¿Qué vino primero, la paz o el posconflicto?

Por Luis Miguel Chitiva C.

lunes 10 de octubre de 2016

¡Que tiempo para estar vivo! Todo se resuelve con un simple juego de palabras. Confundimos reparación ligada al enfoque de género con ideología de género; condenamos la paz con impunidad pero luego hablamos de amnistías; e incluso confundimos acuerdo de paz con dictadura homosexual. Pensé que ya teníamos suficiente con aguantar a Nicolas Maduro nombrar todo en masculino y femenino, ejemplificando de manera excepcional con su famosa frase “vamos a entregar millones de libros y libras”.

En esta maravillosa época en la que la influencia nos permite tergiversar un poco las cosas -solo un poco para no parecer descarados-, aprovecharé la poca que tengo para replantear la vieja discusión sobre el huevo y la gallina: ¿viene primero la paz y luego el posconflicto? Lo que diría nuestra aclamada Señorita Antioquia de hace un par de años sería que esto podría ser planteado del mismo modo y en el sentido contrario, sin embargo, me niego a pensar igual. Tal y como el huevo efectivamente vino antes que la gallina, el posconflicto viene de manera obligatoria antes que la paz.

Un exitoso posconflicto es la causa que llevará como consecuencia la creación de una paz estable y duradera. Un acuerdo de paz, formulado de manera excepcional y avalado por organismos nacionales e internacionales, se quedará en pañales al salir del papel a la implementación y enfrentarse a una población que se rehusa a acogerlo. Insistir en la implementación de unos acuerdos con 6.000.000 de personas que expresaron su malestar públicamente ante el, no solo es irresponsable sino también peligroso. La firma de unos acuerdos de paz no lleva al posconflicto. Nada asegura que el conflicto se acabe al firmar un acuerdo y más aún, uno que está en vilo por el poco convencimiento que ha generado en la población. Sin embargo, lo que si asegura la paz será la implementación de los acuerdos de manera en que los objetivos propuestos tengan la mayor posibilidad de cumplirse y por tanto asegurar el posconflicto deseado.

No veo otras soluciones en esta época de incertidumbre que renegociar o hacerle mas campaña al Si, con argumentos, sin insultos y generando el ambiente propicio para la implementación de los acuerdos. Cuatro años de negociaciones no se pueden desperdiciar y si bien muchos de nosotros estamos convencidos del éxito de lo acordado, gran parte del país no lo está. La invitación es a la presión para que se entienda la importancia de un acuerdo de paz para el país pero también que se entienda que lo que verdaderamente importa es un posconflicto exitoso y no la implementación de unos acuerdos de paz entre las FARC-EP y el Estado Colombiano. Convencer e informar es lo que queda por hacer. El día que ningún colombiano crea que lo que se viene será una dictadura castrochavista homosexual, será el día en que este país estará listo para la paz.


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