Blog de la facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales

15 de mayo de 2015

¡Todos llevamos un neoliberal dentro!

Por: Santiago Gonzalez Ortiz / @SantiGonzalezO

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), hizo una serie de recomendaciones al gobierno en materia de pensiones, y parece obvio cuando en Colombia se gasta más del presupuesto general de la nación en pensiones, que en salud y educación. En ausencia de ese gasto en pensiones, el gobierno podría duplicar el egreso tanto en salud como en educación y más cuando el gasto en pensiones es más regresivo que tiene el país: el 85% de los recursos que van destinados a pagar pensiones van dirigidos al 15% de la población más rica; es decir, nos estamos refiriendo a personas estrato 5 y 6; tan solo el 15% restante del gasto en pensiones llega para personas estratos 1, 2, 3 y 4. Para solucionar el problema en pensiones existe una serie de políticas, las cuales son altamente impopulares y de las cuales usted escogerá seguramente la menos peor, y se dará cuenta que todos llevamos un neoliberal dentro.

Colombia en 1991 adoptó un sistema que ya lo había sido en otras partes de mundo –porque esto no fue una colombianada– y es que se acogió un modelo de solidaridad intergeneracional. Este consiste en que los trabajadores formales que están en la generación presente y aportan al sistema, mantienen a las personas que ya están pensionadas. Es claro que este modelo no funciona en ninguna parte del mundo, debido que, a medida que pasa el tiempo, los países se desarrollan más y el desarrollo trae consigo una caída en las tasas de natalidad. Lo anterior se traduce en que como cada vez somos menos, entonces serán menos los aportantes y será menor el dinero para mantener a los que ya están pensionados que a diferencia de los aportantes, estos cada vez son más. Sin mencionar que la expectativa de vida va aumentando. Definimos entonces la Tasa de Dependencia como: D = Pensionados/Empleados. Esta variable nos va a mostrar la cantidad de pensionados que a un empleado formal le toca mantener, y ¡Oh sorpresa! La tasa de dependencia en cualquier país del mundo tiene un comportamiento exponencial respecto al tiempo, porque cada vez son más los que se pensionan que los que se emplean.

Con este breve resumen en materia de pensiones se tienen una serie de políticas para tratar de solucionar un problema que en 1991 era menor y hoy en día, el gasto en pensiones es el rubro en el cual el gobierno invierte más de su presupuesto. La primera, es bajar el tamaño medio de la pensión: ¿Qué sucede si bajamos en un 20% las pensiones? –Recuerden que los más beneficiados de las pensiones son estratos 5 y 6–, y con esa reducción el gobierno invierte en universidades públicas y parques. ¿No es acaso quitarles a los ricos para darles a los pobres? Más aún cuando en Colombia hay pensiones de más de 24 millones de pesos. La Corte Constitucional entonces levanta la mano y dice: “bajarle la pensión a un colombiano es inconstitucional”. La única manera, entonces, sería haciendo una reforma pensional, ¿Lo harían? Se necesita mucho poder político y mucha popularidad para poder realizar una reforma de este estilo.

La segunda, y que en lo personal, yo Santiago González, es con la política que me caso, se trata de aumentar la edad de jubilación: antes cuando la gente vivía 60 años se pensionaba de 50, ahora que vivimos en promedio 75.2 años, pues nos deberíamos pensionar a los 65 años, ¿no? Esta sería una política en el mediano a largo plazo, pero de inmediato para tener una solución en el corto plazo la propuesta sería subir la edad de jubilación de las mujeres, es decir, ellas se pensionan de 57 años y nosotros de 62, pues entonces emparejemos y que los dos nos pensionemos de 62 años. Un argumento es que aparte de ser un asunto de igualdad (que tanto pelean), las mujeres al pensionarse de 57 años tienen menos tiempo para cotizar a pensión lo que se traduce, inexorablemente, en recibir pensiones más bajas respecto a los hombres. A ello se suma, que una mujer vive más que un hombre, es decir, fuera que tendrá que recibir una menor pensión, vivirá más que un hombre. ¿Les suena esta? Puede ser.

La tercera es aumentar el monto de la cotización: usted como empleado, de su salario le toca sacar una plata para aportar a pensiones, dinero que es suyo pero que no puede tocar. Suponga que gana $1’000.000 de los cuales le quitan $200.000 y no puede tocar, es decir, que su ingreso disponible son $800.000. Ahora suponga que ya no le toca aportar el monto anterior, sino que al aplicar esta política le toca aportar $300.000. Su ingreso disponible se tumba inmediatamente quedándole en $700.000. Si esta política se llegara a aceptar, fíjense que sería absolutamente regresiva: le va a reducir el ingreso disponible a un trabajador para mantener un club de pensionados estratos 5 y 6 y, aparte de todo, tumba el consumo del país. Lo peor no es esto, sino que esta política como reforma pasaría muy fácil en el Congreso con una argumentación engañosa, para el que no sepa del tema, como por ejemplo: el trabajador ahora va a aportar más para que en el momento de su retiro se pensione con más dinero (sí, claro). ¿Esta les suena?

La cuarta es aumentar la formalidad, y para aumentarla tenemos tres palancas. Con una de ellas que pueda accionar, cumpliría mi objetivo. Una es aumentar la tasa de natalidad con el objetivo que a futuro sean más los trabajadores y que así aporten al sistema. La otra es tumbar la tasa de desempleo: flexibilice el salario mínimo. Si quiere tener un resultado inmediato baje el salario mínimo a $500.000 y no se le ocurra la brutalidad de revivir las horas extras; es decir, no encarezca el trabajo. Colombia tiene el salario mínimo con más rigidez en la región y la tasa de desempleo (9,1%) es mayor que la tasa de desempleo del promedio de Suramérica (6,3%). Por último, trate de aumentar la formalidad: el ministro Cárdenas hizo algo y fue tumbar parte de los parafiscales, cosa que celebro, ya que me parece estúpido colocarle un impuesto a la persona que contrata. Cárdenas tumba los parafiscales del SENA e ICBF, pero no ha podido y creo que no podrá tumbar las cajas de compensación familiar. A CAFAM le costó 10 mil millones la camiseta de Millonarios ¡que fue financiada por un impuesto que impide contratar más gente! ¡Pero bien! Otra opción para bajar la informalidad es aplicar el salario mínimo regional. Esto quiere decir que no en todas partes del país el costo de vida es el mismo. Por ejemplo: sin en Yopal el pan vale $100 y el mismo pan en Bogotá cuesta $300, entonces que en Bogotá se gane la totalidad del salario mínimo, pero en Yopal que ganen una menor cantidad, debido que el costo de vida allá es más económico.

Como les mencioné son medidas altamente impopulares, cualquiera que se escoja afectará, sin duda, el bolsillo del colombiano representativo. Cuando les dije que yo me casaba con la segunda política no es porque me parezca la mejor, de hecho me parece que es la menos peor, pero políticamente es la más viable. Usted con un decreto aumenta la edad de jubilación, no necesita conciliación; a diferencia de las otras que requieren una reforma pensional y que, probablemente, algunas pasen, y otras no. Como consejo de alguien que próximamente será economista, le recomiendo invertir en finca raíz o ahorrar una generosa parte de sus ingresos (entre el 15% y 25%), porque su pensión serán sus ahorros o las rentas que le generen sus activos. Yo no comparto la Ortodoxia ni sus políticas neoliberales, pero quizás cuando evalúe, alguna le guste y acepte una de las políticas expuestas, descubrirá –así como me pasó– que lleva un neoliberal dentro.