Paz en medio de la tormenta

Por Juan David Echeverry

5 de septiembre de 2016
Imagen: Marco Pecker modificada AnaMaría Arango

Según la Defensoría del Pueblo, las BACRIM están en 27 de los 32 departamentos que tiene el país. El reto que estas representan para la seguridad del Estado colombiano y para las garantías al proceso de paz es contundente, y es que el accionar de estas bandas no se limita al control de pequeños territorios, sino que ha escalado de forma que ha desembocado en mayores problemáticas sociales y económicas, al punto de convertirse en el nuevo fenómeno paramilitar en Colombia.

El término de BACRIM fue designado por la Policía Nacional para nombrar a las bandas de crimen organizado que operan en el país, sus orígenes datan en los procesos de desmovilización con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en los cuales, rezagos que no se sometieron al proceso de paz adelantado por el expresidente Álvaro Uribe y algunos que si se sometieron, tomaron la decisión de seguir delinquiendo, creando de esta manera nuevas agrupaciones que en un futuro se organizarían de una manera más sólida.

Conformadas por las Águilas Negras, el Clan Usuga y los Rastrojos entre otros, operan en varias regiones del país, financiándose con el narcotráfico, la explotación y usufructo de minas ilegales, la extorsión y la apropiación ilegal de tierras, se han consolidado como una de las problemáticas en crecimiento más fuertes en Colombia en materia de seguridad.

Nuevos retos

El recrudecimiento del accionar violento por parte de las BACRIM ha encendido las alarmas tanto en el territorio nacional como en La Habana (Cuba), epicentro de las negociaciones de paz. La falta de garantías para la seguridad de las FARC frente a una futura desmovilización y dejación de armas, frenó la firma del acuerdo que se tenía prevista para el 23 de Marzo y luego para el 20 de julio porque, la mayor preocupación de estas es que se vuelva a repetir la historia de la Unión Patriótica y este movimiento insurgente enfrente un genocidio como el que sufrió antaño este partido político. A pesar del reciente anuncio de la firma del proceso de paz, el riesgo sigue latente.

En fechas recientes, líderes campesinos y defensores de derechos humanos cercanos a filiales y agrupaciones de izquierda han sido asesinados en todo el territorio colombiano.

Y es que según cifras del último informe del programa no gubernamental de protección a defensores de derechos humanos “Somos Defensores”, para el 2015 se reportaron agresiones, asesinatos, atentados, desapariciones y detenciones arbitrarias de 682 defensores(as) de los que se responsabiliza a grupos Paramilitares en un 66%, además, la oficina de derechos humanos de la ONU en Colombia denunció que en 2015 fue asesinado un activista de derechos humanos cada seis días.

De otra parte, el más reciente paro armado que se decretó en el occidente de Colombia, frenó de una manera contundente todo tipo de actividad en estas zonas, demostrando que la influencia y poder de estos grupos tiene alta concentración en diferentes territorios del país, en los cuales el Estado ha perdido parcial o totalmente el control y la soberanía estatal se pone en duda.

¿Qué le pasa al Estado y su sistema coercitivo para impedir el caos y la desestabilización de estas zonas? Si el Estado no puede brindarle seguridad a su pueblo ¿que pasara cuando llegado el momento las filas de las FARC se desmovilicen? con la firma de los acuerdos de paz de la Habana ¿el nuevo objetivo militar de las fuerzas armadas de Colombia serán las BACRIM?

¿Neoparamilitarismo?

Este fenómeno Neoparamilitar tiende a ser muy complejo, ya que no implica solo a un grupo al margen de la ley, sino que es la suma de varias bandas criminales que han absorbido pequeños grupos de expendido de drogas y pandillas criminales, convirtiéndose en algunas zonas, en la fuerza hegemónica de poder.

Algunos sectores del gobierno manifiestan que es inapropiado hablar de una nueva fase del paramilitarismo, ya que las BACRIM son grupos desarticulados y no tienen el control que tuvieron las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en su momento, aunque reconocen que estos grupos tienen ciertas similitudes con los paramilitares, como la carencia de una ideología política y un objetivo específico frente al tráfico y control del mercado de la droga. Así la cosas ¿Seria infructuoso hablar de una etapa nueva del paramilitarismo?

El gobierno niega la aparición de una nueva etapa del paramilitarismo, aunque en varios sectores, se piensa que hay nuevos focos de este tipo de estructuras y si no se toman medidas efectivas y rápidas, el Estado colombiano puede estar enfrentándose a un gran problema que afecte el proceso de paz y que incluso, desestabilice el aparato estatal y deslegitime la posición del Estado como ente detentor del monopolio de la fuerza.

El fenómeno del paramilitarismo ha sido ignorado y las estrategias para frenarlo han sido insuficientes y poco efectivas. Es necesario que el Estado colombiano deje de negar las realidades y se enfoque en mejorar sus políticas y tratamientos para controlar estos grupos que aunque no han llegado a escalas como la de las AUC, estas son más complejas y están saliéndose de control.

Recomendados Libre Pensador:

El Tiempo –  “Así están distribuidas las BACRIM en Colombia” 

El Tiempo –  “A los líderes sociales en Colombia los están matando”

Defensoría del Pueblo – “Defensoría advierte presencia de “bandas criminales” en 168 municipios de 27 departamentos”

Amnistía Internacional – “Informe Anual, Colombia 2015/2016”


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