Cultura política en Colombia: el país que merecemos?

Imagen: Miguel Olaya

El objetivo último del Estado y la democracia debería ser el alcance de la vida digna para sus ciudadanos, pero esto no ha sido posible en América Latina. Por un lado, el sistema democrático en la región se encuentra en crisis por las promesas incumplidas de la democracia’ y la debilidad de los Estados. De otro lado, los electores tampoco apuestan por un sistema que los represente adecuadamente. ¿De quién es la mayor responsabilidad?

Este fracaso de la democracia en la generación de mejores condiciones de vida de la gente ha creado un pesimismo ciudadano, generando democracias débiles y vulnerables, con reducida densidad (caracterizada por una muy baja participación) y frágiles organizaciones de la sociedad civil.

La última encuesta de cultura política (2013) muestra que Colombia no se escapa de este sombrío panorama. Aunque una alta mayoría de ciudadanos encuestados asocian la democracia con la posibilidad de participación (86,1% del total de encuestados, 86,4% los jóvenes de 18 a 25 años), la garantía de derechos (75,7% y 73,1%, respectivamente) y la igualdad de oportunidades (75,5% ambos referentes), tan sólo el 33,1% de los encuestados (26,1% los jóvenes) considera que el país es democrático.

La desconfianza global: ¡Peligro a la democracia!

Pero el panorama es incluso peor cuando se pasa de las concepciones en el papel a la práctica democrática. La encuesta mencionada presenta un escenario preocupante, que genera reflexiones que como sociedad debería atenderse de forma inmediata.

El 87,4% de los encuestados (86,4% de los jóvenes) consideran que para que un país sea democrático se requieren elecciones periódicas. Sin embargo, el 21,1% de los encuestados (51,6% de los jóvenes) nunca vota, fundamentalmente porque consideran que la política es corrupta (43,3%, 28,7% los jóvenes), están cansados de que los candidatos prometan y no cumplan (43,7%, 28,7%), y porque no les interesa (42,9%, 28,4%) .

Por su parte, el 85,7% de los encuestados (83,3% los jóvenes) indica que para que un país sea democrático se necesitan mecanismos para que los ciudadanos participen en la gestión pública. Sin embargo, existe un conocimiento relativamente bajo de las instancias de participación ciudadana (41,4% total / 40,5% jóvenes no han oído nunca hablar de ellas) y de los mecanismos de participación (26,1% / 26,3%); y un uso muy bajo de ellos: sólo el 5,9% (6% los jóvenes) los utilizó en el 2012.

Pero la democracia es mucho más que las elecciones y el uso de los escenarios formales de participación. El 72.3% de los encuestados (77,3% de jóvenes) expresaron no formar o haber formado parte de alguna organización y/o grupo en el último año.

Entre clichés y falta de acción: la democracia que merecemos

Pero tampoco en lo individual los colombianos parecemos muy activos en nuestro rol social. Sorprende descubrir que el 85,2% de los encuestados (88,2% en el caso de los jóvenes) declara no haber hecho acción alguna para resolver algún problema que les afectó y/o a su comunidad en el último año. Pareciera como si estoicamente los colombianos aguantáramos los embates de la vida en una sociedad injusta, altamente excluyente y desigual. Y, sin embargo, nos quejamos constantemente de la realidad que nos tocó.

Cuestiona aún más pensar en el 14,8% que si hizo algo por resolver algún problema que los afectara (que si la encuesta fuera representativa, correspondería a más de 7 millones de habitantes, casi la población de Bogotá). Si muy pocos del total de encuestados no tramitaron quejas, reclamos, solicitudes o peticiones ante autoridades (91,3%); no recurrieron a medios de comunicación (98,1%); no pidieron ayuda a líderes cívicos o políticos (96,7%); no participaron en protestas, manifestaciones o marchas (96,7%); no realizaron reuniones ni trabajos colectivos con otros miembros de su comunidad (95,4%). ¿Cómo solucionaron entonces sus problemas? Aún más, ¿qué papel jugó la violencia como herramienta redentora de conflictos entre aquellos que tomaron medidas para resolver sus problemas?

Para terminar, es necesario hacer una reflexión sobre la participación juvenil. Como se puede ver en los datos anteriormente mostrados, con muy pocas excepciones, no hay mucha diferencia entre las tendencias de participación ciudadana de la población total encuestada y los jóvenes de 18 a 25 años. Lo cual indica que es cierto uno de los más comunes clichés acerca de los jóvenes es que son apáticos y poco participativos, pero no por una característica particular de nuestra juventud sino como reflejo de una tendencia muy marcada en nuestra sociedad.

De cara a unas nuevas elecciones presidenciales, en las que puede jugarse el futuro del proceso de paz, estas reflexiones son más que pertinentes. Porque la responsabilidad de una democracia fallida, reposa tanto para un Estado que incumple y carece de herramientas suficientes para garantizar los derechos fundamentales, como para un pueblo apático y conformista, que a la hora de actuar, prefiere quejarse.


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