Leer en Colombia

Por Santiago Rico Valdés

18 de octubre 2017
Imagen: Stevepb

En Colombia, la creación de escenarios de renombre internacional como el Hay Festival o la Filbo, con la presencia de Premios Nobel como J.M Coetzee, Mario Vargas Llosa y Svetlana Alexiévich en los últimos años, contrasta con la cultura lectora de un país en el que se leen 4.3 libros por habitante cada 365 días.

Cuestión de interés

Según cifras de la encuesta de consumo cultural realizada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística -DANE, en 2016, no solo es mala noticia que los colombianos leen 4.3 libros al año en promedio. Adicionalmente, el estudio demuestra que solo el 8.9% leen más de 10 libros al año, menos de un libro al mes, mientras que un 27.5% lee solo un libro cada 52 semanas. Por último y no menos desalentador, el porcentaje de lectores en Colombia se concentra en un 47.5% de la población alfabetizada en el país.

Más allá de los datos sobre el pésimo presente de la cultura lectora en Colombia, lo verdaderamente importante es encontrar las causas que devengan en lo evidente. En este punto la percepción individual juega un papel determinante, la encuesta de consumo cultural del año 2014 indica que quienes saben leer y deciden no hacerlo, lo hacen principalmente por simple falta de interés en un 55.9%. La falta de dinero, que podría considerarse a priori como una de las principales causales de la ausencia de lectores en Colombia, obtiene tan solo un 5,8% en la misma encuesta. No se puede olvidar entonces un aspecto adicional: las preferencias. Dejando de lado obligaciones comunes en el hogar, tales como alimentación, educación, recibos y transporte, con el costo promedio de un libro en el mercado nacional, un individuo puede tener acceso a distintas actividades de ocio, por lo que se debe generar interés en hacer de la lectura un hábito menos residual.

Intentos infructuosos

Ante la coyuntura, es de reconocer que entidades públicas como el Ministerio de Educación Nacional han estado implementando en los últimos años, medidas como el Plan Nacional de Lectura y Escritura «Leer es mi cuento» o la Colección Semilla, programas encaminados a generar conciencia lectora en los núcleos familiares, haciendo énfasis en las nuevas generaciones, de la mano con instituciones educativas que tratan de fomentar la lectura como herramienta de construcción cultural y de fortalecimiento académico.

No es necesario establecer comparaciones con países desarrollados para darse cuenta del atraso lector del país. En relación con países de renta similar y nivel educativo equiparable, Colombia está muy por debajo de países como Argentina, Chile y México. Pequeños pasos también pueden hacer la diferencia, por ejemplo, en el Metro de Ciudad de México a lo largo del año 2017, editoriales y universidades, han donado cerca de 25 mil libros para que los pasajeros lean durante su trayecto. En Argentina, la Fundación Leer, creó una plataforma virtual en la que se busca que los niños a partir de los 12 años, lean 20 libros por año. Para conseguir su objetivo, la plataforma virtual (gratuita) crea juegos y trivias que los niños superan a medida que terminan un libro determinado.

Es importante que en el esfuerzo realizado por parte de las entidades públicas correspondientes y la academia no se pierda de vista el objetivo primordial, incentivar la lectura en las nuevas generaciones. Aumentar los índices de lectura de forma cuantitativa no debe ser consecuencia de la apertura a contenidos basura ni imposiciones decretadas en aulas de clase. Al escribir se tiene que asumir la responsabilidad de transmitir de la forma más pulcra posible solo aquello que merece ser escrito, algo equivalente a la trascendencia del mensaje enriqueciendo la vida de quien sacia su curiosidad al abrir un libro.

Palabras Clave: Lectura en Colombia, educación colombiana, posverdad, juventud en Colombia, política de lectura.


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