El pilo paga… y ¿las universidades?

Por Mario Gallego

miércoles 4 de febrero de 2015

El programa de becas condonables del Gobierno Nacional “Ser pilo paga” tiene cuando menos una falla crítica: no les exige nada a cambio a las universidades que reciben a los estudiantes becados. Durante los últimos días se han escrito muchos artículos sobre las bondades del programa, sobre las experiencias conmovedoras de los beneficiarios y hasta de lo ¿sorprendente? que resulta que la mayoría de estos estudiantes haya escogido universidades privadas. Sin embargo, poco se ha hablado de los deberes que deberían acompañar a las universidades que han aceptado a los becarios de Ser pilo paga.

Es inconcebible que el Ministerio de Educación Nacional – MEN no haya exigido nada a las universidades a cambio de las matrículas de los becarios. Programas como “Quiero estudiar” de la Universidad de los Andes, subvenciona el 70% de la matrícula y el 30% restante se divide en un 20% condonable y un 10% que debe pagar el estudiante y que puede hacerlo a través de un crédito del ICETEX. (Avella, 2015)

La pregunta es: ¿si estas son las condiciones para las becas otorgadas por una institución privada, por qué no poner unas similares a las que otorga el Gobierno?

Actualmente las universidades reciben el 100% de las matrículas y el riesgo lo asumen totalmente los beneficiarios y los programas de apoyo quedan al libre albedrío de las universidades, al estilo de la mano invisible que regula el mercado pero que no funciona. Como diría Rodolfo Arango en su columna de opinión del 25 de enero en el Espectador: se trata de darles a los estudiantes un dulce envenenado, los estudiantes asumen el riesgo y las universidades lo capitalizan sin que les cueste prácticamente nada.

Esta situación es consecuencia de una desastrosa planeación por parte del Ministerio, las prioridades políticas predominan sobre lo técnico, la medida era populista y había que implementarla mal y de afán. Si el programa sigue como está planteado a la vuelta de pocos años tendremos unos ciudadanos endeudados pagando por créditos que no pueden capitalizar pero que no hubieran adquirido de no ser por la magnífica iniciativa gubernamental. Esta paradoja expone la necesidad apremiante de replantear los términos del programa y comenzar a buscar alternativas viables que impliquen un nivel de endeudamiento acorde con las posibilidades futuras de pago de los beneficiarios y en esto las universidades tienen que asumir sus responsabilidades.

En primer lugar, los beneficiarios no deberían pagar el 100% de la matrícula, con una reducción importante las universidades no obtienen beneficios pero tampoco pérdidas, si es que se trata de aportar a un programa social. Así mismo, las universidades deberían otorgar los subsidios de mantenimiento e implementar esquemas de descuento en los servicios que ofrecen para los beneficiarios del programa, no se entiende por qué si se es beneficiario de un programa orientado a estudiantes de escasos recursos, se les cobra a precios de mercado servicios como transporte y alimentación.

Obligaciones como estas servirían también para poner una barrera de entrada a las universidades que quieran acceder a los estudiantes becados y esto evitaría que acepten estudiantes por encima de sus posibilidades y que hagan negocio con esto, como lo sugiere la situación de alguna universidad que duplicó su ingreso a primer semestre a punta de becas.

Lo importante aquí es que todos contribuyamos y que las condiciones en las que se endeuden los beneficiarios del programa estén acorde a sus posibilidades de pago en caso de incumplimiento y por ser un programa del gobierno hay una gran responsabilidad del Ministerio pero una ineludible de las universidades para que esto sea así.

Recomendado:

El Espectador – Avella B., E. Ser Pilo Paga, un gran Experimento (24 de enero de 2015)


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