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14 de julio de 2015

La chicha, una tradición sabrosa

Por: Laura Morales

Muchos afirman que el corazón de Bogotá se encuentra en La Candelaria, famosa por su historia ancestral que retumba y conmueve a todo aquel que visita esta zona. Un sinfín de tradiciones coloniales se reviven a diario, una de ellas es la de la chicha. Al consultar su significado, la Real Academia Española nos remite a: “Bebida alcohólica que resulta de la fermentación del maíz en agua azucarada, y que se usa en algunos países de América” y es que así es. En el Chorro de Quevedo, exactamente  en la calle del Embudo, conviven y se reúnen docenas de jóvenes y extranjeros que con curiosidad y con ánimo de festejar encuentran a lo largo del callejón letreros de “sí hay chicha”, “chicha de colores y sabores”, “chicha en totuma”, “rica chicha”, entre otros. Es una bebida tradicional preparada por indígenas muiscas hace mucho tiempo, que en un principio se usó como recurso de alabanza a dioses, luego se convirtió en una bebida popular y deseada.

Desde sus inicios, dando la pelea

Esta bebida ha tenido varios enemigos. En 1948, luego del asesinato del caudillo Jorge Eliecer Gaitán, el primer ministro de higiene en Colombia declaró una ley que prohibía el consumo de la chicha, a ella se le atribuyó el desorden, comportamientos compulsivos que ocasionaba disputas por toda la ciudad, pérdida de la razón entre otras. Pero hacia 1991 cuando la  Carta Constitucional proclamó “el libre desarrollo de la personalidad”, poco a poco la chicha comenzó a elevar su consumo. En esta labor incidieron primordialmente los jóvenes, quienes fueron los que se dieron a la tarea de recuperarla y hasta el día de hoy, todos los fines de semana en el callejón el Embudo se reúnen a disfrutarla  en lugares como La totuma corridaChallet, Café del chorro que amablemente brindan su servicio.

Por otro lado, las industrias cerveceras al ver el fuerte grado de competencia que la venta de chicha les generaba, pusieron en duda su calidad y salubridad y promocionando los beneficios de la cebada lograron un mayor consumo. Sin embargo, doña Mercedes Bulla, doña Cecilia Delgado y doña Claudia Hernández han demostrado y recuperado su sana preparación con recetas ancestrales a base de maíz, clavos, anís, panela, canela  y su indispensable fermentación de aproximadamente ocho días en ollas de barro, claro está, cada una de ellas tiene su receta secreta revelada únicamente de generación en generación y sin olvidar lo que todas dicen: “agregarle mucho amor.”  A raíz de esto, hoy en día con el ánimo de innovar, Diego Torres, un joven administrador, vende chicha de sabores y de colores rojos, azules, amarillos, verdes, obtenidos a partir de la anilina, para que la chicha no sufra cambios en el sabor. Luego,  esta es servida en totumas en un ambiente hogareño y caluroso. “La chicha es muy rica y además económica, aparte de eso, estamos volviendo a la cultura de nuestros antepasados,” dice  Daniel Salamanca, estudiante de la Universidad La Salle.

A festejar se dijo

El legado que dejaron los indígenas en tradiciones como la chicha fue  adoptado desde el 9 de octubre de 1987 por  el barrio la Perseverancia, ubicado en el centro de Bogotá. Allí cada año se celebra el festival “La chicha, la vida y la dicha”, la idea proviene de una asociación comunitaria del sector llamado los vikingos. “Antes la gente se reunía en las chicherías para hacer sus festejos y descubrimos que para contar la historia de la Perseverancia, teníamos que remitirnos a estos lugares. El festival lo realizamos inicialmente como un homenaje a las personas más antiguas del barrio, ya que vimos que la chicha les evocaba mucha alegría” dice Luís Eduardo Ruiz Murcia representante legal de los Vikingos para El Portal de Bogotá. Además, en este festejo se observa una variedad gastronómica, bailes, obras teatrales, juegos familiares y productos a base de maíz. “El festival de la chicha ha llegado a ser tan importante que el 24 de junio de 2004 fue declarado como “evento de interés cultural” por el Concejo de Bogotá. Este es un esfuerzo que reúne  un completo legado de tradiciones milenarias que ha subsistido, a pesar de múltiples intentos de extinción, como un símbolo que representa el pasado y presente de toda una colectividad” declara Dina Paola Hernández  Redactora  para el Portal Bogotá.

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