La doctrina del shock: el neoliberalismo en cuestión.

Por Jesús María Ríos Trujillo

14 de octubre de 2016
Imagen: Grafiti de Banksy. Tomado de: https://es.pinterest.com/pin/59109813831781865/

La doctrina del shock, según la periodista canadiense del New York Times Naomi Klein, es una teoría de la historia basada en conceptos psicológicos propios del hombre, y casos históricos para comprobarlo. Plantea que un estado de shock genera una desorientación y abre paso a los seguidores del neoliberalismo para generar procesos de privatización. De esta manera se asegura que, con el tiempo, las empresas extranjeras han entrado a competir y absorber las economías débiles del mercado de la región en shock. Esta teoría, aunque es estudiada por Naomi Klein en su libro, complementa las estrategias de privatización estudiadas por Milton Friedman (1912-2006), quien es considerado el padre del neoliberalismo.

Friedman era un economista neoliberal y defensor de la doctrina del libre mercado. Fue asesor de numerosos líderes políticos alrededor del mundo y debido a esto logró implementar lo que Klein llama la doctrina del shock.  Esta doctrina está dirigida a que los mercados fuertes disuelvan las instituciones económicas públicas de otros países. Se observa, como lo comenta Klein, que incluso en los Estados Unidos, Friedman buscaba que el Estado dejara de convertirse en promotor de bienestar material y se limitara a la visión política del país, así como a la administración de su política exterior. Estudiemos algunas de las premisas principales del capitalismo de shock.

Los desastres naturales vistos como oportunidades de negocio

En el 2005, antes de la muerte de Friedman, EE. UU. enfrentó una catástrofe natural en New Orleans. La inundación produjo la destrucción de gran parte de la infraestructura de la ciudad y como último aliento antes desde que partiera de este mundo, Milton Friedman, dejó en “The Wall Street Journal” la idea para que los empresarios neoliberales aprovecharan “la oportunidad”. Propuso entonces una reforma total del sistema educativo, ya que todas las escuelas estaban en ruina, que consistía en que entidades privadas se encargaran de la administración de la educación. No tardó mucho antes de que entidades aprovecharan la última iluminación neoliberal de Friedman para convertir las escuelas públicas de la ciudad destrozada en “escuelas chárter”, en donde la administración era plenamente privada. Así la ciudad perdió el control de su educación pública.

Las dictaduras resultan perfectas para imponer el neoliberalismo

Aunque esta fue su última intervención no fue, ni de cerca, la más controversial de todas. Durante el derrocamiento de Salvador Allende en 1973 y la posterior subida de Pinochet, la escuela de Chicago se lanzó a experimentar en Chile la doctrina del shock. Después del golpe de Estado la población chilena se encontraba sumida en el desorden y la indignación, no solo por el hecho de que no fuera legítima la administración actual, sino porque los crímenes que empezaron a acontecer poco a poco tocaron fibras sensibles de la población. Este desorden institucional sumado con el desequilibrio psicológico de la población chilena fue el espacio perfecto para que Friedman probara sus teorías económicas. No tardó en llegar una carta de Friedman a Pinochet mostrándole la solución perfecta a la crisis económica que enfrentaba Chile. Aunque hoy en día se considera que la intervención de Friedman en esta coyuntura fue un éxito ya que las condiciones económicas de Chile son bastante fuertes, la legitimidad de Pinochet siempre fue altamente discutible por todas las muertes y represiones que se producieron durante su gobierno. Al punto que enfrentó múltiples procesos por genocidio, terrorismo internacional, torturas y desaparición de personas realizado por el juez español Baltasar Garzón. En la carta que Friedman escribe a Pinochet hay factores fundamentales como la reducción del gasto público, la privatización de las empresas públicas y la necesidad de una deuda externa.

Las crisis de desempleo: otra oportunidad de negocio

Desde el 2008 los gobiernos de España, y de la mayor parte de Europa, han venido predicando y aplicando una serie de políticas de austeridad que recortan parte del presupuesto del Estado con el fin de salvar sectores vulnerables a la crisis y asegurar medidas para su salida. Lo interesante de este tema es que, desde que la crisis golpeó al país, los habitantes se encuentran muy descontentos porque todas estas medidas los afectan a ellos. Los planes de austeridad apuntan fundamentalmente a una cosa: lo público.

Los planes propuestos por la Unión Europea tratan de salvar la banca y la inversión privada a costa de la inversión pública. El estado de shock de la población española fue la misma crisis que se acentuó gravemente debido a la deuda tan inmensa que generaba la inversión en los años de bonanza. Aunque pareciera que este estado de shock no es tan fuerte como el golpe de estado de Pinochet o una catástrofe natural, observamos que hoy en día la población española se ve inmersa en una cantidad de recortes y ajustes al presupuesto público. Es un shock prolongado que ha llevado a innumerables situaciones en donde las personas pierden sus casas, pierden sus trabajos, no tienen acceso a la salud y lo peor de todo: no existen garantías de un cambio para esta situación.

¿Y en Colombia, que…?

Un caso más cercano a los colombianos es la venta de ETB. Una empresa pública que presenta excelentes cifras en sus diarios fiscales que fue vendida este año. Aunque mucha gente estaba consciente de la calidad del servicio prestado y por otro lado el hecho de que es pública; hubo un acontecimiento que marcó la caída de ETB. El desmantelamiento del Bronx provocó que se desviara la atención de la venta de ETB, que fue finalmente aprobada a pesar de ser considerada “uno de los mayores activos de la ciudad”.

Aunque los resultados de utilizar la doctrina del shock sean bastante efectivos en términos económicos, siempre vemos que estos procesos atentan contra dos valores fundamentales de la ecuación. El primero es la propiedad pública que se pierde, desde un punto de vista nuestra propia fortaleza económica que es entonces sometida a los mercados fuertes, para que impongan sus medidas con alto margen de maniobra. Se puede inducir que la doctrina del shock una forma de perder nuestra autonomía económica sin que esto produzca mayores problemas político-sociales. Por otro lado, la dependencia de los mercados extranjeros aumenta considerablemente. Finalmente, todas estas aplicaciones demuestran una serie de anti-valores que no se justifican: la ambición política y el déficit de ética en las finanzas son solo algunos de estos. Además, hay un alto grado de cinismo en considerar que todo es una oportunidad de negocio, incluso las situaciones en las cuales las personas se encuentran en las más difíciles condiciones. El objetivo de toda acción política se pervierte volviéndose anti-humanista y materialista. Se degradan de esta forma los valores sociales como la cohesión y la solidaridad, primando el individualismo.

Referencias El Libre Pensador FIGRI:

El Destape – La carta que Milton Friedman le envió al presidente de facto.

El Diario – La crisis como excusa para una doctrina del shock.

El Tiempo – Concejo de Bogotá aprobó la venta de la ETB en comisión.


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