De El Primer Café a El Café Colado.

Por Ana María Arango D

martes 29 de marzo de 2016

Con el cambio de alcalde en Bogotá muchas cosas cambiaron, entre ellas la programación de Canal Capital. Durante cuatro años la parrilla del canal público de la ciudad giró en torno a dos temas fundamentales: los derechos humanos y la defensa de lo público, pero Enrique Peñalosa, incluso desde su campaña a la alcaldía, afirmó que en ese canal, no se haría política. Esa es la razón por la que renuncié a El Primer Café. Tres meses después, pretensiones políticas sobre el Canal del Congreso, sacaron del aire El Café Colado.

El Primer Café era un programa odiado por unos, pero de culto para otros. Entre las 6 y las 10 de la mañana, Antonio Morales y yo hacíamos análisis político de los temas que considerábamos fundamentales para el país y que además, coincidían con la orientación editorial del canal: paz, derechos humanos, construcción y defensa de lo público, y pedagogía política.

Era un programa de opinión, de opinión seria, documentada, analítica, crítica y argumentativa, pero por su naturaleza misma, la opinión no es neutral, toma posición, defiende lo que valora como positivo y critica lo que cree debe ser cambiado. El sesgo de El Primer Café era evidente y confesó y eso era precisamente lo que hacía especial, lo que lo llevó a posicionarse como uno de los programas más vistos en las mañanas colombianas.

Las discrepancias de Enrique Peñalosa con la alcaldía de Gustavo Petro son ideológicas y profundas, así que no era de extrañar que los temas que trabajaba el Canal Capital no le interesaran al nuevo mandatario de los bogotanos. Peñalosa, que se ha apartado públicamente de las discusiones relacionadas con el proceso de paz de la Habana, ha definido prioridades de intervención enfocadas en la movilidad y la seguridad, así que mantener un proceso de posicionamiento temático alrededor de los derechos humanos y la construcción de paz no tenía sentido en la nueva administración. Lo que si sorprendió, fue que el burgomaestre afirmara que no utilizaría el canal de televisión de la alcaldía para hacer política.

La televisión es más que una herramienta para entretener a la gente, es una herramienta de información necesaria para los ciudadanos. Con los medios de comunicación masiva en manos de conglomerados económicos, los gobiernos tienen muy pocas posibilidades de poner en la opinión pública los temas de interés público y político (prueba de ello es la dificultad del gobierno nacional para adelantar una efectiva campaña de pedagogía para la paz). Como ciudadana tengo derecho a enterarme en qué están los gobiernos distrital y nacional, uno de los fundamentos básicos de la democracia es precisamente ese, la publicidad de los actos de gobierno.

La administración de Enrique Peñalosa tendría ahora la oportunidad de poner en la opinión pública los debates que le interesan como gobernante y que en ese sentido nos interesan a los habitantes de Bogotá como gobernados. No hacer públicos los actos de gobierno y no fomentar el análisis sobre los temas priorizados es también hacer política, pero no democrática.

Luis Fernando Velasco, presidente del Senado de la República, consideró necesario mantener el formato del programa y los temas que en él se discutían que si bien ya no coincidían con los intereses de la alcaldía de Bogotá, si lo hacían con los del gobierno nacional.

El 13 de marzo salió al aire, por el Canal del Congreso la primera y única emisión de El Café Colado, que con contenido similar al de El Primer Café, giró en torno el enorme impacto político y social del paramilitarismo en Colombia y con ello, al proceso que adelanta la Fiscalía en contra de Santiago Uribe (hermano del senador Álvaro Uribe Vélez) por sus presuntos vínculos con ´Los 12 Apóstoles´

¿Sorprende a alguien que el Centro Democrático comenzara una rápida y feroz campaña contra el programa? El partido asumió las notas sobre paramilitarismo como ataques personales a sus integrantes, aunque esa congregación nunca fue mencionada. Lo mismo había hecho cuando salió a marchar por las calles del centro de Bogotá afirmando que la investigación contra Santiago Uribe es una persecución política.

Pedir la baja del programa por su contenido no tendría espacio ante el presidente del Senado que lo había puesto al aire, así que el argumento fue personal y bajo contra su director, pero funcionó.

La libertad de prensa en Colombia no da cabida a la prensa de opinión, crítica, analítica y contraria a los intereses de quienes detentan el poder. Mientras la sociedad sigue aclamando información comprensible sobre lo que se negocia en La Habana, mientras sigue en la ignorancia sobre los asesinatos de líderes sociales y comunitarios que en solo 10 días llegaron a los 40, mientras siguen siendo pocos los que entienden que es el TISA y que está entregando Colombia con el, seguimos viendo clases de pintura china en Canal Capital y debates diferidos por el Canal del Congreso.


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