El equilibrio de la docencia: ¿enseñar o educar?

Por María Margarita Soto

martes 8 de diciembre de 2015

Finaliza un semestre; de hecho, el primero para mí. Y llega el momento de realizar un balance, una reflexión que considero oportuna: la diferencia entre educar y enseñar. Más que una crítica es una cavilación acerca de la importancia de los dos conceptos expuestos, pues su diferencia radica nada más y nada menos que en la calidad del docente, del ser humano que se tiene enfrente del aula. Esta columna está dedicada a quienes con sabiduría y dedicación irguieron mi espíritu en estas 16 semanas.  

De acuerdo con Antón Pávlovich Chéjov, los hombres inteligentes quieren aprender. Los demás, enseñar. Educar se deriva de la palabra en latín, educare. Esta significa conducir, dirigir, encaminar u orientar. Aplicando esta definición al ámbito pedagógico, prácticamente consiste en desarrollar las habilidades de los estudiantes, de encontrar las capacidades de ellos y explotarlas de tal manera que la persona pueda dar más de lo imaginado. Cuando hablamos de una persona que educa, es una persona que está dispuesta a transmitir sus experiencias para que los demás aprendan de ellas, que le brinda las herramientas al estudiante para que este desarrolle su capacidad analítica y crítica aplicándola a situaciones o acontecimientos que se den a su alrededor.

Se podría ejemplificar el concepto de educación, cuando un campesino le está enseñando a su hijo a cultivar. Este le da las herramientas al pequeño para que pueda sembrar una planta; le transmite el conocimiento empírico y los métodos para que el nuevo cultivador pueda aplicarlo y modificarlo a su vez, con procesos más eficientes y lógicos para él: así logra una mejor cosecha.

Teniendo en cuenta lo que dijo José Saramago, premio Nobel de literatura, la escuela puede instruir a sus alumnos pero no puede educarlos, porque no tiene medios ni es su finalidad. Enseñar viene de la palabra en latín, insignare. Tiene como definición instruir, amaestrar con reglas o exponer algo para que sea visto y apreciado. El fin último de esta metodología es transmitir conceptos y conocimiento para que no sean cuestionados.

La enseñanza pura no permite la imaginación, la duda o el cuestionamiento por parte de los estudiantes, debido a que lo que se enseña son conceptos exactos, inmutables, intangibles e impenetrables. Esta metodología es totalmente reacia a los cambios, por ende se espera un mismo resultado para cualquier acción. Así como cuando un mimo está encerrado dentro de una caja invisible y no encuentra la manera de salir: bueno, así.

Como dice Horace Hann, el maestro que intenta enseñar sin inspirar en el alumno el deseo de aprender está tratando de forjar un hierro frío. El hecho de que un docente no logre inspirar a un estudiante, se podría considerar una catástrofe desde el ámbito pedagógico, debido a que, qué calidad de profesionales o estudiantes se podrán generar cuando estos carecen de pasión por lo que están estudiando. Serían personas esquivas y distantes de la realidad, serían personas a las que los problemas sociales y modernos no les interesarían, serían personas que estarían reducidas a existir; serían muertos vivientes.

Consideraría erróneo inclinarse hacía alguno de los dos conceptos, debido a que al basarse solo en educar o en enseñar se dejaría por  fuera una parte importante en la formación académica de una persona.

Si se decide solo educar se dejaría a un lado la enseñanza, que al aplicarla le brindaría al estudiante la posibilidad de desarrollar importantes capacidades como las de seguir ordenamientos, obedecer leyes, entender y aceptar códigos comportamentales en la sociedad y también  de respetar los espacios y límites de las personas a su alrededor.

En caso contrario, si se decide enseñar y dejar de un lado la educación, se le quitaría al individuo la capacidad de análisis, de construir un juicio propio con base en paradigmas ya establecidos, le quitaría la creatividad al ser humano para crear e innovar y lo más importante le quitaría la capacidad de aprehender conceptos, para que, por medio de estos, genere su propio criterio ante el mundo moderno. Al fin y al cabo, de cuestionamientos han salido las grandes teorías revolucionarias del mundo- la teoría de la gravedad-, las empresas más grandes del mundo-facebook, Apple- y los personajes más importantes para el siglo XXI-Emma Watson, Malala Yousafzai.

Los docentes que logran marcar la vida del estudiante, que logran modificarla y ayudarlos a evolucionar, son aquellos que encuentran el balance entre los dos, porque logran darle lo mejor de ambas partes.


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