Francisco, el pontífice de era de la información

Imagen: John Jalsevac

La aparición del Papa Francisco es el fenómeno más importante de los medios masivos de comunicación en el nuevo siglo. Jorge Mario Bergoglio va camino de ser uno de los comunicadores políticos más importantes de la historia reciente. Más que ideas nuevas o revolucionarias el principal pastor del mundo lo que ha impuesto es un estilo que se compone de un manejo eximio de las verdades a medias y de la creación de una imagen personal llevada al nivel de superestrella. Decir exactamente lo que el rebaño quiere oír, actuar como ellos lo quieren ver actuar; personificar sus ideales y a continuación condenar la idealización de su persona. Un fenómeno sin duda.

Paz y amor

En el primer gran documento de su pontificado, llamado “Evangelii Gaudium” hace una crítica muy fuerte al mercado libre y al capitalismo al considerar que “la sed de poder y posesiones” ha llevado al endiosamiento del mercado y al consecuente abandono de Dios y del catolicismo, arrastrando en esa vorágine, los recursos vitales para las nuevas generaciones y lo dice de una forma muy efectiva o efectista: “ Hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad”.

La afirmación ha sido hecha y el efecto conseguido, ahora manos a la obra ¿por dónde comenzar a romper la inequidad, la corrupta estructura en la que se fundamenta el capitalismo? Pues por las finanzas del Vaticano, encargar a una de las más importantes firmas de auditoría del mundo Ernst & Young del saneamiento del manejo de los dineros que fluyen a montón al rico tesoro papal, a través del IOR, o del Governatorato.

Con la misma vehemencia reclama un freno a la violencia en el mundo, tema fundamental para la iglesia y su conductor, aunque en un primer momento prefiera referirse al “corazón de la gente” y no a los oscuros intereses que se mueven detrás de los conflictos que se viven en todas partes del planeta y que en algunos casos, como el colombiano se eternizan porque mantenerlos es un buen negocio para algunos.

Mientras que su antecesor Benedicto XVI a quien Francisco llama “sabio y valiente” sin que se le despeinara el copete, reivindicó a Richard Williamson, antiguo director del seminario la Rieja en Buenos Aires, Argentina, quien sacudió al mundo con su negación del uso de cámaras de gas en el genocidio nazi durante la segunda guerra mundial, el nuevo Papa, estudia la posibilidad de adelantar la apertura de los archivos del Vaticano en los que se espera encontrar explicaciones al inaudito comportamiento de Pio XII acusado de haber guardado silencio sobre el Holocausto de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Un verdadero mago, asume posiciones antagónicas frente a un tema fundamental sin pender la jovialidad y el buen humor.

Comunicación en lugar de acción

Pero un tema en cual quizás más que en los demás podría verse cuál es la verdadera dimensión y la profundidad del cambio que pretende realizar en la más poderosa y numerosa de las iglesias que se dicen fundadas por Jesús de Nazarteh cristiana, es la forma como responda a los dramáticos reclamos de justicia provenientes de todas partes del mundo, en torno al abuso de menores, la pedofilia, la pederastia y la explotación laboral en casos como los de las Hermanas Magdalenas de Irlanda.

Por una parte el Comité de derechos del Niño, organismo especial de la ONU exige al Vaticano que “despida de sus cargos y entregue a la policía a todos aquellos que sean culpables de abusos sexuales a menores” y que abra sus archivos para hacer posible que los pedófilos y sus encubridores dentro de la cerrada estructura eclesiástica respondan por sus crímenes ante las autoridades civiles de sus respectivos países y por la otra el “súper-papa” en su habitual tono bonachón y conciliador ha respondido que “La Iglesia católica es tal vez la única institución pública que se movió con transparencia y responsabilidad. Ningún otro hizo tanto. Y, sin embargo, es la única en ser atacada”.

He aquí la clave de la estrategia, soltar una falsedad de ese tamaño, sin perder la ecuanimidad, ni temer por la pérdida de la aprobación y la aceptación de la grey fervorosa, puesto que lo que garantiza el éxito que le reconocen los medios masivos más importantes del mundo es sobre todo su estilo, haber construido muy rápidamente un producto comunicacional fenomenal. Renunciar a muchos de los privilegios que le correspondían por su alto cargo, llamar mensualmente a una anciana viuda que ha perdido a su hijo, seguir actuando como “cura de pueblo”, aunque se trate del sacerdote más importante del mundo; dejar que se “filtre” a los medios que es posible que el mismo haya acompañado al limosnero Vaticano el arzobispo Konrad Krajewski en sus correrías nocturnas de socorro a los marginales y necesitados de Roma, mientras los grandes temas que reposan en su escritorio, siguen intactos.


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