¿La solución para América es la “Unión Americana”?

Por Maria Adelaida García Londoño

1 de marzo de 2015
Imagen: The World Flag

Debido a la relevancia que han tomado las asociaciones regionales y subregionales en América Latina de las que se habla con gran entusiasmo, algunos han afirmado con gran expectativa de la posibilidad de construir una política monetaria y fiscal unificada al estilo de la Unión Europea. Sin embargo, esta propuesta tiene antecedentes en el mundo que no pueden ser dejados de lado.

¿Alemania o Grecia?: Buscando culpables

Joseph Stiglitz, ganador del premio Nobel de Economía en 2001, al igual que muchas cadenas europeas de televisión, han asegurado que el verdadero problema de la Eurozona es Alemania debido a la imposición de medidas estructurales. Lo anterior contradice bastante al pensamiento alemán, encabezado por su canciller Angela Merkel, al expresar que es Grecia el foco del fracaso europeo al ser uno de los países más débiles en cuanto a la adopción de las decisiones para sobrellevar la crisis que ha azotado a este continente desde el 2008.

Desde que la crisis explotó hace ya siete años, países como España, Grecia y Portugal, han sufrido contratiempos al ver elevada su deuda, su capacidad de endeudamiento y reducida su capacidad de pago. El desempleo, que en 2007 se encontraba alrededor del 5% en estos tres países como les había sido exigido para ingresar a la Unión Europea se ha desbordado hasta llegar al 25,2%, 21,6% y 16,3%, respectivamente. Esto se traduce en un aumento considerable del desempleo que no ha sido reducido por las diferentes administraciones de cada país ni por las grandes instituciones de la Unión como el Parlamento europeo, el Consejo de la Unión Europea y el Consejo Europeo que tienen funciones legislativas y presupuestarias para todos los miembros al ser entidades supranacionales.

La integración como debilitador de la economía

Sin embargo, muchos analistas internacionales como Mauricio de la Cuba, economista peruano y jefe del departamento de economía mundial, al estallar la crisis de 2008 consideraron que el principal problema y debilidad de la Unión Europea es el Pacto Fiscal y Monetario Europeo debido a que se unificaron las monedas de 28 Estados sin tener en cuenta su peso, su calidad y sus necesidades nacionales e internacionales; todo ello se hizo evidente después de la emergencia de la crisis. Las monedas de los tres países mencionados eran mucho más débiles que el marco alemán y el franco francés, haciendo que la vulnerabilidad de ciertos países frente a las crisis económicas internacionales fuera más notoria y rápida.

Si algo debe dejar de legado la experiencia europea, es lo que se debe y no se debe hacer en una integración regional. Para América Latina, profundizar la Organización de Estados Americanos frente a la integración monetaria y fiscal como una “Unión Americana”, puede llegar a causar lo mismo que ha ocurrido en el continente europeo: una crisis interminable que ha generado un exceso de reformas y ha modificado las políticas de los países europeos.

La crisis de 2008 en América Latina fue relativamente suave debido al desarrollo de los mercados, al continuo pago de deudas nacionales y a la mejora de la situación financiera de las economías de la región. La continua exportación de petróleo se mantuvo al igual que las de comidas y bebidas, metales y minerales, y servicios de transporte hacia los países europeos, lo que permitió que la economía latinoamericana siguiera creciendo, se mantuviera estable y se viera solo ligeramente afectada por la crisis económica mundial.

Juntos pero no revueltos

Los países de América Latina, a pesar de que tienen similitud de costumbres, tradiciones e historia deben mantener la integración en los parámetros establecidos por la Organización de Estados Americanos desde 1948, en donde tanto el comercio como la economía se mantengan en constante movilidad, crecimiento y desarrollo pero no se interfiera con las decisiones de otros países.

La capacidad de América Latina para crecer depende de la cooperación entre los países y las decisiones conjuntas que se tomen en plataformas de diálogo político y económico para alcanzar altos niveles de desarrollo y competitividad hacia las demás plataformas a nivel internacional. Así, es obvio ver que realmente no se necesita de una igualación de políticas, monedas y decisiones para que la cooperación internacional funcione, sino que se debe fomentar el desarrollo de las plataformas que ya existen a nivel latinoamericano para evitar el exceso de normas, leyes y directrices que busquen una mejora para la subregión que, últimamente, ha ganado bastante terreno a nivel económico y comercial.


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