Las dos caras del feminismo

Por María Camila Vahos Moreno

26 de noviembre de 2016
Imagen: Justa Montero

“La lucha por los derechos de la mujer a menudo se convierte en sinónimo de odio a los hombres. Si hay algo que puedo decir con certeza es que esto tiene que parar”. Estas fueron las palabras de la feminista Emma Watson, en su discurso en la campaña HEforSHE de la ONU, y son quizá la muestra de que actualmente el feminismo, como movimiento social, ha cambiado su propósito. Después de la Revolución Francesa, en la cual se declararon los derechos del hombre y del ciudadano, surge la primera lucha de las mujeres que reclaman ser reconocidas como iguales a ellos, como sujetos de derecho. Esta lucha del feminismo primitivo ha adoptado, bajo la insignia de la igualdad, nuevos horizontes radicales que llegan a promover la superioridad de la mujer y el odio hacia el otro género.

 La mujer, participante activa de la sociedad

 El feminismo luchó para que la sociedad reconociera a las mujeres como iguales en capacidad, deberes y derechos a los hombres, lo que ha permitido reducir esa brecha de desigualdad entre géneros aunque no la resolvió. Este movimiento, luego de los aportes de pensadores ilustres, logró que la mujer participara de una forma diferente a la tradicional –el hogar–, y que tuviera la posibilidad de realizar los mismos trabajos que el hombre. También obtuvo la eliminación de leyes discriminatorias en diversos lugares del mundo.

Valiosos personajes, tras sus ideas revolucionarias, cambiaron la perspectiva del papel de la mujer. Olimpia de Gouges publicó la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana, lo que la convirtió en símbolo representativo del feminismo al ser pionera en establecer que la mujer es igual en derechos y deberes al hombre. De otro lado, Condorcet fue el primer hombre en publicar sobre la inclusión de las mujeres en los derechos del ciudadano. Más tarde Mary Wollstonecraft, representante del sufragismo en Inglaterra, planteó que la subordinación de la mujer sería erradicada por medio de la inclusión de ella en la educación afirmando: “no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”.

La mujer ha obtenido mayor participación en asuntos políticos y los ejemplos abundan: Rigoberta Menchú, defendió los derechos humanos de los grupos indígenas marginados en Guatemala y llegó a ser premio Nobel de paz. De la misma manera, Malala Yousafzai, activista pakistaní, quien a través de los medios de comunicación luchó en contra la imposibilidad de educación para las mujeres, además de denunciar ante el mundo el atentado de una organización terrorista de su país que destruyó 170 escuelas y decapitó 13 niñas.

Con su lucha por la igualdad de la mujer frente a la posición social, cultural y política dominante del hombre, el feminismo ha logrado establecer una mayor igualdad entre géneros, ilustrada por la mayor participación y concientización de las mujeres de la importancia de su nuevo rol en la sociedad.

El feminismo radical

Por otro lado, existen feministas de pensamiento extremista. Esta nueva y revolucionaria forma de pensar reconfiguró el ideal del movimiento cambiándolo por una idea radical, la cual pretende no olvidar la opresión e injusticia que vivieron las mujeres.

Este movimiento radical pretende reformas estructurales que demeritan el papel del hombre y transformar el objetivo del movimiento feminista, estableciendo ahora que la mujer debe tomar el papel que el hombre tenía: la superioridad. El exdiputado Diego de los Santos afirma que: “el feminismo radical es igual que el machismo y este no busca la igualdad, sino todo lo contrario, busca la segregación legal por cuestión de sexo”. En esta corriente ideológica aparece la misandria, explicada por el psicólogo Sebastián Girona: “así como la misoginia es el odio a la mujer, la misandria es odiar a los hombres y pensar que el género femenino podría prescindir de ellos”. Esta forma de pensar está presente en la frase de Gloria Steinem que orienta el feminismo radical: “una mujer necesita a un hombre, igual que un pez necesita una bicicleta”.

Como consecuencia de la existencia del movimiento radical se genera mayor desigualdad entre géneros, por lo que Alicia Rubio afirma: “Queremos coger la antorcha de las mujeres valientes y seguras de su igualdad con los hombres, que no exigían más derechos sino los mismos, y no exigían un mundo a su medida sino a la medida de las dos mitades de la humanidad: hombres y mujeres”. Alicia, junto a muchas mujeres más, es actualmente defensora del feminismo de Olimpia de Gouges, que luchaba por la igualdad de género en la sociedad, y se opone al feminismo radical, sus extremistas ideas y la exclusión a los hombres.

Para finalizar, aunque el feminismo ha logrado establecer un equilibrio entre géneros, el cambio de pensamiento que algunas mujeres introdujeron al movimiento deja atrás la igualdad por la que luchó y busca invertir los papeles promoviendo una mayor desigualdad en la sociedad.

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