¿Y si nos sentamos a criticar?

Por Isabel Arango Uribe

domingo 25 de octubre de 2015

El dinamismo de la sociedad colombiana es palpable e innegable, tenemos un proceso de paz, alimentado por críticas y deslegitimaciones que nos pisa los talones, y a su vez, una situación fronteriza que no nos permite en nuestros tiempos libres divagar. El escenario fronterizo, más allá de dificultarle al Gobierno la lucha con el clásico conflicto armado nacional que ahora mutó para convertirse en justicia transnacional, consiguió a su vez, que el Presidente Venezolano como algunos le dicen, haya logrado ahogar en el río Arauca cualquier gramo que le quedaba de humanidad.

Con estas transformaciones políticas, económicas y sociales, que está viviendo el Estado colombiano es importante solo sentarnos a criticar, sin actuar y sin pensar más allá. La gestión, la gobernanza y la democracia participativa al fin y al cabo nos han demostrado que nada podemos cambiar. Alejemos entonces a la Academia, quememos todos nuestros periódicos y racionemos el uso de internet. Empecemos hacerlo ahora ya que pronto se acercan las tan inefectivas elecciones locales.

Pero antes de ignorarlas ¿Que son aquellas elecciones locales? Bueno, son tan solo espacios subestimados de participación ciudadana, para poder otorgarle a la acción pública cierto grado de transparencia, fundamento social y legitimidad. En este contexto participativo se espera que la ciudadanía sea eficiente y activa, bajo la vinculación de procesos de accountability social. La efectividad de estos espacios se supone se logra con votos, votos limpios y reales, votos empapados de coraje administrativo y ambición de desarrollo capital y local, votos que no existen y que no se tienen porque todos cumplimos la tarea de meramente criticar. Dado el remoto y rarísimo caso que decidiéramos votar ¿Por qué o por quién votamos? Las figuras públicas que simbolizan aquella democracia territorial son: los Gobernadores departamentales, los diputados de la Asamblea departamental, los Alcaldes y Consejos municipales, y los ediles que son integrantes de la Junta Administrativa Local.

Tal vez lo mejor de las elecciones locales es que todavía seguimos creyendo que ninguna de estas figuras merece el reconocimiento que tiene una campaña presidencial en nuestro territorio competente. La figura más desconocida en estas micro-elecciones y a mi parecer la más importante, es la del Edil. Esta figura se creó con el fin de profundizar la democracia y la descentralización. Estos miembros de corporaciones públicas llevan la posibilidad (obligatoria) de participación y de toma de decisiones a la puerta de nuestras casas, ¿el problema? es tan desconocido su papel, sus funciones y sus alcances que muy pocos saben hacer uso de ellos.

¿Pero cuál es el problema? Si hemos elegido, hemos decidido olvidar e ignorar. Siendo muchos de nosotros presos del letargo cultural ¿ahora qué? critiquemos los huecos de localidades invadidas por ellos como Usaquén, critiquemos la inseguridad, critiquemos el deterioro ambiental, la corrupción y la ineficiencia institucional. Sentémonos el próximo 25 de octubre en nuestras camas, acerquémonos después alguna de nuestras ventanas y miremos como nadie hace nada más allá de criticar, para empoderar a estos ciudadanos como los Ediles que tienen una posibilidad real de mejorar y solucionar los problemas que nos sofocan día a día en nuestra localidad.


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