Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales

JohnHain
3 de abril de 2020

El retorno del populismo

Por: Daniela Galindo Troyano

“La situación de la lucha contra la corrupción en América Latina es preocupante […] la región está sumándose a una tendencia global de líderes populistas y autoritarios”

Así de conciso lo asevera la presidenta de Transparencia Internacional, Delia Ferreira, en la presentación del último informe publicado por la organización: índice de percepción de la corrupción, que busca medir, a partir de una determinada escala, la percepción de corrupción en las naciones. Bajo esta lógica, Ferreira expresa su preocupación ante los puntajes obtenidos por los países latinoamericanos, cuyos bajos resultados muestran las inestabilidades democráticas que se viven en el continente.

Ahora bien, estas inestabilidades y crisis democráticas no pueden verse como fenómenos coincidenciales; se hace necesario determinar los elementos que logran repercutir en las realidades políticas de cada nación: el populismo y el autoritarismo. En este sentido, y como ya bien lo lograba transmitir Ferreira, puede inferirse el modo en que las dinámicas políticas regionales están cambiando, por lo que no resultaría sorpresivo encontrar gobiernos que se encuentran asentados en las lógicas populistas y autoritarias de dominación, cuyas prácticas logran tergiversar el sistema democrático y crear el ambiente propicio para el asentamiento de la corrupción. Pese a esto, aún no es del todo claro el vínculo que existe entre populismo-corrupción ¿Realmente puede tratarse al populismo como aquel elemento detonante de la corrupción latinoamericana? ¿El populismo aún continúa vigente?

Manipulación y seducción de las masas: definiciones populistas

El populismo, cuyo carácter ambiguo constituye característica inherente de los eventos y la retórica que maneja, no tiene una única definición que logre abarcar todas las dimensiones y casos existentes. Tal como lo afirman Couffignal y Ramírez en su texto ¿Retorno del populismo en América Latina?

“El populismo como práctica se sustenta en un fundamento carismático para establecer un contacto directo entre el gobierno y los gobernados, dedicarle una atención especial a los pobres y los excluidos, estar permanentemente pendiente de sus preocupaciones cotidianas y responder a sus necesidades inmediatas.”

Frente a lo anterior, cabe aclarar que estos liderazgos de tipo carismático y mesiánico, logran movilizar e incitar al sentir de las masas de forma exitosa, gracias a las promesas de proyectos y acciones que solventarán las necesidades y dificultades del pueblo. No obstante, este sistema contempla ciertas dificultades que de cierto modo tergiversan las verdaderas intenciones de los líderes populistas, y es que, las instituciones, las mediaciones y las reglamentaciones, son consideradas como los principales impedimentos en el establecimiento de la relación entre gobierno y gobernados, principalmente a causa de las supervisiones administrativas que estas fundaciones determinan, impidiendo así, el libre accionar de los líderes populistas. En palabras de Hermet (2008):

“[…] el populismo pone el acento en el desprecio de las mediaciones institucionales que son vistas como obstáculos a la obtención a corto plazo de soluciones a sus problemas, lo que congenia muy bien con la relación directa entre la voluntad popular y el líder.”

En este sentido, las amplias redes de instituciones democráticas, como los son las instituciones jurídicas, buscan limitar la dimensión y el actuar populista en la nación, frenando al máximo su prominente e inevitable proliferación a través de la supervisión, el cambio y la exención de prácticas políticas deshonestas. Bajo esta lógica, aquellos movimientos populistas que busquen incurrir sustancialmente en el ámbito político-social de la nación, ineludiblemente se toparán con las restricciones propias de una burocracia administrativa nacional.

Demagogia y personalismo: la fórmula para la corrupción

El populismo puede asumirse como aquel mecanismo en el cual, el pueblo, como mayoría, lleva al poder a un líder cuyo carisma y carácter mesiánico moviliza el sentir y el accionar del pueblo, centrando sus esperanzas en volver satisfechas, aquellas necesidades que en un momento dado fueron insatisfechas. Sin embargo, como es de esperarse, dichas promesas no representan el verdadero contenido del discurso político, por lo que, aquellas promesas que se pronuncian, tan solo hacen parte de las vías y estrategias que conducirán a los líderes populistas a la satisfacción de sus intereses individuales.

Por lo anterior, y en concordancia con el vínculo entre corrupción-populismo, en términos generales, el populismo no puede abarcar todos los casos o contextos que definen las diferentes situaciones en las que se manifiesta la corrupción, por lo que, difícilmente, puede aseverarse que la calificación de todo gobierno como populista dependa exclusivamente de su nivel de corrupción percibida, o en otras palabras, de su apropiación de recursos públicos, por el contrario, confluyen diversos factores que logran unificarse para la creación de nuevas y variadas definiciones populistas.

De esta manera, al atribuirle un sentido demagógico al populismo, se hace posible justificar la generación de un accionar en la corrupción, basado en prácticas donde el mandatario, a través de elementos propios del clientelismo (es decir la tendencia que se tiene a favorecer a sujetos u organizaciones particulares) logra el acceso y la permanencia en el poder, además de actuar bajo la: “irreverencia frente a las normas democráticas y el uso discrecional o irresponsable de los recursos públicos, con concepciones personalistas y patrimonialistas del poder, y discursos polarizadores” (Cubillos, 2010, p. 14). En resumidas cuentas, el líder, motivado por el rechazo a su sistema popular y a las diversas estrategias que lo direccionan para la satisfacción de su interés personal, busca degenerar el sistema democrático de la nación en su totalidad, apelando a estrategias coercitivas en su mayoría.

Asegurar una alta adhesión y participación popular: estos son los principales elementos que garantizan la prolongación y la acotación de modelos populistas, cuya promulgación de ideologías y movimientos institucionales, logran convencer a las masas sobre la relevancia de su papel dentro de la sociedad. No obstante, son estas últimas quienes en su rol de sujetos movilizados, ignoran por completo su verdadera misión y condición dentro de una conglomeración donde reina el individualismo y la discrecionalidad: servir como masas impulsadas por el monopolio de la fuerza, con el supuesto fin de promover la felicidad y la mantención del orden público, mientras se construye a su paso la ruptura definitiva entre mandados y mandatarios.

Recomendados Libre Pensador

El Tiempo, Venezuela y Nicaragua, los países más corruptos de América Latina. 

SALINERO, Mónica, Populismo en América Latina, Universidad de Barcelona, 2015.

Couffingnal, G, Ramírez, R, ¿Retorno del populismo en América Latina? Universidad Nacional de Colombia

Cubillos, M, Vínculos entre corrupción y Populismo en América Latina (2000-2010)