Las intenciones del procurador

Por David Ricardo Higuera Ángel

lunes 4 de mayo de 2015

El procurador Ordóñez ha sido noticia en las últimas semanas, y claramente se ha hecho notar. Sus opiniones respecto al proceso de paz han sido quizás lo más sonado en estos días, pero ¿qué hay detrás de todo esto? Simple, pues es bien sabido que el procurador Ordóñez tiene intenciones políticas serias y su actual posición le permite un espacio para desarrollar su popularidad, como lo hizo, hace más de un año, cuando le dio gusto a aquellos inconformes con la administración del alcalde Gustavo Petro intentando sacarlo de su puesto.

Se especula que las intenciones del procurador llegan hasta la presidencia en las elecciones para el cargo en el 2018, aunque recientemente él lo haya negado, por eso queda en solo especulación —aparentemente— . Pero contrario a lo que dice, muestra cada vez más interés por el puesto. Ordóñez presentó un proyecto de ley que busca rebajar las sanciones a funcionarios públicos hallados responsables de ciertas faltas a la administración y patrimonio públicos, de ser aprobada, algunos funcionarios inhabilitados para ejercer hasta por once años podrían reincorporarse a sus cargos para antes de las presidenciales y presentar su apoyo al actual procurador. Ello no amerita despreciarlo, pues incluyen a varios exgobernadores y exalcaldes.

Personalmente no creo que Ordóñez llegue tan lejos en sus intenciones. En él encuentro un personaje bastante interesante que representa a los sectores más radicales de la derecha y es el perfil perfecto de un conservador. Podría incluso igualarse su imagen a la de Laureano Gómez. Pero aunque el procurador quiera representar a los conservadores dentro de tres años, primero tendrá que enfrentarse a otras figuras dentro de este partido como Marta Lucía Ramírez, quien, en las pasadas elecciones, demostró que tiene un amplio apoyo al recibir más de dos millones de votos. Luego, se las tendría que ver con otras figuras muy fuertes, siendo quizás la más importante Vargas Lleras, quien desde su puesto de vicepresidente ha aumentado bastante su popularidad.

Puede, entonces, que Ordóñez sea un hombre de acción, decidido y firme en sus ideas, pero es muy radical, y su desagrado por los sectores de la izquierda le pueden costar, pero más aún su oposición a todo lo que respecta a la población LGTBI. Como buen ultraconservador, Ordoñez ha aprovechado su cargo para frenar, en cuanto le ha sido posible, los derechos de esta comunidad.

Ordóñez aún tiene tiempo para ganar más apoyo. Su imagen de inquisidor le resta puntos en los sectores más liberales, pero puede ganarlo dentro de los conservadores y los uribistas (quienes también le ofrecieron la mano) y llegar pisando fuerte para las presidenciales. Pero si quiere ganar, deberá convencer a otros sectores del espectro, cosa que para un conservador acérrimo como él, sería equivalente a un Vía Crucis. ¡A seguir rezando el rosario, señor procurador!


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