Blog de la facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales

22 de febrero de 2019

¿El amor, una reacción?

Por: Hambart Lozano

Cada ser humano en determinado momento de su vida ha experimentado eso que llaman amor, ha sentido nervios al primer encuentro con la persona que le gusta, ha buscado el tono que mejor combine con su piel para la primera cita, ha agitado ansiosamente sus piernas bajo la mesa, ha sentido mariposas en el estómago tras un pequeño beso, ha coloreado sus mejillas de un rojizo tono al recibir un cumplido, ha mejorado su estado de ánimo tras la íntima fusión de su cuerpo con otro, de la cual solo testifican  los besos presentes. No obstante, es de suponer que ha experimentado su contraparte, también ha llorado amargamente durante horas tras su primera ruptura, ha sentido que el mundo se le viene encima, ha experimentado la soledad, ha percibido el vacío en su corazón… Entonces bien, ¿qué es el amor?, algunos dicen que es un sentimiento, otros plantean que es la unión de complementos, mientras otros dicen que es una atracción sexual. Sin embargo, se plantea que el amor básica y científicamente es una montaña rusa ubicada en el cerebro, en la cual se presentan subidas y bajadas, que ocasionan todo tipo de sentimientos y acciones, determinados por hormonas y neurotransmisores.

Es relevante tener en cuenta que el amor no es perfecto, tal y como lo planteaban antiguas civilizaciones, pues los altibajos siempre se presentan. Para aquellos, lo único posible de acabar el amor hacía un amado es la muerte. La utopía del amor, sencillamente es imposible alcanzar, pues ya sea por mucha idealización o muchos defectos, el amor se transforma y el cuerpo testifica este cambio.

Tanto las hormonas como los neurotransmisores son sustancias segregadas por células que generan reacción en otras, y esto a su vez en el cuerpo. La abundancia de estas sustancias en el cerebro genera lo que se llama amor, por ende, su escasez produce falta de amor, traducido como desamor.

Dentro de las hormonas se postula las feromonas, una sustancia muy  particular, puesto que interviene en la atracción de la otra persona, mediante el sentido del olfato; vale la pena resaltar que también es un afrodisíaco natural, caracterizado por producir deseos sexuales.  Además, se  trae a colación la  testosterona y el estrógeno, hormonas sexuales del hombre y la mujer –respectivamente-, que intervienen en el apetito sexual; le dan el toque pícaro a la relación. Aunado a ello, se genera durante la relación una adaptación que produce cambios dentro de los dos amados, lo que hace  más fácil su convivencia. Finalmente, la oxitocina es la hormona encargada de crear conexiones fuertes, los conocidos lazos de amor. Se manifiesta en mayor medida cuando hay contacto físico, por ejemplo, esa satisfacción tras el orgasmo en muchos seres hace que expresen el crecimiento de su amor, por lo que se puede decir que la oxitocina reafirma o aumenta el amor que siente al amado y el amador.

Por su parte, en cuanto a los neurotransmisores se argumenta que existen  otras tres sustancias relacionadas directamente con la explicación del amor; este va más allá de sábanas blancas y de pétalos de rosas.

En un primer momento, se halla  la dopamina, neurotransmisor que produce sensaciones de satisfacción y produce la idealización. Si se observa, cada ser humano al estar enamorado enamorado — tiene la dopamina elevada—, siempre ve a su pareja perfecta, por más defectos que esta tenga. Pues las personas solo se centran en las cualidades, aunque haya 1000 defectos de por medio, primarán las cualidades. Por lo anterior, el príncipe azul o la princesa rosa, están sujetos a los gustos de cada ser humano y a las cualidades que el amador vea en el amado.

En segunda instancia, se encuentra la serotonina, sustancia que mantiene en los seres humanos el equilibrio de los estados de ánimo, pero que en las relaciones amorosas además de cumplir esta función, produce el pensamiento constante en otra persona –en el amado-. Y se considera es verdad, o acaso ¿no han estado en clases y de un momento a otro empiezan a pensar en qué podrían hacer con su pareja, o con qué podrían sorprenderla? De acuerdo con un estudio realizado por Helen Fisher, el 90% de los seres humanos enamorados piensan todo el día en su amado. No obstante, es el pensar en la otra persona lo que puede -con exceso de serotonina– volver obsesionadas a las personas y sí, llevarlas a morir de amor.

Por su parte, la feniletilamina se encarga de las mariposas en el estómago, las manos sudorosas y las piernas bajo la mesa, al momento de ver al ser amado, al momento de rozar su mano, es la ya mencionada sustancia la encargada de producir más energía para realizar ciertas actividades por el ser amado. Al momento de finalizar el día, tras una acumulación de cansancio, solo se quiere dormir, sin embargo se está chateando con la otra persona. Es en ese instante en que la feniletilamina entra a jugar y sin esfuerzo alguno el amado y el amador pueden desvelarse, sin importar cuán cansados estén. No obstante, también produce  depresión cuando se sufre una decepción amorosa,  la cual no permite ver qué se come y come helado para superar la tusa.

En resumen, son las sustancias químicas producidas en el cerebro las culpables de cada acto, sensación y sentimiento de amor. La montaña rusa que permite a lo largo de la vida ver esos altibajos. Es más, mediante las sustancias anteriormente mencionadas se puede medir el amor y determinar a quién se ama más en el transcurso del tiempo.

Para finalizar, agrego que no hay ni tiempo, ni lugar para predecir en qué momento se presentará una reacción de amor sincero, pues hay reacciones que se generan a través de un impulso, pero no son amor verdadero. Por lo cual la invitación es a esperar y disfrutar cada momento, pues si bien es cierto lo que sentimos una vez en la vida, no se vuelve a repetir, las conexiones se dan una vez en la vida, y pueden presentarse millones, pero ninguna como la otra.