Blog de la facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales

29 de julio de 2015

¿Látex se paga con látex?

Por: Natalia Granados Segura

Vivimos en un mundo con millones de estereotipos y en un aumento de críticas que conciernen la imagen de la mujer cuasi perfecta, la cual se forja cada día con más ahínco. Una idea de retarse por ser la mujer 10, donde todo está tonificado, grande, aumentado y no hay posibilidad alguna de que nada esté plano (ustedes me entienden). Lo realmente impactante es que no se está limitando solo a las mujeres, los hombres sutilmente se están impregnando de ese polvo desagradable y contaminante de la superficialidad. ¿Por qué se creó un término como ser metrosexual? Un limbo entre la homosexualidad y la heterosexualidad, hombres que sin tener un gusto por el mismo género, se preocupan de igual o mayor manera que la mujer por su imagen personal.

Ahora muchas mujeres asumen como lema de vida: ser femme fatale, a cualquier costo.  Para muchas, lo ideal es tener senos grandes y una cola  del tamaño de la de Kim Kardashian. Para lograrlo, algunas mujeres optan por endeudarse, por vender sus cuerpos y hasta por perder todo tinte de dignidad.

La presión de la sociedad en verdad no tiene límites, y esta visión superficial de cuerpos ideales también ha tocado los hombres. Cuando se iban a imaginar nuestros abuelos que los hombres estarían dispuestos a depilarse las cejas, broncearse de forma ficticia en una cámara y hasta someterse a cirugías para alargar allá abajo. Este fenómeno se ha venido incrementado, incluso de forma mayor de como sucede con las mujeres. Los hombres sienten esa necesidad de ser el Ken perfecto, de igualar a la mujer en ese campo y sacrificar lo que sea pora lograrlo. No estoy afirmando en ningún momento que el hombre se preocupe por su imagen personal sea algo negativo; de hecho ¡Gracias! Por qué siempre es bueno que se preocupen por no salir como locos a la calle, combinando cualquier cosa y  por fin dejaron de  lado esa sudadera de papá de los domingos, las medias rotas, y es divertido poder hablarle a los hombres sobre ropa, sin que eso sea un signo de que son gays.

Así como sucedió con las mujeres, una empresa colombiana decidió ponerse en la tarea de ayudar a esos hombres que carentes de cola, sufren por las calles, lloran y están solos como champiñones – por qué está clarísimo que lo primero que una mujer le mira a un hombre es allá atrás – creando así el calzoncillo con silicona. Invento de los dioses, locura inmediata y vergüenza garantizada. ¿Cómo pasó esto? ¿En qué momento los hombres se dejaron influenciar de tal manera que están dispuestos a simular un “pompis” donde no lo hay? Decidieron jugarnos con la misma carta, pagarnos con la misma moneda y conducirnos a la misma decepción que algunos ya han sufrido por inventos como estos. Látex se paga con látex.

Los senos no naturales, la cola artificial, el alargamiento falso de pene y ahora almohadillas dentro de la ropa reflejan una sociedad superficial que aún no ha comprendido la belleza en todas sus presentaciones. Una sociedad donde el punto intermedio es un arma de doble filo, el ser una mujer promedio o el hombre casual  es como ser un cero a la izquierda; no llegar a ser aceptado es el miedo de muchos y todo sigue ese camino.

La verdad es que es triste, es para mí una realidad que me disgusta; saber que todo es falso y que lo realmente valioso o sencillamente real no tiene valor alguno. No se debe pagar nada con nada, es decisión de cada quien que hace con su cuerpo pero si es importante no dejarnos guiar por estereotipos y creerlos como la última palabra.