Mafia TV: Las otras víctimas de los traquetos

Por Juan Esteban Osorio

1 de septiembre de 2014
Imagen: Albeiro Rodas - Trabajo propio

Hace unos días el argentino Hernán Casciari, uno de los blogueros más leídos de habla hispana, le dedicó su entrada semanal al éxito de la serie colombiana de televisión  Escobar el patrón del mal. Decía que nunca en la televisión latinoamericana se había visto  tal despliegue de talento actoral, buen guion y acertada dirección. De otro lado,Ómar Rincón, el crítico de televisión de El Tiempo, ataca la inmensa mayoría de estos proyectos que desde hace algunos años, aterrizan cada cierto tiempo en televisión nacional. ¿Quién tiene la razón?

Las cifras no mienten: mientras otras series producidas en Colombia apenas arañan unos pocos puntos del rating local. Todas las producciones que tocan el tema de la mafia arrastran no solamente una larga cola de patrocinadores y  anunciantes, sino negociaciones de exportaciones, venta de derechos para transmitir en otros canales las adaptaciones glamurosas de leyendas y mitos de los años más narcotraficantes en Colombia. Al menos, en lo económico, estas adaptaciones del mundo del narcotráfico son tremendamente exitosas. Por encima, las compañías calculan las ganancias al menos en 50 millones de dólares entre anunciantes y derechos.

Por qué no defender la causa

Para Rincón, entre otros puntos, parte del problema radica en la falta de rigor a la hora de adaptar  estas historias: “La glorificación del traqueto, la  forma descarada de acomodar realidades en nombre de una dramaturgia poco exigente y falta de seriedad, son algunos de los errores más rampantes que cometen estas producciones”.

A mediados de julio Iván Gallo, periodista de las2orillas.com, hizo un perfil titulado “El Capo devoró a Marlon Moreno” donde denunciaba cómo un buen actor como Moreno, acabó sucumbiendo bajo las garras de un personaje que se llevó lo mejor de sí.  Escribe el periodista en el portal: “Hace siete años, cuando Pedro León Jaramillo lo convirtió en uno de los hombres más deseados de Colombia y a su rostro en el símbolo de las narco-novelas, Marlon Moreno dijo que interpretar al Capo había sido una experiencia amarga y que ante la inminencia de una secuela respondería a las ofertas, por más jugosas que fueran, con un rotundo no. Lo suyo era el cine y ayudar a crear una cinematografía nacional”. Y termina señalando que el regreso a la tercera parte de El Capo, puede obedecer a lo que se rumora como un sueldo de 150 millones de pesos al mes.

Aunque sea evidente que el dinero juega un papel importante en toda esta discusión, hay un trasfondo más complejo. Por qué los colombianos, que hemos sido víctimas, testigos y cómplices, nos sentimos tan atraídos por este tipo de historias, y más que el tema en sí, lo que preocupa es el éxito de los enfoques: los narcos son los ganadores y los héroes.  Los policías, los perseguidores y la ley, suelen identificarse como los villanos.

Los adoradores de Pablo desde el tv de plasma

Hernán Casciari es un bloguero que ha tenido tanto éxito online, que su blog “Diario de una mujer gorda” fue editado como una novela real. Su iniciativa de periodismo cultural independiente Orsai, duró tres años en toda América latina, y por estos días, se enorgullece de Bonsai, su nueva aventura editorial, orientada para niños. Adicionalmente, tiene un espacio en Orsai digital donde hace crítica de televisión del mundo. Y el primer programa latinoamericano al que  le dedió una entrada fue al nuestro:: “El Patrón del Mal» tiene 113 capítulos y, más o menos por la mitad, mi corazón ya estaba del bando de Pablo; no quería que lo atraparan ni que lo mataran, sino que siguiera soltando esas frases geniales después de matar, como aquella que me deslumbró al principio: «¿Sabes qué? Nunca me cogí a una deportista». ¡Ah, qué personaje maravilloso, qué verraco genial!”

Resulta lógico entender que afuera este tipo de series tenga tanto éxito. Con los años, en Colombia se ha llegado a una conclusión macabra con respecto a la mitología de Pablo Escobar: Quienes nunca oyeron el estruendo de las bombas ni las ráfagas del cartel, tienen la tendencia de o admirarlo, o al menos quitarle tantos matices de maldad. De hecho, las generaciones colombianas más jóvenes, tienen la tendencia a argumentar “que mucha gente quería a Pablo”, haciendo referencia al puñado de familias a las que benefició. Unos poco miles contra millones de colombianos afectados y víctimas del peor criminal  que azotó alguna vez el país.

Antes del cierre definitivo de la columna, Casciari nos pondera como cultura:“Debemos quitarnos el sombrero ante la valentía de la cadena Caracol para llevar a cabo este desafío (que podría haber salido muy mal), pero sobre todo hay que admirar la madurez del público colombiano para sentarse a ver, de lunes a viernes y durante ciento trece noches, su última gran tragedia social en alta definición y narrada de una forma cruda”.

Sorprende que un periodista de la agudeza y la lucidez de Casciari ensalze lo que a nosotros nos parece esperpéntico. Y no se hace referencia aquí a la inmensa mayoría colombiana, los que siguieron con avidez la historia del Patrón en la tele, aunque algunos la padecieron en carne propia.  Hay una minoría que se sacude con asco esa relativización de la historia reciente colombiana, que no soporta que los criminales sean tratados como si fueran personajes de Coppola, interpretados por Marlon Brando.  Porque esa posición conduce a una conclusión macabra, cruel, y equivocada: las víctimas y la justicia, son los malos de la película. De la serie.
Y eso no puede ser.


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