Irlanda: La democracia por la Igualdad

Por Ana María Arango D

2 de junio de 2015
Imagen: Tablet eraser~commonswiki

120 años después de que Oscar Wilde fuera acusado y condenado a trabajos forzosos por ser homosexual, en su natal Irlanda, más de tres millones de ciudadanos votaron el referendo que legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo.  Los irlandeses decidieron que los homosexuales son tan libres e iguales como los heterosexuales y en ese sentido, convirtieron el 23 de mayo en una fecha histórica, en una verdadera revolución social e igualitaria.

Con esta decisión ciudadana, Irlanda se convierte en el primer país del mundo en aprobar, por referendo popular, el matrimonio entre parejas del mismo sexo.

El país más católico de Europa

La historia de lucha por la igualdad entre homosexuales y heterosexuales en Irlanda es relativamente corta. Solamente en 1993 la homosexualidad fue despenalizada, mientras en Colombia, un país también católico pero del tercer mundo, eso ocurrió en 1980, y fueron necesarios 7 años más para que fuera permitida la unión civil entre parejas del mismo sexo.

No es fácil identificar si es lo católico, lo que hace a Irlanda tan conservadora o si es lo conservadora lo que la hace tan católica, pero lo cierto es que más del 80% de los irlandeses profesan activamente el catolicismo y fue precisamente la iglesia católica la encargada de liderar la campaña por el “no” al referendo que permitió legalizar el matrimonio homosexual, en mayo de este año.

A pesar de los llamados al respeto a la homosexualidad que ha hecho el papa Francisco, la iglesia interpreta el matrimonio como la institución sagrada que fundamenta y estructura la familia. En tanto la familia es el núcleo central de la sociedad, quienes promulgaban el no al referendo, argumentaban que modificar la estructura básica de la familia, terminaría por modificar la sociedad misma. El matrimonio homosexual, según la visión de quienes promulgaron el “no”, atenta contra los valores de la familia y la sociedad, modificará eventualmente los procesos de adopción y de maternidad subrogada y todo ello atenta directamente contra los derechos de los niños.

La iglesia, apoyada por organizaciones ultraconservadoras y algunos movimientos antiabortistas, buscaron el apoyo de las bases católicas y de los indecisos que según las encuestas previas al referendo, podían marcar la diferencia.

¿Conservadores liberales?

Con la aprobación del referendo, las tendencias conservadoras parecen estar cediendo el paso a ideologías más liberales y modernas. De hecho, el voto joven fue definitivo, los tradicionalmente abstencionistas se movilizaron para avanzar hacia la igualdad (según datos oficiales más de 60 mil abstencionistas votaron por primera vez en su vida para este referendo) y muchos irlandeses radicados en el exterior viajaron a su país solamente para votar por el “sí”.

El impacto legal de la decisión tomada por Irlanda es claro: los matrimonios homosexuales son hoy equiparables a los heterosexuales y esa decisión hace ahora parte de la Constitución Nacional. Pero además de legal, la expresión del electorado irlandés es política. La sociedad reclama un estado de derecho en el cual todos los ciudadanos sean realmente iguales ante la ley sin importar el tipo de minoría al que pertenezcan. El voto en Irlanda no fue homosexual, fue de más de más de la mitad de los ciudadanos que decidieron que la igualdad debe cobijar a todos los irlandeses y que la libertad sexual es un derecho que no implica la renuncia de ningún otro.

El resultado también tiene implicaciones para la Iglesia Católica que hasta hace muy poco era una fuerza política decisiva en ese país. El referendo muestra que si bien la inmensa mayoría de los irlandeses sigue siendo católica, es una población moderna y con nuevas realidades que, como están las cosas, son distintas a los preceptos que hasta ahora ha defendido esa institución. De cara a esa realidad, el arzobispo de Dublín, Diarmuid Martin, reconoció la necesidad de dar los debates internos que sean necesarios para reinterpretar las nuevas ciudadanías y elaborar un discurso efectivo para ellas (no propone replantear los preceptos, sino el lenguaje).

Democracia e igualdad

Hasta hoy son 20 los países del mundo que aceptan el matrimonio entre parejas del mismo sexo (en América Latina solo Argentina y Uruguay hacen parte de ese grupo), pero en 78 Estados, ser homosexual sigue siendo un delito.

Paradójicamente mientras los mensajes que promueven la democracia sobre cualquier otra forma de gobierno analizan y condenan realidades, la discriminación subyace incluso en los Estados que se dicen más democráticos.

Mientras los derechos no sean los mismos para homosexuales, mujeres, negros, indígenas, gitanos, discapacitados, cristianos, islamistas, pobres, iletrados y todos los demás, el Estado de Derecho será solamente un artificio legal; y mientras la igualdad de todos ellos y todos nosotros siga siendo de papel, la democracia será simplemente imposible.

Las decisiones más controversiales, que suelen ser las más importantes, las realmente revolucionarias y por ello democráticas, deben estar, como en Irlanda, en manos de los ciudadanos, por que donde existe democracia hay igualdad.

Ahora bien, en otras sociedades aquellas profundamente desiguales ¿serán posibles resultados realmente democráticos?

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