por Nicolas Murillo

martes 24 de febrero de 2015

El mundo académico ha sido un foco bastante caliente durante las ultimas semanas. Desde que se inició el debate acerca de la adopción por parejas del mismo sexo en la Corte Constitucional, hasta la publicación del reportaje sobre las polémicas reacciones para con los estudiantes beneficiarios del programa “Ser pilo paga”, nuestra labor ha estado en el ojo del huracán. Estos acontecimientos también han sublevado una necesaria reflexión acerca de nuestras responsabilidades como universitarios, en particular en la Universidad Externado de Colombia.

Obviamente, ¿qué externadista no ha visto con orgullo a nuestro colega Mario Gallego salir en defensa de nuestros valores hace unos quince días? Probablemente la mayoría hemos apreciado de buena manera que la columna “En el Externado no discriminamos a las clases altas, ¡las guisificamos!” fuera retomada, compartida y mencionada en varios medios de alcance masivo como lo son El Tiempo o las2orillas. No, nosotros no fuimos mencionados por los que denunciaban el matoneo a estudiantes becarios sino que nos citaron por salir a defenderlos!

Adicionalmente, estoy seguro que todos sentimos orgullo al ver a nuestro rector oponerse a la postura de la Universidad de la Sabana respecto a la adopción por parejas del mismo sexo; este concepto absurdo, pintado de sesgos religiosos y que va en contra de todos los estudios científicos realizados en los últimos 20 años tanto en Colombia como a nivel internacional. Al igual que el ICBF, junto con otras universidades del país, nosotros tratamos de romper con la tradición conservadora y fundamentalista que no quiere evolucionar. La misma que nos quiere mantener en el oscurantismo característico de los fanatismos, que sean religiosos o de otra índole.

Como universidad desde su fundación en el 1886, es evidente que la vocación del Externado ha sido oponerse a lo establecido, a lo inamovible encarnado por los movimientos conservadores y religiosos de aquella época. Nos fundamos para marcar una diferencia y claramente el concepto de laicidad escogido favorece la tolerancia y la apertura. Que lo queramos o no, tenemos que coexistir todos juntos y escucharnos pese a nuestras diferencias, a veces profundas. De alguna forma tuvimos que aprender a convivir como debería hacerlo cualquier población en un territorio, con las miles de contradicciones y debates que supone la presencia de tantos matices sociales y políticos bajo un mismo techo.

Pero no seamos arrogantes y no caigamos en el error de creernos perfectos o ejemplares. Al igual que los demás tenemos nuestras fallas como seres humanos y como académicos. La existencia del programa “Oírte” devela que nosotros también experimentamos la exclusión y el matoneo por más “liberales” que nos consideremos. Ciertos comentarios que acompañan la columna de Mario en la red terminan de convencerme que aun podemos mejorar. Agregaría que la autocrítica es la madre de cualquier tipo de progreso y que, por lo tanto, debemos mantenerla con vida en nuestras mentes.

Por eso, al igual que otras instituciones educativas que no mencionaré porque la lista sería afortunadamente demasiado larga, debemos seguir apoyando el proceso de construcción de una sociedad más incluyente, más abierta intelectualmente y así participar en el fortalecimiento de la ciudadanía. Es nuestro deber como Universidad. Es nuestra responsabilidad social, nuestro compromiso ciudadano y sobre todo nuestra misión humana.

(continuará en el Libre Pensador)


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