¡Sí se pueden decir cosas nuevas!

Por Daniel Del Castillo R.

27 de abril de 2016
Imagen: Tomada de: https://www.google.com.co/search?q=innovacion&espv=2&biw=1918&bih=898&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwioyqCIw-TLAhXIXh4KHT_bDJ8Q_AUIBigB#q=innovacion&tbm=isch&tbs=isz:lt,islt:xga&imgrc=Hy1yt-fPga0K-M%3A

En vistas a ser objetivos, pero sabiendo plenamente que no lo podemos ser completamente, tomamos prestados a la ciencia varios elementos del método científico. En el presente artículo, analizaremos brevemente las posibilidades que se nos ofrecen en el descubrimiento científico, de plantear nuevas verdades y nuevas ideas, que pueden favorecer a la sociedad.

En 1976, Karl Popper escribía: “Porque fue mi maestro quien me enseñó no solamente cuan poco sabía, sino también que cualquiera que fuese el tipo de sabiduría a la que yo pudiese aspirar jamás, no podría consistir en otra cosa que en percatarme más plenamente de la infinitud de mi ignorancia”. Hemos de considerar con profunda humildad lo que podemos saber, y conocer como una verdad. En este sentido, es imposible la sabiduría absoluta entre los hombres, solo Dios puede saberlo todo y en todo momento, cualquiera que sea nuestra definición de la idea de Dios. Resalta en esta cita la fortaleza de que la única verdad, es que no podemos saber nada a ciencia cierta, incluso en los casos de ilusión de absoluta certeza: “solo sé, que nada sé”, diría Sócrates.

Fundamentos del pensamiento científico

La ciencia moderna nació en Occidente hace aproximadamente unos cuatro siglos, con la publicación en 1637 por René Descartes del Discurso del Método para dirigir bien la razón y hallar la verdad en las ciencias. Finalmente, el resultado de todo proceso de investigación es encontrar esa verdad profunda sobre el funcionamiento del mundo y de las sociedades. Desde entonces, tantas verdades y contra-verdades han sido presentadas, defendidas, discutidas, debatidas y criticadas, que finalmente la epistemología de la ciencia planteó el amplio relativismo de lo que se puede considerar como una verdad. Esta depende de la posición desde la cual se está observando tal o tal acontecimiento, de las representaciones mentales que nos hacemos al respecto, y de una serie de otros factores como los intereses personales o la ideología política. Progresivamente vamos construyendo nuestra verdad propia: nuestra verdad personal. Luego, a partir de ahí, se construye la realidad no como algo que existe en sí mismo de forma integral, sino como el producto de una serie de representaciones individuales. Estas no se agregan las unas a las otras para formar la realidad, sino que se establecen preceptos, y sobre estos principios de acción, y sobre estos comportamientos sociales. Por ende, no habría una sola verdad en las ciencias sociales, sino una serie de verdades compartidas hasta cierto punto. Estas definen no solo las opiniones que encontrarán salida política a través de los mecanismos de participación democrática y en particular, el voto; sino que también moldean la realidad de muchos otros que no participan directamente de su construcción. La realidad tiene en ése sentido una dimensión de poder (Foucault).

¿Es posible decir cosas nuevas?

Hoy en día los debates epistemológicos y del método de la ciencia, nos llevan a replantearnos supuestos teóricos y verdades que se daban por hechas. No solamente los paradigmas, definidos por Thomas Khun en su libro La estructura de las revoluciones científicas (1963), se adaptan mejor al descubrimiento científico y el planteamiento de la verdad: algo es verdadero en determinado tiempo, y en determinado lugar, hasta que surja una verdad que contradiga la primera; sino que toda verdad se presta a discusión y debate, por lo que no hay verdades absolutas. Por otro lado, se ha desarrollado una manía en el descubrimiento científico, en defender la idea que ya todo está dicho, que ya todo fue descubierto, que ya no hay nada nuevo por descubrir.

Queremos criticar a continuación, y en consideración de lo anterior, que esta idea no puede ser tomada – tampoco – como absoluta. En efecto, en el descubrimiento científico no se pone en tela de juicio aquí ni la necesidad preponderante de la investigación, ni la revisión juiciosa de la literatura, ni el estado del arte de una cuestión, que son todas etapas de análisis metodológicas rigurosas de una investigación. Tampoco se considera que en un trabajo académico con sustento científico, como lo es el ensayo, se pueda cambiar el mundo. Se necesitaría toda una obra para eso…

No obstante, este proceso es tomado por muchos como una prolongación continua del estudio científico del tema, sin que haya lugar a la originalidad y a la innovación. Consideramos que esta postura es peligrosa, porque como lo afirmaba Descartes, el objeto del método es hallar la verdad en las ciencias. Dicho de otra manera, hallar, encontrar, cambiar de metodología, combinar las disciplinas, realizar aportes desde todas las ciencias sociales, encontrar relaciones que no eran evidentes o que no han sido ampliamente vistas por todos, son maneras, y caminos a seguir para pensar bien y sobre todo para descubrir algo. Nunca se debe cerrar la ventana de la innovación científica. Todo lo que acontece finalmente hace parte de un movimiento histórico, de un proceso histórico y por ende, inevitablemente va cambiando. Aquello que se resiste al cambio, es interesante observar porqué sucede esto, y proponer como podrían mejorar las cosas. Es posible plantear nuevos paradigmas, nuevos enfoques, nuevas verdades. Podemos ver las verdades que van cambiando, y lo que era verdad ayer ya hoy no lo es más. Se trata de una adaptación del método al tiempo.

Posibilidad para la originalidad.

Finalmente, queremos defender la idea que la originalidad es posible. No solo es posible, sino que es deseable. En efecto, esta postura deriva de la idea que para acceder al conocimiento científico, objetivo, comprobable y razonable, se debe romper con los lugares comunes y las generalizaciones. ¿Acaso no es posible replantear una verdad aceptada? Sí lo es, no solo es posible sino deseable. Sobre todo, si esa verdad implica una serie de disposiciones de poder que afectan a alguien en particular, o a un grupo de personas en general (una minoría).

Las verdades que implican problemas de orden social, económico y político abundan hoy en día. Sin querer caer en una enumeración odiosa, gusta la idea de replantear esas verdades, para originalmente inventarse otras verdades y otras sociedades, que se adapten mejor al cambio transhistórico de las mentalidades. El conocimiento científico es infinito. Para finalizar, dos ejemplos de personas que aportaron cosas nuevas: Robert A. Dahl, descubrió la manera de potenciar nuestras democracias hacia mayor participación política; y Pepe Mujica, ex presidente de Uruguay (2010-2015), quien presentó una nueva forma de hacer política, vanguardista y acudiendo a las necesidades de las poblaciones en sociedades de mercado altamente complejas. Algo similar a lo que está haciendo el primer ministro Trudeau en Canadá actualmente.

Referencias El Libre Pensador:

Youtube – ¿Cómo nace un paradigma?

El Tiempo.com – El mundo necesita más mujeres que hagan ciencia. 


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