Colombia: “… Terrible es la fuerza del destino”

Por Manuela Barrera Cubides

2 de noviembre de 2015
Imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Antigone_5370-michelides.jpg

En un país donde la infraestructura para el teatro y espectáculo es insuficiente, y aún mucho peor en una cárcel, Johana Bahamón logra lo imposible. Las reclusas dieron a conocer su talento y gallardía en el reinado que se organizó en la cárcel del Buen Pastor, en el que la actriz colombiana participó como jurado, ella quería volver, trabajar con ellas, una reacción bastante extraña, pues  puso todos sus esfuerzos en un fin.

Entonces nace una obra “La casa de Bernarda Alba” de Fernando García Lorca bajo la dirección de Victoria Hernández, que relata la reprensión femenina, la voluntad de sobrevivir a cualquier precio. Las reclusas se presentan ante muchos escenarios y, efectivamente, allí calman todos sus miedos y expresan su ira, limpian el alma, al presentarse ante un público.  Tal vez, un gran desafío, pero allí, justo en ese momento, surge una realidad desgarradora: qué tan dura es la vida de una reclusa, privada de su libertad. La  libertad, entendida como el bien más preciado del ser humano, aunque también es cierto, que quien comete un delito debe solventar la deuda con la sociedad. Nacen buenas acciones: una actriz disfrazada de buenas intenciones, crea la Fundación Teatro Interno, que tiene como objetivo principal beneficiar a la población carcelaria, optimizando sus capacidades por medio del arte. El arte que propiamente no es bello, pero intenta hacer sentir algo.

El arte como una crítica hacia la libertad

Un gran servicio social que muy pocos emprenden, eso fue lo que se propuso Johana Bahamón una empresaria de 32 años, quien estudió Administración de Empresas en el Cesa. Creó la Fundación Teatro Interno que es una entidad sin ánimo de lucro, que no es  una portada para la evasión de impuestos, realmente, es una fundación para el servicio humano, creada en el 2013 para enaltecer y honrar la calidad de vida de las presas. Tiene como objetivo transformar y reconciliar a la población condenada con la población civil, que es un hecho innegable, para lograr  un entorno pacífico. Busca aportar un cambio de conciencia que necesita el país, transformando  seres humanos a través del teatro; porque el teatro sana y contagia, esto por medio de tres programas: teatro Interno, crecimiento Interno y trabajo Interno en el que se incluyen más de diez actividades a las reclusas.

Cabe resaltar la importancia de crecimiento Interno, uno de los programas presentados por la fundación, porque es allí donde realmente se les tiene en cuenta a las reclusas como humanos respetados, con una realidad inocultable. Clases de yoga, zumba y danzas, ahora pueden acceder a ellas, gracias a la orientación convencional entre el Ministerio de Justicia y empresas privadas,  en esta jaula de deterioro, en  donde la dignidad de las personas está casi ausente.

‘Yo soy Antígona’

“Nosotras no representamos el dolor, ni la tragedia, sino la dignidad, la valentía y el trabajo de millones de mujeres. Fuimos víctimas el día que nos abusaron y nos maltrataron. Hoy nos declaramos sobrevivientes y luchadoras” así es como se da inicio a esta obra, “Yo soy Antígona”, que relata la lengua del encierro, el dominio y, en cierta parte, el arrepentimiento por los crímenes alguna vez cometidos. Esta obra que iba a ser  censurada, muestra, sin temor alguno, el dolor de las reclusas, sin tapujos.

Al final de la presentación del grupo Teatro Cárcel Buen Pastor, las reclusas le exigieron a Yesid Reyes, ministro de justicia, cárceles decentes, en las que los alimentos estén en condiciones óptimas para ser comestibles, en las que haya una mínima atención médica, en las que la mujer no sea símbolo de violencia y maltrato,  en las que haya permisos flexibles para ir, por lo menos, a los entierros de los familiares: cerca de 2.400 mujeres que perdieron su libertad, esperan que sean concedidos sus deseos.  Según la Defensoría del Pueblo en 2005, mujeres de 31 años en edad promedio estaban presas en la cárcel Buen Pastor. Muchas con un elemento común: el dolor, el abandono o el maltrato físico y psicológico

Además de la realidad que habita en  las presas, es cruel el hacinamiento en el que se encuentran y los deficientes programas de resocialización dentro de los penales.  El hacinamiento y las pésimas condiciones carcelarias hacen difícil la resocialización con el estudio o  el trabajo. La resocialización que en el sistema penitenciario se llama reinserción social positiva, en donde se establece que el sistema carcelario castiga al sujeto que cometa delitos, pero ese no es el fin en el que empeñan todos sus esfuerzos, en realidad  buscan brindarles un tratamiento que permita el posterior reintegro a la sociedad.

 Y es que es entendible no querer vivir en esa tumba de piedra. Se necesita justicia y libertad, entendida desde su concepción más básica: la capacidad del ser humano para disponer según su propia voluntad y deseo. Es esta libertad  el tema de más amplio debate en justicia y libertad reciente. Claramente cometieron errores y deben asumir las consecuencias, pero en condiciones dignas.

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