Michelle Bachelet: política del siglo XXI y autoridad femenina

Por Leidy Cáceres

27 de octubre de 2014
Imagen: Michelle Bachelet - Flickr: Proclamación de Michelle Bachelet en el Teatro Caupolicán

Michelle Bachelet llegó al poder en el 2005, momento a partir del cual ejercería la presidencia con justicia social, equidad de género, lucha contra la discriminación y la desigualdad. Chile, que había sido el triste heredero de una de las dictaduras militares más poderosas de Latinoamérica, comienza entonces una nueva era de evolución respecto a las políticas públicas guiadas hacia la protección de los derechos sociales y políticos, dentro del marco de la Constitución y la acción colectiva, como mecanismos de solución de conflictos y gobernabilidad. ¿Cómo gobernó Michelle Bachelet con tan altos niveles de cohesión social y democracia?

La actual mandataria de Chile ha sido la primera presidenta pro tempore de UNASUR y es la encargada de ONU Mujeres, una agencia de las Naciones Unidas para la igualdad de género. Asimismo, Bachelet se desempeñó como ministra de salud durante el gobierno de Ricardo Lagos en el 2000 y ministra de defensa en el 2002. Este último cargo, la catapultó como candidata presidencial de la Concertación de Partidos por las democracias. Para muchos, su participación en la administración política ha justificado “sus cifras de popularidad gracias a la evaluación positiva que los chilenos hicieron respecto a su gestión, alcanzando índices históricos que ningún Jefe de Estado en el país haya tenido al momento de dejar el cargo, finalizando con un 84,1% de aprobación” (Diario Rotativo, 2014).

En efecto, la adhesión popular fue un elemento fundamental en los procesos socio-políticos y culturales que favorecieron su administración. La coalición de gobierno generó un compromiso de los partidos tradicionales con su política, así como agotó a los opositores de su política exterior: “la alianza de partidos de centro y centro-izquierda y su agenda centrada en la recuperación y consolidación de la institucionalidad democrática, la vigencia de los derechos humanos, la reducción de la pobreza y las desigualdades, y la reinserción del país en la comunidad internacional” (Valdés, 2010).

 El Transantiago o la fuente de legitimidad carismática de la presidenta.

La administración de Bachelet se caracterizó por un alto grado de legitimidad carismática, basada en una gerencia pública eficaz que permitió organizar a las instituciones estatales y planear políticas públicas bastante populares, como aquella del transporte público en la capital Santiago. Resulta interesante observar como esta política generó un auténtico sentimiento de gratitud hacia la presidenta, por parte de amplios sectores políticos y sociales. En efecto, se creó confianza entre los ciudadanos y se sustentó el principio del bien común; lo cual fortaleció aún más la gobernabilidad.

El Transantiago, proyecto basado en una planificación concienzuda del sistema a partir de las necesidades en transporte de la población, solucionó una buena parte de los problemas en movilidad de la ciudad, en cuanto a vías, comercialización y transporte público. Gracias a su fuerte legitimidad, la presidente logró controlar las decisiones políticas que confrontaban al anterior sistema de transporte con el nuevo y tener en cuenta los intereses de los actores sociales y colectivos en el proceso de toma de decisión. En particular, los riesgos de corrupción fueron controlados y así se logro promulgar el desarrollo de la capital en movilidad.

Sin embargo, la presidenta tuvo problemas con el sistema de transporte en 2007 a causa de la congestión del tráfico y la poca efectividad que tuvo el sistema ese año. En este periodo, la mandataria empieza a ser criticada por exministros como Camilo Escalona y Javier Etcheberry, hasta por el expresidente Ricardo Lagos, que la designaron afirmando que: “Hay un conjunto de personas que hicieron cálculos equivocados, nuestra tecnocracia mostró que no sabe todo y que comete errores” (LA TERCERA, 2007).

Pese a lo anterior, la presidenta pide disculpas a los chilenos por el mal servicio y empieza una gestión técnica para hallar errores en la formulación e implementación del sistema. En medio de la polémica, Bachelet se estableció como una mediadora, en la medida en que suscitó el debate entre el gobierno con la oposición para analizar las propuestas referentes al tema. Bachelet declaró: “Heredamos un Presupuesto que no estuvo pensado para actuar frente a la desaceleración, aunque el diagnóstico ya existía” (Cooperativa.cl, 2014).

El éxito de la política de igualdad de género.

Por otro lado, las capacidades gerenciales de Bachelet se materializan en el importante papel que jugó en la concertación del papel de las mujeres en la sociedad y las políticas de igualdad que promovió. A partir de su célebre consigna: “Democracia en el país y en la casa”, Bachelet institucionalizó la equidad de género en Chile.

Al respecto, su agenda política programó una serie de propuestas relacionadas con la igualdad de la mujer, tanto dentro de los organismos públicos como de los privados. Se cuentan dos programas de acción, que fueron instrumentos claves para generar mayor igualdad de género: el Sistema de Equidad de Género; y el Programa de Mejoramiento de la Gestión Pública.

Lejos de considerarse una “feminista” consumada, su experiencia política durante el período presidencial de Lagos, ya le había permitido enfrentarse a este tema e impulsar la realización de una reforma política que insistía en un cambio cultural del papel de la mujer en la sociedad. Indicó, además, que la igualdad hace parte del motor productivo de un país y que la posibilidad de igualar las condiciones de vida de los hombres y las mujeres, es un gran paso para avanzar en la protección de los Derechos Humanos, otro pilar de su gobierno.

Pero también, en clara muestra de una completa independencia intelecual e ideológica, toma distancia de las élites tradicionales del poder, cuando afirma que: “Yo no fui criada para el poder ni nunca hice nada para obtenerlo. No pertenezco a la élite tradicional. Mi apellido no es de los apellidos fundadores de Chile. Me eduqué en un liceo público y en la Universidad de Chile” (Thomas, 2011). De este modo, Bachelet logra organizar la política electoral de manera democrática, rompiendo con las tradiciones oligárquicas y permitiendo una mejor participación de la mujer en política.

Finalmente, podemos afirmar que la particularidad de la política que encarna Michelle Bachelet radica en su capacidad de vincular a la mayoría de los sectores de la población en las instituciones gubernamentales y los procesos de toma de decisión; planteando nuevas formas de gestión pública. Sus indiscutibles capacidades gerenciales, encaminaron el país en la denominada ruta del crecimiento chileno y prepararon su segundo mandato. ¿Consolidará Chile su posición de líder latinoamericano gracias a esta mujer?

 

Bibliografía

Diario Rotativo – Michelle Bachelet e Isabel Allende: más allá de lo simbólico.

La Tercera – Lagos, Bachelet y Piñera: Las críticas de los ex Mandatarios a sus sucesores.

Cooperativa.cl – Michelle Bachelet: Heredamos un Presupuesto no pensado en la desaceleración. 


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