Jineth Bedoya: Cuando los periodistas son las víctimas

Por Juan Esteban Osorio

16 de septiembre de 2014
Imagen: U.S. Department of State from United States derivative work

Hace 14 años Jineth Bedoya fue a cumplir una cita con paramilitares para un supuesto reportaje. Realmente fue una emboscada. Los paras a los que iba a entrevistar la engañaron. La habían citado para desaparecerla. Fue torturada, violada, y dejada a un lado de una carretera, seguros que estaba muerta. Después de un tiempo largo, años, procesando todo su dolor y su historia, Jineth se decidió a contar su historia como una forma de visibilizar dramas parecidos al suyo. Hace un par de meses estuvo en una ceremonia en Londres donde la Reina Isabel la condecoró y Angelina Jolie la oyó. Después de todo el tiempo que ha pasado, ¿sirve contar y oír este tipo de testimonios?

La escena va más allá de lo simbólico. Un panel de expositoras donde además de la periodista colombiana, hay otra mujer más, Jody Williams, norteamericana de 64 años, premio nobel de la paz. Ambas fueron víctimas de violaciones como estrategias de guerra. También fueron para compartir su testimonio, y eventualmente ser reconocidas por su labor frente a esta dramática situación.

Un evento de reconocimiento público para las víctimas

Del otro lado, está la Reina Isabel quien al final del día las honrará con el título de Damas Honorarias, una investidura  que se enmarca dentro de una condición similar a la de los Caballeros al servicio de su majestad. Cerca a la reina, está Angelina Jolie, presidiendo la reunión y desempeñando su labor como Embajadora de Buena Voluntad de la ONU. A ellas las acompaña William Hague, ministro de relaciones exteriores británico. Realeza y política británica por un lado, y por el otro la neo nobleza de Hollywood presentes.

La reunión fue convocada por la Organización de la Violencia contra la mujer en el mundo, apoyada por la ONU, y contó con el respaldo de la casa real inglesa. Le reina Isabel recibió un grupo de mujeres víctimas de la violencia en sus respectivos países para que contaran su historia, y fueran oídas  por los que quisieron hacerse presente.

Este tipo de eventos visibilizan la violencia sistemática contra la mujer, declaró Jineth Bedoya ante medios internacionales. Hay una serie de ataques directos que no pueden considerarse como acciones de guerra, porque no se enmarcan dentro de las características de un conflicto. Son formas violentas, cobardes y sin ningún tipo de humanidad de por medio, insistió la periodista colombiana, hoy vinculada a El Tiempo.

Ante las críticas que un evento de esta magnitud, como una Cumbre contra la violencia contra la mujer, tenga entre sus invitados a la actriz Angelina Jolie, por un lado, crea la sensación de relevancia entre tantas cumbres internacionales inútiles, por el hecho de convocar personalidades del mundo del pop. Pero, por otro lado,  y por la misma razón, da una sensación de espectáculo que raya en la frivolidad.

Al ser cuestionada por El Libre Pensador al respecto, Jineth Bedoya contestó: “Creo que fue muy positivo esta cumbre y la presencia de personajes como la actriz. No puedo contar detalles porque cuento exactamente qué sucedió en detalle en una crónica para el periódico, pero sí puedo decir que ella fue muy amable conmigo, me abrazó cuando me conoció y lloró conmigo cuando le conté mi historia. Me parece importante que haya estado porque ella a través de su rol como embajadora de la ONU tiene canales alternos para hacer eco de estas iniciativas, y su poder de convocatoria como figura del show business  le da una proyección internacional a situaciones de violencia que de otra manera, no tendrían tanta salida”.

Jineth sabe de lo que está hablando. Desde el ataque que sufrió, esta se convirtió en una de sus banderas de vida. Aunque salir a contar su historia le costó 9 años, finalmente se decidió a ser parte de la solución. Y antes que juicios y críticas, oyó palabras de comprensión, de consuelo y de apoyo.

Una muestra del largo camino que queda por recorrer

El 2012 en una ceremonia emotiva en Washington le fue concedido el Premio de Coraje a Mujeres Internacionales. Tiene una imagen entre Michelle Obama y Hillary Clinton, quienes respaldan el galardón y personalmente le ofrecieron su respaldo y compromiso a apoyar esta iniciativa que no solamente afecta unos cuantos países, sino que es una forma de violencia transversal a todo el planeta.

La periodista amplió esto: “Cuando hablamos de  violencia contra la mujer no me refiero solamente a lo que es violencia sexual; existen también otras manifestaciones, a menudo peores, como violencias económica, e institucionales, que de otras formas, siempre perversas, atacan y subvaloran a la mujer, reduciéndola a un rol de segunda o de tercera, depende de en qué país y en qué condición viva”.

Y para reafirmar su opinión y la relevancia que ha adquirido el tema, el presidente Juan Manuel Santos hizo una mención especial al caso de Bedoya, y aprovechó para recordar las cifras de violencia sexual en Colombia, que suman 6000, de las cuales 5200 son mujeres. Y en una decisión sin precedentes, determinó que el 25 de mayo sea el día por la dignidad de las mujeres víctimas de violencia sexual. Lo cual no deja de ser una victoria agridulce. Por un lado, es una forma de reconocer una realidad cruda y tenebrosa de la guerra y en general, de la violencia en el país. Y eso está bien, funciona para las víctimas.

Pero al mismo tiempo, el hecho que haya que sacar un día del calendario para no olvidar este tipo de agresiones, habla de lo mal que está Colombia como nación, y el tipo de barbarie que todavía padece una minoría que avergüenza al resto del país. Y eso, nunca va a estar bien.
¿Cuál es entonces, el siguiente paso?
¿Quién tiene que darlo?


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