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2 de junio de 2015

Mayweather Vs Pacquiao: la pelea del día

Por: Juan Esteban Osorio

Después que se asentara la polvareda que levantó la Pelea del Siglo hace alrededor de un mes, estos son los principales puntos de por qué lo que anunciaran como el evento deportivo del año tendrá baja recordación, pésimo récord deportivo y peor reputación. El boxeo anda de guante caído. La que debía ser la pelea del siglo, a duras penas será recordada como la pelea de una noche.

Está claro que los publicistas estadounidenses son unos genios en frases de batalla, y son capaces de vender arena a los saharauis.  Así que el título de “La pelea del siglo” se ha oído muchas veces en los últimos cincuenta años: Ali vs Frazier (1971), Ali – Foreman (74), Sugar Ray Leonard contra Mano de Piedra Duran (1980), Holyfield vs. Tyson (en 1997). Lo que tienen en común estos combates, es que en general (excepto por el mordisco de Tyson a Holyfield), estas peleas no defraudaron. Gigantes en el ring, se sacaban el alma a puñetazos para placer de fans, televisión y deporte.

¿Qué pasó entonces en la última pelea del siglo?

Aplazada muchas veces, planeada desde hace más de diez años, polémica por todo lo que estaba en juego, finalmente, después de años de estar concertándose, los manejadores de Floyd Mayweather Jr. y de Manny Pacquiao, acordaron la pelea.

La situación resulta ser tan curiosa, que existe toda una historia “apasionante” (para los fans) de cómo se pactó el encuentro. La primera aproximación fue en el 2010, y hubo tantos desacuerdos, que debieron contratar a un juez federal que los ayudara a dirimir cuestiones tan “importantes” cómo los procedimientos que se seguirían para los tests anti drogas; esto, por no mencionar los multimillonarios contratos que tuvieron que ponerse sobre la mesa de cómo se iba a arreglar las ganancias.

Es tan curioso para el espectador desprevenido, que entre los palmarés del boxeador norteamericano – al lado de récords como que a sus 38 años, no haber sido derrotado en casi 20 años de carrera, o ser campeón del mundo en cinco categorías distintas- los que “saben” del negocio lo llaman el rey del PPV (Pay Per View): ha vendido más de 14 millones de cajas del servicio, que cuestan alrededor de 700 millones de dólares. Todo un deportista de su tiempo.

Y si por allá llueve, por Asia no escampa. Se calcula que en Filipinas, casa de Pacquiao, cerca de la mitad de habitantes vieron la pelea, pagando. La población de la isla ronda los 102 millones de personas. En Estados Unidos la cifra fue la nada despreciable cifra de 4.4 millones de ventas, lo que produjo 410 millones de dólares.

¿Quiénes peleaban?

Además del sentido común y el decoro, la pelea fue entre Floyd Mayweather Jr., como su nombre lo indica, hijo del boxeador de su mismo nombre, campeón en su misma disciplina, y sobrino y pupilo de su tío Roger “Black Mamba” Mayweather. No sólo ha figurado por su talento con los guantes, también es noticia por sus excentricidades: en un viaje a Australia exigió tener dotaciones ilimitadas de gomitas, M&Ms, fruta fresca y champaña. Debía tener a du disposición todo el tiempo un carnicero, un chef, una maquilladora (¿?) y una peluquera para mujeres. Y el dato simpático: exigió un barbero “especializado en cortes para afro-americanos”, a pesar que el boxeador es evidentemente calvo y lampiño.

Entre sus compañeros de juerga, figuraba el rapero 50 Cent, con quien luego se distanció, y quien, leal hasta el final, contó que su ex-amigo “estaba muerto del pánico” antes de la pelea. Entre sus acompañantes el pasado 2 de mayo en Las Vegas, estaba Justin Bieber, su fan.

Emammuel “Manny” o Pac.Man Pacquiao tampoco lo hace mal. Filipino de nacimiento y crianza, tiene 36 años, un matrimonio de 15 y dos hijos. En su récord personal, tiene 8 títulos mundiales en 8 categorías distintas. En su hoja de vida, figura que ha sido actor, cantante (sólo canta en tagalo, uno de los idiomas oficiales de su país natal), veterinario y político. Ha amenazado en muchas ocasiones que quiere entrar a la arena de lo público en su país natal, para lanzarse a una alcaldía o una presidencia. De hecho, ya ha intentado intervenir sin mucho éxito. Igual, sigue amenazando.

Y a todas estas, ¿la pelea qué? Como todo lo que la rodea, fue lo menos importante, casi anecdótica. Terriblemente aburrida, previsible, sin mayores emociones. Como estaba prevista, el vencedor por decisión fue el norteamericano. Sin embargo, nadie esperaba que fuera tan sosa. De hecho, si algo fue divertido fueron los memes que aparecieron apenas se acabó el show: aparece el filipino persiguiendo una gallina con la cara de Mayweather. Porque ese fue el tono del encuentro: Floyd Jr. le hizo permanentemente el quite a Pac Man, durante toda la pelea, quien tampoco estuvo en su mejor noche.

Apenas un par de días después del combate, el equipo perdedor reveló que su boxeador estaba lesionado, y que a pesar de las advertencias y los avisos a las autoridades, lo autorizaron a pelear así. Sin embargo, el 5 de mayo, algunos residentes de Las Vegas interpusieron una demanda colectiva contra Pacquiao, su manager y la empresa promotora de la pelea por haberlos engañado no solo en las entradas sino en las ventas de PPV, por un espectáculo decepcionante y a todas luces, calificado de estafa. (Vale la pena mencionar que las boletas para el MGM de Las Vegas estaban entre 3500 y 250 mil dólares. Por eso la molestia de los vecinos de Nevada).

Pero ese es el boxeo hoy. (Se parece al mismo deporte de Mohammed Ali que renunció a su corona de los pesos pesados, a su libertad y a su nombre porque no quiso ir a Vietnam, en sus años de mayor productividad deportiva, alegando ser un objetor de conciencia: su religión, el islam, no le permitía ir a matar “hermanos”).

Lo raro no es que la pelea haya sido casi un fraude.
Lo raro es que todavía haya quien se sorprenda y demande.

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Fox Sports: ¡Floyd Mayweather se llevó la pelea del siglo!