“No hay agua pa’ tanta gente”

Por Daniela Riviere Caminals

8 de enero de 2015
Imagen: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/73/Cartel_del_fen%C3%B3meno_El_Ni%C3%B1o_Norte_de_Sder,_Colombia.jpg/3120px-Cartel_del_fen%C3%B3meno_El_Ni%C3%B1o_Norte_de_Sder,_Colombia.jpg

 “El fenómeno del Niño” es una situación climática que se desarrolla en forma de ciclo, generando corrientes cálidas en las aguas y en la zona terrestre, temperaturas altas. Esta manifestación del clima se presenta principalmente en los países Suramericanos en los últimos meses del año y sobre todo en diciembre, pues sus “expresiones” y consecuencias son percibidas durante esta época. Actualmente, “El fenómeno del Niño” no solo se ha presentado en el tiempo determinado para el mismo, sino que ha ido incrementando y afectando a diferentes zonas latinoamericanas con déficit de lluvias y olas de calor. A partir de lo anterior y tomando una coyuntura más cercana a la situación actual, frente a este fenómeno meteorológico, es posible afirmar que el 2015 ha sido un año de sequías para las diferentes zonas de Colombia, las cuales se han visto afectadas de manera significativa, como también diferentes factores importantes para el país como lo son la agricultura, el agua y la energía.

¿Y la relación entre agua y energía?  

Tanto el agua como la energía son recursos fundamentales para la vida cotidiana del ser humano; sin embargo, debido a las condiciones climáticas y a la ignorancia e inconciencia de algunos ciudadanos, el primero de ellos considerado como un recurso natural, ha ido escaseando.  Por otro lado, se interrelacionan, ya que de la primera se extrae la segunda. Las centrales hidroeléctricas aprovechan el ciclo natural de este recurso introduciendo una turbina que gira constantemente dentro de ríos o lagos para producir la electricidad, que es prestada a los ciudadanos por medio del mecanismo de servicios públicos.

En el país, la persona encargada de todo lo que tiene que ver con el tema planteado es Tomás González, quien es parte del actual gabinete del presidente Juan Manuel Santos como ministro de Minas y Energía. Para darle una solución a la problemática, el Gobierno junto con los ministro y diferentes entidades públicas, crearon el “Plan Nacional de Contingencia” el cual se basa en invertir dinero en diferentes proyectos que ayuden a prevenir las consecuencias que trae consigo el fenómeno.

Inconciencia frente a las consecuencias

Colombia goza de diferentes riquezas naturales y se caracteriza por su biodiversidad de flora y  de fauna y de diferentes fuentes hídricas, entre otros. A pesar de estas maravillas naturales, el Estado para el mantenimiento económico del país ha permitido a diferentes empresas multinacionales entrar al territorio colombiano, para solicitar licencias de explotación de recursos, labor para la cual necesitan cantidades enormes de agua que termina desperdiciada y contaminada, afectando a los acueductos que se abastecen de ella, sociedad y subsuelo entero. De este proceso, el país solo obtiene regalías económicas mientras su ecosistema se destruye.

Existe una alta tasa de inconciencia social y cultural que no solo es generada por el Estado, sino también por sus ciudadanos, debido al manejo y uso inadecuado que le dan a los bienes y recursos que se les provee. Algunas personas viven bajo la ideología de que les sobra lo que a otros les falta y esto genera una indiferencia frente a una problemática que no es individual, sino social,  ya que no les afecta a unos pocos; les afecta a todos como sociedad.

Un problema empírico

Como se mencionó anteriormente, una gran parte de los colombianos se siente ajena a la problemática que azota actualmente al país, pero en un futuro no muy lejano ya no serán tan indiferentes frente a esto, pues ya no solo está tocando las pequeñas zonas, sino  que se ha hecho presente en las grandes ciudades del país, empezando por aquellas que manejan diferentes cultivos como La Sultana del Valle (Cali) y pasando por otra, que por su clima no era imaginable: Bogotá.

Duele que el país se centre más en la economía y en el refugio que le da un contrato de explotación, donde los ciudadanos no pueden hacer mucho, porque por Constitución, el Estado es soberano sobre el subsuelo nacional y al fin y al cabo, quienes toman las decisiones finales son aquellos a quienes se les delega el poder para gobernar. Duele que los ríos se estén secando y que entre ellos, el Magdalena haya llegado a su nivel más bajo antes registrado. Duele ver la desnutrición y la enfermedad de los niños de la región Andina y Caribe. Duele que cuando llueve en la “Sucursal del Cielo”, sea considerado un milagro, porque la lluvia ya no es una condición climática  tan común como lo era antes; por lo menos por algunos meses más. Duelen los agricultores a quienes se les secan los cultivos que con arduo trabajo han labrado, duele que el Valle y otras regiones hayan llegado al punto de tener que racionar agua. Duelen los incendios y el daño forestal que solo se recupera en un promedio de 20 años. Duelen los animales muertos. Duele Colombia debido a la indiferencia de los poderosos, de los privados y de aquellos que creen que la mayoría de los recursos que regala la tierra, son renovables y que el billete puede llegar a ser comestible: se espera que esta situación se quede en dolor que todavía se puede remediar, y no en aquel al que la muerte le pone fin…

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