¿Y si Uribe hubiera dicho que sí?

Por Esteban Alexander Salazar Giraldo

martes 18 de octubre de 2016

El sentimiento de desconsuelo e incertidumbre que se vivió el 2 de octubre es algo que, tal vez, no se repetirá en la historia del país. En los anales de la República reciente, nunca se había dado una oportunidad para culminar el conflicto armado con las FARC, como la que tuvimos en el marco de los Acuerdos de Paz. La radiografía que se puede observar del resultado electoral es prueba fehaciente de la patología colombiana: una sociedad con una disonancia cognitiva social profunda. En otras palabras, un país que danza constantemente en la incoherencia y desarmonía entre lo que piensa y lo que hace.

A la pregunta inicial, ¿y si Uribe hubiera dicho que sí? Seguramente si hubiese hecho él el mismo acuerdo, o hubiese dicho que sí lo respaldaba, hoy serían más de 12 millones de personas las que lo apoyaran. De hecho, si Uribe hubiese sido el negociador y Paloma Valencia hubiese su jefa de medios, posiblemente le habría bajado a la tosquedad y le habría subido al tono diplomático; sin embargo, no puedo justificarme en lo que hubiera sido.

Más bien, lo injustificable de este hecho, es que lo que se demostró en las urnas no fue ninguna manifestación democrática. El colombiano de a pie, ese que hace parte de la clase media trabajadora, no buscaba legitimar ningún acuerdo de paz; por el contrario, buscaba castigar las torpes intenciones de políticas inoportunas que contrariaban la intachable moral cristiana del país o una reforma tributaria que se tiene que hacer por necesidad coyuntural. Como resultado, lo que sí salieron a legitimar fue el fantasma de la seguridad democrática que les permitió regresar a sus fincas, a ese ex presidente de mano firme y corazón grande que los clavó en la salud y el empleo.

Así, pues, no tiene ningún asidero que salgan a vociferar que ganó la supuesta “oposición”, porque el Gobierno actual enarboló sus banderas de campaña con las mismas que hoy tiene talanqueras para concertar un acuerdo. A eso no se puede llamar oposición. Precisamente, uno de los puntos del Acuerdo buscaba darle garantías a la oposición real, de ser esta una democracia, no habría tenido por qué negociarse este punto. No se puede hablar de una democracia cuando no hay garantías, así como tampoco se puede hablar de democracia cuando no hay oposición cierta, porque la verdadera oposición en el país ha sido asesinada de forma vil y descarada. Según el Centro de Memoria Histórica, en las últimas tres décadas han sido ultimados aproximadamente trescientos líderes políticos y sociales, tan solo en las zonas rurales de Antioquia. Este último, departamento en el que casualmente arrasó el No.

Es insensato, entonces, pensar que la gente salió a votar el acuerdo de paz. Uribe logró lo que logró Goebbels, al mejor estilo de la campaña Nazi: identificó al pobre con la idea que el rico “judío” le arrebató todo. Así, Uribe utilizó como enemigo común a “Las Far” <Sic> para justificar sus mentiras, pero le falló el cálculo porque en las filas de las FARC hay colombianos, colombianos víctimas de un Estado que le ha dado la espalda al campo con más de 5 reformas fallidas al agro, tan sólo durante el siglo pasado. Un Estado que ha erradicado la verdadera oposición de forma sistemática, pero que ha premiado a paramilitares en el Congreso.

Sebastian Haffner, un gran periodista judío, en su libro Alemania: Jeckyll y Mr. Hyde, hace una radiografía de la sociedad Nazi, en donde resalta que el mayor victimario no fue Hitler, ni su partido, fue la misma indiferencia de los alemanes que callaron y fueron cómplices. Una realidad muy parecida a la que crearon los abstencionistas en Colombia. No es más asesino quien dispara las armas que quien lo permite.

El análisis del mensaje de las FARC el 2 de octubre, requiere menos sensacionalismo y más profundidad. Más allá de la voluntad de paz que han manifestado, está el hecho que durante 4 años negociando, el Ejército abonó terreno para el momento en que fallaran las negociaciones, lo que hoy en día deja expuestas a las FARC en una desventaja militar de regresar a las armas. En efecto, Rodgrio Londoño, alias “Timochenko”, no salió expresando su descontento con los resultados del plebiscito y pidiéndole a Santos que le permitiera replegarse para retomar la lucha armada porque evidentemente, no hay garantía alguna.

No me considero un mal perdedor, la reflexión que he construido a partir del 2 de octubre es que no tolero que se construya una “victoria” a través de mentiras. Si fuera tolerante con esto, le daría la espalda a quienes fueron “derrotados” en búsqueda de la paz porque la violencia les marchitó sus hojas; así como todos aquellos que lucharon porque no salieran victoriosas las mismas élites de siempre. Yo no veo un país dividido, sino un país indiferente; un país en donde tenemos a Uribe; pero muy seguramente cabría preguntarnos ¿Y si le decimos que No en las elecciones del 2018?


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