Blog de la facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales

28 de enero de 2019

Perspectivas de Desarrollo para el 2019. La ruralidad: Parte 1

Por: Sebastián Sanabria

La política rural enfocada al desarrollo es difícilmente generalizable por las distintas y singulares dinámicas que son características de cada territorio; por otro lado, es primordial puntualizar que la Colombia rural no se limita única y exclusivamente a la explotación agrónoma o ganadera y otras actividades extractivas. Al hablar de ruralidad o “el campo” se hace referencia a la Colombia profunda, a los territorios relativamente lejanos de los centros urbanos, que, de una u otra manera, son mayoritariamente invisibles ante la institucionalidad y la ley.

El campo, ha sido históricamente olvidado por el Estado colombiano y, aunque en los últimos gobiernos se ha hecho un esfuerzo encaminado a la expansión institucional y la conectividad, aún falta mucho por hacer. Ante la llegada de un nuevo gobierno al poder, es imprescindible evaluar qué planes se tienen para el sector rural, más ahora, que las FARC, como organización armada ya no tienen incidencia en estos territorios; se celebraran las primeras elecciones locales post acuerdo de paz y cuando la ausencia del Estado, en los territorios que antes ocupaba dicha guerrilla, hoy desmovilizada, es más notable que nunca. El desarrollo rural en Colombia requiere mínimos para comenzar a plantearse. Conectividad y conflicto, son las tareas pendientes de Colombia para con los territorios apartados y periféricos. Si se logran gestionar estas problemáticas, es más que valido comenzar a concebir un plan de desarrollo integral, efectivo y a largo plazo. Entre tanto ¿Qué se podría esperar del campo colombiano en el 2019?

Conectividad: Infraestructura vial

Mejía y la Rosa plantean un concepto interesante para definir la nacionalidad colombiana. Una nación de naciones, una nación fragmentada. Su teoría trae a colación no sólo las evidentes diferencias culturales y étnicas sino también los preceptos que generan unidad y nacionalidad. Entre las múltiples razones que plantean para explicar la dificultad de construir una nación colombiana completa está el difícil acceso a las periferias. En ese sentido, fragmentado es un concepto clave para entender por qué en Colombia la falta de conectividad es un problema histórico, persistente y sobre todo perjudicial.

Colombia es un país geográficamente diverso, y en gran medida a ese factor se debe la desconexión del campo. Hace 30 años era imposible imaginar un túnel como el de La Línea o el mal finalizado puente de Chirahara, así que, aunque la geografía colombiana fue por muchos años una barrera para la conectividad, con las nuevas tecnologías y técnicas de ingeniería, cada vez es más fácil generar una conexión entre la Colombia urbana y la rural. Por otro lado, el dilema medio ambiental sigue siendo una constante que impide la vinculación de zonas singulares, como la Amazonía y el Darien, a los centros urbanos. En otras palabras, situaciones como no percibir servicios básicos de terceros o del mismo Estado, desligarse de la economía regional y nacional y, en algunos casos, la invisibilidad de las instituciones estatales, son solo algunos de los perjuicios a los que se enfrenta la Colombia campesina a causa de la desconexión.

Para el año 2019, la conectividad del campo colombiano está en vilo. Por un lado, la infraestructura nacional está relativamente en pausa especialmente en las regiones, a diferencia de las grandes ciudades como Bogotá y Barranquilla donde se centran los

esfuerzos. Obras como el Túnel de la Línea y la ruta del sol, concebidas para facilitar el transporte de mercancías y productos desde y hacia el centro del país, sufren hoy en día problemas de índole financiera y de ejecución por retrasos y corrupción. Además, en medio de la coyuntura del caso Odebrecht, muchas de las obras encargadas a la multinacional están paralizadas. Será entonces tarea de este gobierno enfocar sus esfuerzos en solucionar los problemas de la infraestructura vial y en diseñar más y mejores proyectos de conectividad, especialmente enfocados a las vías terciarias. Lo anterior no parece un problema grave para el gobierno, pues la infraestructura no es uno de los rublos sobre los que se hicieron recortes por la mal lograda Ley de Financiamiento, sin contar con las buenas proyecciones que hace la Cámara Colombiana de la Infraestructura.

Redes, comunicaciones e información

Por otro lado, la conectividad en términos de redes e información se ha convertido en una de las principales políticas públicas del gobierno de Colombia. Juan Manuel Santos es el gran referente en cuanto a la conexión vía internet por todo el país. Una bandera de su gobierno se centró especialmente en conectar los lugares de difícil acceso, desde la dotación de colegios en veredas casi deshabitadas, hasta la llegada del Wifi gratuito en todas las plazas municipales.

La información y sus medios de comunicación son una pieza importante en el ajedrez del poder; quien controla los medios de comunicación, controla la información con la que cuentan los ciudadanos. De este modo, las problemáticas relacionadas con los costos adicionales para conectar el 40% restante del país y la situación de los medios públicos de comunicación y su independencia parece que no han de llegar a buen puerto en el 2019.

En primer lugar, es importante definir el término “Ultima milla”. La última milla es el tramo final de cableado o conexión eléctrica que llega al consumidor final, ya sea de internet, telefonía o televisión. Este término es relativamente reciente y es casi que un indicador que muestra hasta qué punto las personas de un territorio tiene acceso a la información. En Colombia el acceso a internet es un derecho fundamental para todos y la última milla no parece ser una preocupación para el gobierno. Incluso el Banco Interamericano de Desarrollo está preocupado por el precario avance en esta materia. Sin embargo, es importante decir que la llegada de la última milla a todos los rincones del país no es tarea sencilla: los costos relacionados comparados con el beneficio que este pueda generar dejan un déficit. Construir la última torre de radio o el último kilómetro de cableado para conectar el lugar más recóndito de Colombia podría costar miles de millones de pesos, pero solo beneficiaría a una comunidad marginal de, a lo mucho, 20 personas.

En segundo lugar, los contenidos a los que todos los colombianos tienen derecho y fácil acceso, es decir, los medios públicos de difusión corren serio peligro este año a manos de la Ley de Convergencia del ministerio de las TIC´S. En términos sencillos, esta ley pretende acabar con la Autoridad Nacional de Televisión y cambiar el esquema de financiación, no destinándolo a contenido sino a tecnologías, además de la creación de un regulador convergente, es decir, un comité que solo integraría profesionales apartados del sector de la información y periodismo. Lo anterior podría poner el peligro la independencia de los medios.

Y es que el tema de la independencia y objetividad de los medios es muy importante. Territorios completos cuentan con la televisión pública como única fuente de información y

si esta última queda rezagada a la narrativa del gobierno, las comunidades no estarían, ni de lejos, completamente informadas. La preocupación por la independencia de los medios toma especial relevancia por la coyuntura actual relacionada con el exgerente de la RTVC, Juan Pablo Bieri y sus comentarios que dejarían ver, tal vez, las líneas del gobierno en este tópico.

Finalmente, queda más que confirmado que la conectividad de la Colombia rural es un peldaño que aún no se ha superado. El desarrollo del campo depende de este peldaño: que las personas con menos oportunidades comparativamente comiencen a tener facilidades como el acceso a internet e información de calidad a la vez que vías para comerciar sus bienes y servicios con los centros urbanos y reducir sustancialmente los tiempos de desplazamiento sin duda alguna, redundaría en una mejora en la calidad de vida de los campesinos. Pese a ello, cabe preguntarse, por ejemplo, ¿El desarrollo rural depende de la conectividad de la última comunidad del territorio más alejado? ¿Es el costo de la última milla una inversión inteligente para el desarrollo? ¿No sería comparativamente más beneficioso que más personas tengan acceso a la información a que unas pocas tenga redes de calidad? ¿Es mejor construir vías de primera generación para las dinámicas de la economía antes que vías de terciarias? Definitivamente, la conectividad rural es más compleja de lo que se piensa.