Blog de la facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales

2 de abril de 2015

Eutanasia: ¿Vivir es un derecho o un deber?

Por: Ana María Arango D.

Valentina Mureira, una niña de solo 14 años colgó un video en su cuenta de Facebook en el que pedía a la presidenta Chilena que le permitiera morir; la fibrosis quística que padece hace de su vida un infierno. El llamado por la eutanasia de Valentina, se suma al que hiciera hace apenas un par de meses Brittany Maynard de 29 años y a quien un cáncer en el cerebro la llevó a tomar la decisión de programar su propia muerte antes de que la enfermedad, dolorosa e irreversible, lo hiciera por ella.

La fibrosis quística que aqueja a Valentina y el cáncer cerebral que padecía Brittany son enfermedades terminales, y como esas, miles de enfermedades progresivas, degenerativas y mortales acaban con las esperanzas de una vida digna de los pacientes que se enfrentan a la decisión de esperar la muerte o buscarla.

Etimológicamente término eutanasia hace referencia al buen morir, en otras palabras a morir sin dolor, y existen dos formas de practicarla. De una parte, la eutanasia pasiva refiere a la no prolongación de la vida por medios artificiales, es decir, a los pacientes terminales se les deja morir y solamente se les suministran paliativos para su dolor. La eutanasia activa en cambio, tiene lugar cuando la muerte es inducida, cuando se utilizan medicamentos que aceleran la muerte de quienes padecen enfermedades terminales.

La eutanasia pasiva no genera controversias, de hecho, se utiliza ampliamente en casi todos los países del mundo y organizaciones como Derecho a Morir Dignamente se encargan de preparar los trámites para que las personas, en pleno uso de sus facultades mentales, decidan no ser resucitados ni su vida prolongada artificialmente en caso de condiciones médicas fatalistas.

La eutanasia activa en cambio, está prohibida en la mayoría de países del mundo.

Un deber médico y político

La medicina fue creada y sigue en crecimiento permanente, para defender la vida de los seres humanos, no para terminarla.

La relación entre un médico y su paciente se fundamenta en la confianza y la simple posibilidad de la eutanasia podría socavar esa confianza; de hecho, si la eutanasia fuese una posibilidad, la tendencia natural sería a que los centros de investigación médica desestimen los proyectos que permitan encontrar la cura a enfermedades catastróficas y concentren los recursos físicos y financieros en otro tipo de enfermedades y pacientes.

De otra parte, es un deber médico y social proteger a aquellas personas que se encuentren en una situación de debilidad y vulnerabilidad que las ponga a ellas mismas en peligro, y ese es precisamente el estado de pacientes que enfrentan dolores insoportables.

En ese sentido, la mayoría de países del mundo prohíben cualquier práctica de muerte asistida bajo el fundamento (generalmente constitucional) de la defensa que debe hacer el Estado de la vida humana.

La legalización de la eutanasia comprometería entonces la ética médica y la ética política de las sociedades.

¿Vivir o morir? De los males, el menor.

Entendiendo la vida como un derecho, y no como una obligación, miles de personas se solidarizan con quienes deciden terminar con el sufrimiento que producen ciertas enfermedades. De hecho, el video de Facebook que puso Valentina en su muro recibió miles de “me gusta” y las declaraciones de Brittany fueron vistas y compartidas por otro tanto de ciudadanos en todo el mundo.

Lejos de ser exclusiva de ignorantes y deprimidos, la eutanasia es una decisión racional de quienes, conociendo su condición médica, prefieren una muerte controlada y menos dolorosa; tal es el caso del Dr. Christian de Duce, premio Nobel de Medicina quien decidió su muerte en mayo de 2013.

Para quienes apoyan la eutanasia, la libertad de quien toma la decisión de morir controladamente es fundamental y nadie debería tener el derecho de decidir sobre la vida de otro, particularmente de otro que está sufriendo dolores permanentes y degenerativos. Es por ello, que los países que han legalizado este procedimiento, como Canadá (que lo proclama como derecho fundamental) Bélgica, Holanda, 5 estados de Estados Unidos y el Norte de Australia, tienen requisitos objetivos para autorizarlo: la solicitud consiente y reiterativa por parte de un paciente terminal que sufra dolores intolerables y que sean certificados por el cuerpo médico.

Decisiones irreversibles.

Ni Brittany ni Valentina querían morir, pero efectivamente estaban muriendo y su calidad de vida no podía más que empeorar con el tiempo. La primera murió, tal como lo había decidido y la segunda, Valentina, sigue viviendo en Santiago de Chile, no solamente por que la eutanasia es ilegal en ese país, sino por que se arrepintió de practicársela.

La decisión del buen morir además de personal es institucional y debe ser entendida en sus dos dimensiones. De una parte, cada paciente debe asumir consiente y responsablemente una posición frente a su propia muerte, teniendo en cuenta la gran limitante de que esa, es una de las pocas de las que nadie tiene la posibilidad de arrepentirse. De otra parte, los Estados deben entender que la salud no es solamente física sino que además tiene componentes mentales, espirituales y sociales. Es necesario entonces que las sociedades defiendan tanto los derechos como las libertades de sus ciudadanos: a vivir, a ser atendido médica y sicológicamente y también, de ser el caso, el derecho a morir.

Recomendados Libre Pensador:

El Tiempo – Qué tan conveniente es darle el sí a la eutanasia

El país – El derecho a morir con ayuda médica

Associació Catalana d’Estudis Bioètics (ACEB) – razones del «si» a la vida y del «no» a la eutanasia