Blog de la facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales

11 de agosto de 2014

“¡No pagamos por pensar, limítese a trabajar!”

Por: Yurani Silva

Parece que  entre más herramientas elabora el ser humano para alcanzar el ideal de una sociedad del conocimiento, cada vez nos hallamos más lejos de alcanzarlo. Mucho se ha hablado acerca de la búsqueda incansable del conocimiento tras la cual han caminado las diferentes generaciones de la historia, mientras más caminamos tras de él a mayor velocidad se aleja de nosotros. En realidad podría tratarse de un simple problema de definición quizá lo que en realidad se está buscando no es una sociedad rica en conocimiento -que de suyo es inabarcable-, sino en capacidad de pensamiento.

Es este sentido, podríamos reconocer que  lo que buscamos en realidad es consolidación de una sociedad del pensamiento dotado de habilidades críticas que hagan frente a los complejos escenarios y desafíos que abarcan coyuntura mundial actual y que por añadidura, nos permita ingresar al mundo laboral con posibilidades reales de beneficiarnos de todo este conocimiento adquirido, en una profesión en la que sea necesario emplearlo.

La sociedad del conocimiento no es la sociedad del pensamiento

Si lo que pretendíamos alcanzar era la esencia misma del saber, pareciera ser que hemos confundido un poco su terminología y por ende, el camino mismo que nos lleva hacia ella. El término, “Sociedad del conocimiento”, fue acuñado por primera vez en 1969 en “La Era de la Discontinuidad” de Peter  Druker . Druker, incluía dentro del término mencionado, la importancia del saber cómo factor económico de primer orden, es decir, lo mercantilizó, y por ende, contribuyó a que su relevancia no se midiera en términos de cantidad o calidad, sino en su capacidad para generar riquezas (productividad) . Lo anterior demuestra, que desde hace varias décadas, el uso de la palabra “conocimiento” se ha venido restringiendo únicamente a los alcances económicos del mismo, desvirtuando todo aquello que se considere por fuera de los términos de referencia de los indicadores de productividad.

Ahora bien, la sociedad del pensamiento que propone este artículo, se enfoca en las habilidades de las que disponemos,  las que requerimos para construir y disfrutar del saber en sí mismo, un saber no sesgado por las utilitarias demandas empresariales. Esto, mediante la elaboración de un pensamiento crítico real –impartido desde las instituciones educativas- que permita romper con las barreras que nos impone la actual revolución científico-técnica y que complejiza los procesos de relación social, y que debido a las facilidades de acceso y al exceso de información, nos encamina en dirección contraria a la que en realidad queremos ir.

Las herramientas tecnológicas a las que podemos acceder en nuestra cotidianidad y que nos permiten acumular saber, nos empujan constantemente hacia la ignorancia. Sumado a ello, la velocidad con la que se debe vivir para ser productivos, nos ha obligado a acumular la información en espacios vacíos que en últimas no tienen ninguna utilidad práctica.

En este sentido, es evidente que debido a las demandas constantes del sistema capitalista, las generaciones actuales han caído en una actitud de renuncia al conocimiento, ya sea debido a la desmotivación, la rendición y la aceptación a la comodidad que generan las visiones prefabricadas de la realidad . Por tal motivo, la pérdida de la capacidad de crear un pensamiento crítico que se vivencia actualmente, es clara muestra de que marchamos hacia la ignorancia masiva.

Intelectuales: especie en vía de extinción

Actualmente, es el mercado quién exige al sistema educativo formar o construir, lo que demandan los distintos tejidos productivos, para así lograr el desarrollo de las naciones. Es decir, la formación eficaz de las capacidades de comunicación e interiorización del conocimiento, en las que pueda participar el sistema educativo, se ven firmemente determinadas por las necesidades y exigencias del capitalismo.

Lo anterior, justifica el bajo interés de las personas por estudiar materias abstractas, que son complejas y de escaso interés para el mundo laboral, pero abarcan la esencia misma del conocimiento y estimulan el pensamiento, y así como dice Sartre, permiten alcanzar la libertad misma del ser. En términos generales, lo que nos muestran los rankings de profesiones demandadas, es que lo que no sirve para ganarse la vida adecuadamente y por ende, para recibir una “buena remuneración”, está en peligro de extinción en el universo del conocimiento. Y es de este modo, como dichos aspectos, han creado una escala de lo más y lo menos “importante”.

Pero, no es sólo el sistema educativo el que se ha acomodado a las demandas del capitalismo, los medios de comunicación también se han vuelto parte clave de la fórmula que nos aleja del ideal de sociedad que queremos llegar a ser. No es raro ver en diversas publicaciones referentes a las profesiones más demandadas, frases como “…así que si usted es uno de los que busca trabajo, aquí puede guiarse” ,  “…resulta muy importante tomar la mejor decisión sobre tu futuro universitario con anticipación, valorando las mejores opciones posibles sobre la carrera a estudiar”, “… Para conocer más sobre lo que se debe estudiar también es necesario conocer qué es lo que el mercado demanda en la actualidad”, “… Está demás decir que la decisión de qué carrera estudiar puede ser la decisión más importante que se tenga que tomar; hay más factores en juego al momento de elegir una carrera que el simple hecho de elegir algo que “me gusta” , o inclusive “… El desafío de escoger la carrera correcta para estudiar es importante” , mi pregunta ante esto es,  ¿hemos rayado tanto el límite de la ignorancia, que nos atrevemos a afirmar que existen carreras correctas, y por ende, también incorrectas?

Ahora bien, considero que no hay carreras correctas o incorrectas, lo que existe son líneas del saber que al converger nos acercan a ese ideal de “verdadera sociedad del pensamiento”, y como se ha discutido en distintos escenarios, no debería tratarse de escoger profesiones rentables sino de volver rentable cualquier tipo de profesión.  ¿Será pues necesario volver nuestra mirada a los planteamientos de Platón quien consideraba esencial reformar los sistemas educativos para así, eliminar la improvisación y la ignorancia de las sociedades?  ¿Necesitaremos de una nueva revolución del pensamiento encabezada por los líderes de la sociedad para así alejarnos de la ignorancia en la que nos encontramos inmersos?

Recomendados:

Antoni Brey – La sociedad de la ignorancia

Laverdad.es – “La sociedad actual adolece de falta de pensamiento critico”

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