Memoria constructora de futuro: entrevista con Rubén Chababo

Por Ana María Arango

7 de abril de 2016

Imagen: Ruben Chababo

De cara al proceso de construcción de paz que enfrenta Colombia, y que será uno de los mayores retos una vez se firme el proceso de La Habana, la construcción de memoria histórica es un requisito fundamental para esclarecer la verdad, posibilitar el perdón, reparar a las víctimas y construir un nuevo escenario de reconciliación que le permita al país transitar a un efectivo escenario de posconflicto. Ruben Chababo, Director General de Derechos Humanos de la Municipalidad de Rosario, Argentina, exdirector del Museo de la Memoria de esa ciudad y miembro del Consejo Asesor Internacional del Centro de la Memoria Histórica de Bogotá, estuvo en la Universidad como conferencista invitado y El Libre Pensador aprovechó la oportunidad para entrevistarlo.

Libre Pensador (LP): ¿Que es memoria histórica y cual su importancia?

Rubén Chababo (R.CH): La memoria histórica es el modo en que una sociedad, una comunidad, cualquiera sea, en cualquier lugar del mundo, se reencuentra con su pasado y de ese modo construye una identidad, entiende quién es.

La memoria no se construye fácilmente, nace de la encadenación de relatos de familiares, de conversaciones con amigos, pero también de la búsqueda en los libros de historia que acuñan parte de esa memoria, por que la memoria total, la verdad sobre el pasado no existe, lo que tenemos son aproximaciones al pasado.

La memoria es aquello que nos constituye a nivel social e individual, como sujetos. Se parte de una memoria mucho más acotada, simple, lo que constituye a cada persona y después de eso se empieza con una memoria mas amplia, que no solamente involucra el pasado individual sino también aquellas que tienen que ver con el lugar en el que ha transcurrido la vida de ese sujeto y que también hacen parte de su historia y lo definen.

LP: Cual es la relación entre el concepto de memoria histórica y la verdad.

R.CH: La relación es muy compleja porque, aunque los sistemas autoritarios construyen una verdad única sobre el pasado, lo que hemos comprobado es que frente a un mismo hecho del pasado existen interpretaciones, miradas diferentes. De ese abanico de versiones del pasado, se debe construir una aproximación que aparezca como la más cercana a la realidad; ahora, cada quien debe estar dispuesto a discutir su verdad con otros y eso no siempre es fácil porque las miradas ajenas al pasado pueden poner en duda las propias y hacer trastabillar las certezas de cada quien. A veces uno se aferra a determinadas verdades por que le permiten sostenerse en el mundo y puede aparecer otra versión del pasado que te mueve el piso. Es ahí donde crecemos.

Cundo unos y otros no aceptan otras versiones del pasado, surgen los combates por la memoria, situación apasionante por la que pasan todas las sociedades que les permite enriquecerse. Una sociedad se empobrece cuando tiene una sola versión de su historia.

Ahora, hay determinados hechos que no deben ser discutidos, sobre los que no se debe aceptar cuestionamientos como por ejemplo que en Colombia existen desaparecidos, que la población civil sufre de manera inconmensurable la dimensión del conflicto, algo similar a lo que sucede con el revisionismo histórico en su relación con el holocausto, cuando dice: ese acontecimiento no existió, Auschwitz es un invento, ahí no puede haber discusión.

LP: ¿Como lee usted la construcción de memoria histórica en calve de futuro para el caso colombiano?

R.CH: Generalmente estos procesos se dan cuando el conflicto ya ha terminado, incluso cuando ha transcurrido algún lapso de tiempo que permite mirar las cosas con mayor perspectiva.

El caso de Colombia es difícil porque la discusión se abre y se impulsan proyectos sobre el tema de memoria histórica mientras la impunidad está teniendo lugar; entonces en algunos casos pareciera que se avanza en la posibilidad de la memoria pero se obstruye la posibilidad de avanzar con la reparación material y de justicia. Eso genera una situación muy difícil, porque la memoria debe servir para extraer lecciones del pasado, no solamente para recordar sino para ayudar en los procesos de reparación, en esas dos dimensiones.

Si la memoria se queda en una dimensión fuertemente ritualizada, ceremonial, en la que los ciudadanos se sienten más nobles porque recuerdan, se puede estar recordando un hecho doloroso e injusto y al mismo tiempo estar convalidando su repetición en tiempo presente.

La memoria debe tener utilidad y sentido para volverse significativa, para brindar pautas reales que impidan la repetición de un hecho victimizante y para una construcción efectiva en futuro.

LP: ¿La construcción de memoria histórica puede hacer daño?

R.CH: La memoria ha sido utilizada, especialmente en tiempos contemporáneos, para hacer daño. Por ejemplo, el Estado de Israel fue construido sobre la memoria del holocausto, el pueblo judío fue vulnerado violentamente por el nacional-socialismo, 6 millones de personas murieron y el Estado nace claramente sobre las cenizas de los campos crematorios. Hoy muchos líderes israelíes justifican las acciones que han tomado frente al pueblo palestino en un discurso de defensa de su pueblo, afirmando que no permitirán que les vuelva a suceder lo mismo. Eso es una utilización vil del pasado, primero por que las condiciones para eso no existen y segundo porque el Estado de Israel es poderoso frente a la fragilidad del pueblo palestino.

De otra parte está la dimensión humanitaria: en función de imponer la democracia, la libertad y la justicia en países que, supuestamente en algunos casos y realmente en otros, son países violentos o con gobiernos autoritarios como en el caso de Libia, se han construido cementerios sobre premisas nobles.

La memoria puede ser utilizada y en su nombre se pueden cometer las acciones más brutales. No siempre es buena la memoria, a veces es bueno el olvido… estamos compuestos de memoria y olvido y hay ciertas afrentas y ciertos dolores del pasado que a veces tanto los individuos como las sociedades eligen olvidar porque no permiten avanzar y porque tampoco se puede vivir siempre sobre la base del dolor. Esto no debe ser entendido como una alabanza a la impunidad, pero si se debe ser muy cauteloso para evitar que la memoria sea utilizada.

LP: En el proceso de negociación para la paz en Colombia, se ha pactado la cesión de algo de justicia, aceptar algún nivel de impunidad. ¿Es viable la construcción de un proyecto futuro con algunos niveles de impunidad?.

R.CH: Si eso es garantía del cese definitivo de la violencia con las FARC, se debe estar dispuesto ha hacer concesiones, no en otras situaciones. La impunidad no es la mejor salida, pero en un proceso tan complejo como el colombiano, donde los actores son múltiples, donde las heridas se vienen acumulando por más de 60 años, donde las fronteras son tan difusas y donde se necesita urgentemente la posibilidad del fin de la violencia, creo que todos tienen que estar dispuestos a conceder, incluso cuando esa concesión implique que en algunos casos no va a haber una justicia plenamente aplicable a ninguno de los actores, pero esto es algo particular, por que el caso colombiano es único…


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