Las corridas de toros: límite entre cultura y maltrato

Por Tatiana Silva

1 de marzo de 2015
Imagen: Michelangelo-36

Las corridas de toros son una de las tradiciones españolas más antiguas del mundo, así como las más polémicas. Esta fiesta no se daría si no existiera el toro bravo. Como bien es sabido, la llamada corrida de toros se trata de un evento dividido en tres tiempos: varas, banderillas y muerte; tiene una duración aproximada de 20 minutos, el espectáculo se inicia con el toque del clarín. Desde que el alcalde Gustavo Petro suspendió en el año 2012 en Bogotá este acto en la Plaza de Toros de La Santamaría, se generó un debate entre partidarios y no partidarios; es decir, los que apoyan esta intervención y los que se niegan a aceptarla. Dentro de las posiciones que surgieron se encuentran los que argumentan que la tauromaquia es un arte que viene de tradición española y hace parte de la idiosincrasia nacional y aquellos que lo consideran como un acto público de maltrato animal.

Petro: “no a los toros”

Esta tradición española, es un espectáculo dividido en tres tiempos a saber: en el primer tercio, las varas, el matador torea con el capote y el toro recibe una serie de puyazos en el morrillo (zona abultada entre la nuca y el lomo del toro) por parte del picador. El objetivo de estos puyazos es medir la bravura del toro y su disposición a la embestida, además de dosificar la fuerza del toro para facilitar la posterior labor del matador. En el segundo tercio, banderillas, los banderilleros clavan en el lomo del toro rehiletes para adornarlo después con las varas. Y por último, la muerte, donde, como su nombre lo dice, se le da fin a la vida del animal.

 Teniendo en cuenta esto, en junio del 2012 el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro dio por terminado el contrato entre el Gobierno Distrital y la Corporación Taurina, donde especificaba el uso de la Plaza de La Santamaría para realizar las corridas de toros, argumentando que se trataba de maltrato animal. Frente a esto, la Corporación Taurina de Bogotá reaccionó interponiendo una demanda contra el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) alegando a la protección  al debido proceso (toda persona tiene derecho a ciertas garantías, para asegurar un resultado justo y equitativo) y la libertad de expresión artística. Era de esperarse que la Corte Constitucional se pronunciara al respecto, teniendo en cuenta que, en este caso, se entraban a defender dos derechos fundamentales: la libre expresión cultural y el debido proceso.

Para presentar un fallo que tenga en cuenta los dos derechos vulnerados, el alto tribunal acoge dos sentencias. Una es la C-666 de 2010, en el cual señala que las corridas sólo pueden hacerse en lugares donde sea una tradición regular en pro de defender el derecho a la libre expresión artística. La segunda, es la C-889 de 2012, que declaró exequible la Ley 916 de 2004 (en la que  se establece el Reglamento Nacional Taurino), asimismo menciona que los alcaldes y los concejos municipales no pueden suspender las corridas en municipios donde exista tradición. Apoyándose en estas, la Corte falló a favor del regreso de la denominada fiesta brava a la capital.

Un grupo de lidiadores permanecieron en huelga de hambre durante el mes de agosto de 2014 en las afueras de la Plaza de Toros antes de la decisión de la Corte. Andrés Manrique Rivera, uno de los novilleros, manifestó su posición al respecto celebrando el fallo a favor de las corridas que pronunció la Corte el 2 de septiembre. Antonio Caballero, columnista de la revista Semana, también pronunció su posición explicando que los toros usados para este tipo de eventos, los toros de lidia, tienen una vida de lujos, en la cual cuatro años se les mantiene en libre albedrío y sufren el final más digno que se puede tener: falleciendo en la lucha. No tiene que ver con la ejecución infame e indefensa a las cuales se someten varios animales, como los pollos, cerdos, e incluso los perros.

Animanaturalis, en el otro lado de la moneda

Por otro lado, organizaciones defensoras de animales, promotoras de hábitos vegetarianos e incluso civiles han apoyado a Petro en suspender las corridas, y rechazan la decisión del alto tribunal que sólo tomó en cuenta a las minorías, pidiendo que se respete la vida de este animal. Andrea Padilla, vocera de la ONG internacional, Animanaturalis, comenta que este animal también siente, y que tiene todo el derecho a tener una vida digna y no tomarlo como objeto de entretención pública.

Con todo, la disputa que se generó alrededor de si se realizaba la fiesta brava o no, no cambia el hecho de que aún no se puede utilizar el espacio para este tipo de espectáculos. La razón de esto es que, según la directora del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC), María Eugenia Martínez, ya estaba estipulada la reconstrucción de la Plaza de Toros, la cual tardaría por lo menos un año y medio. Además, Antonio-José Lafarga, arquitecto español y experto en reforzamiento estructural, manifestó su preocupación al notar que la plaza estaba totalmente desatendida en sus 80 años de existencia.

Así pues, el tan esperado regreso de la fiesta brava se verá pospuesto hasta que concluyan las obras de restauración. Mientras tanto, este será el escenario para que el alcalde avance en su iniciativa de realizar una consulta popular.

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