Oídos sordos en Semana Santa

Por Ana María Lancheros

19 de abril de 2017
Imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Palma_de_Cera,_Colombia.jpg

A propósito de la Semana Santa, quisiera contarles qué sucedió en la conmemoración del Domingo de Ramos, en el cual, como ya todos deberíamos saber, está prohibido tal como lo estipula el Código de Policía en su artículo 101, numeral 5, “Talar, procesar, aprovechar, transportar, transformar, comercializar o distribuir especies o subproductos de flora silvestre de los parques nacionales o regionales naturales (…)”, puesto que afecta las especies de fauna o flora y por tanto no deben efectuarse. Sin embargo, pese a esta ley y que, en los distintos departamentos y municipios, estuvo series de jornadas de control y vigilancia con el fin de evitar el tráfico ilegal del cogollo (hojas no expandidas) de la palma de cera del Quindío y el perjuicio a otros recursos naturales durante esta conmemoración, se observó vendedores de la palma; por lo menos aquí en Bogotá, noté con total desagrado cómo los vendedores informales eran inconscientes del gran daño que le hacen a la naturaleza.

La naturaleza te lo está pidiendo a gritos

Con el lema: “La naturaleza te lo está pidiendo a gritos”, el Jardín Botánico de Bogotá ha lanzado una campaña para prevenir el uso de la Palma de Cera en la que fue y será la Semana Mayor, una especie que siempre estará en riesgo. La iniciativa, que se desarrolla en redes sociales, busca contribuir a la conservación de estas plantas. Además, nuestra palma de cera tiene una gran importancia, puesto que, según los expertos del Jardín Botánico, radica en que sirve como fuente de alimento para aves endémicas como el periquito orejiamarillo, perico verde, tucán, loro coroniazul, cotorra montañera, así como también, se ha observado que el oso de anteojos se beneficia de los cogollos como fuente de alimento. También mantiene activo el ciclo de nitrógeno conservando el equilibrio ecosistémico. De allí la insistencia en la no compra y distribución de está.

Entidades como la Corporación Autónoma Regional de Santander (CAS), lideran la campaña “Que el Viacrucis no sea para los recursos naturales”, que desde 1997 alerta sobre el peligro que corre el loro orejiamarillo al no tener un nicho en el cual habitar. Al igual que la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ), que desde 2014 invita a turistas y habitantes locales a que se conviertan en protectores del árbol nacional que está en peligro de desaparecer.

Igualmente, en Antioquía, como parte de la sensibilización y para evitar que en Semana Santa los ciudadanos utilicen la palma de cera, la Secretaría del Medio Ambiente y el área metropolitana entregaron 20 mil plantas en las iglesias. Además, para que las personas respetaran la naturaleza, las autoridades tuvieron diferentes estrategias, como el llamado de la iglesia católica para que los feligreses se sintonizaran con el medio ambiente. Asimismo, en Bogotá, la Secretaría de Ambiente y la Policía, también apoyaron la causa. Desde unos días antes de la Semana Mayor, se desplegaron una serie de operativos para evitar la venta y compra de palmas de cera en plazas de mercado y en cercanías a centros religiosos.

De igual forma, en Boyacá, Corpochivor, las iglesias, la Policía Nacional y artesanas de Somondoco, elaboraron a mano 5 mil ramos ecológicos, producidos a base de calceta de plátano, que regalaron en una campaña para que no se usara la Palma de Cera, en los rituales de la Semana Santa, además, se repartieron miles de árboles de especies nativas que fueron distribuidos en los 25 municipios de la jurisdicción, con el fin de fomentar el cuidado de la flora en el territorio.

A estas campañas de concientización, también se sumo la alcaldía de Ibagué, a través de la Secretaría de Desarrollo Rural y del Medio Ambiente, los cuales, lideraron varias actividades de sensibilización con la comunidad, para que no talaran la Palma de Cera para la celebración de la Semana Santa. Para esto, alrededor de 5.000 “Palmas Manila” fueron producidas en el Vivero Municipal, con el objetivo de ofrecer a los ibaguereños una opción diferente al uso de la Palma de Cera en la celebración del Domingo de Ramos.

Una biodiversidad amenazada

¿Qué importancia tiene la palma de cera para Colombia? Recordemos que la palma de cera fue declarada en 1985 como el árbol nacional de nuestro país, además de ser la palma más alta del mundo. Esta especie en el territorio colombiano se encuentra   amenazada. En la resolución 0192 de 2014,  se señalan cuáles son las especies categorizadas como amenazadas en Colombia; esto debido a la reducción de su presencia en aproximadamente el 50 por ciento, por la destrucción de su hábitat, por causa de la expansión de la frontera agropecuaria y que, año tras año, se han tomado sus hojas para elaborar los ramos para la Semana Santa. La combinación de la pérdida de hábitat con el aprovechamiento no sostenible de las hojas de la palma, han generado que la especie decaiga, hasta el punto de encontrarse categorizada como en “Peligro” en el territorio nacional. En esta medida, su protección no radica en sembrar más árboles, pues esta planta puede tardar hasta 57 años para empezar a producir tallo, 83 años para empezar a reproducirse y, aunque puede vivir cerca de 200 años, sus cogollos solo se producen una vez al año. Es por esto que el Jardín Botánico de Bogotá, recomienda remplazar estos ramos por plantas vivas, principalmente  de especies nativas que puedan ser sembradas en los espacios verdes, como la Palma Alejandra o la Palma Areca.

Nos hace falta conciencia

Pese a las intensas operaciones iniciadas por la Gobernación de Antioquia, la Policía y las Corporaciones autónomas regionales para evitar el tráfico de la palma de cera en las celebraciones del domingo de Ramos, en Medellín se observó la venta de esta planta en peligro de extinción. En alrededores de la Catedral Metropolitana de la capital antioqueña y del Parque de Bolívar, se apreció la presencia de vendedores ambulantes que ofrecieron palma de cera y de feligreses que compraron y las usaron durante la procesión de Jesús de Nazaret, un hecho que también se pudo observar en cercanías a otras parroquias.

De la misma manera, en Bogotá, pese a las campañas de la Secretaría de Ambiente y de la Policía, se evidenció el desacato a la ley, por ejemplo, en el barrio Álamos, al noroccidente de la capital, observe a la entrada de las iglesias, cómo varias personas vendían y compraban ramos hechos con la palma de cera, sin pensar en el impacto que esto podría causar a la naturaleza y a la biodiversidad.

¿Qué nos pasa a nosotros los colombianos? ¿Por qué no cuidamos y protegemos lo que es nuestro? ¿A caso es que no nos importa la biodiversidad de nuestro hermoso país?

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