La audiencia y el periodismo durante el Plebiscito: ¿Inmediatez o sensatez a la hora de publicar?

Por María Fernanda Sanzón

1 de diciembre de 2016
Imagen: geralt

Chul Han plantea que la humanidad vive actualmente en una “sociedad del cansancio”, en la cual se experimenta un incesante flujo de noticias sin sentido, una ausencia del análisis y en consecuencia cada persona deambula inmersa y perdida en la irónica inteligencia de un dispositivo móvil.

Este contexto ha sido favorable para el surgimiento de un periodismo participativo, en el cual la sala de redacción es la audiencia, quien a menudo no es consciente de que su nuevo poder trae consigo la responsabilidad de comunicar. Este nuevo orden ha llevado a que cualquier ciudadano que adopte esta labor, informe y difunda noticias activamente intentando suplir una necesidad de información de una sociedad regida por la democracia, en la que es primordial e indiscutible el derecho a la libre expresión.

El periodista influye en la conciencia de la sociedad

Por su parte, los profesionales del periodismo se encuentran también frente a esta mencionada democratización de la información cobijada por la tecnología y la internet, es en este sentido que su responsabilidad social adquiere un mayor compromiso y protagonismo. Vizcarra sostiene que el periodista influye en la conciencia de la sociedad, al tener una responsabilidad política e ideológica. A través de la verificación, contrastación, e investigación es posible llegar a la verdad como razón de ser y base ética del medio, puesto que, si se difunde una verdad a medias, estará deformando los hechos objetivos y esto tendrá eventuales repercusiones perjudiciales para la sociedad.

Esta dinámica se vio reflejada en la influencia mediática sobre la decisión de los votantes en el Plebiscito del pasado dos de octubre. La audiencia fue testigo del amplio flujo de noticias e información que inundaban las redes sociales y los portales de noticias en el país. Columnas de opinión, entrevistas radiales y escritas, testimonios, las (inesperadamente fallidas) encuestas y campañas basadas en la confrontación política, cada variable intentando influir en la decisión de los potenciales votantes.

La campaña a favor del plebiscito subestimó el poder de la audiencia, la cibersociedad y el mundo de la tecnología y las redes sociales. Un poder que ha restado influencia a los medios tradicionales haciendo uso, en palabras de Manga “de las nuevas posibilidades de la gente de opinar, interactuar y decidir, aún en medio de la comunicación conflictiva, poco confiable o insidiosa que día tras día satura las redes”.

Periodismo de paz, cultura y estructura.

El Gobierno, al centrar su estrategia mediática en el periodismo de paz, falló en la consideración de sus límites en un contexto aún de conflicto. Quiso convencer a los periodistas sobre el potencial de este paradigma para ayudar a finalizar el conflicto y facilitar la reconstrucción de la sociedad, mediante la construcción de lazos entre los ellos y sus lectores a través de la socialización de emociones y de la memoria.

No obstante, el Gobierno falló al no percatarse de que el periodismo de paz a menudo se enfrenta a obstáculos culturales y estructurales relacionados con el funcionamiento y las características de la sociedad, una sociedad colombiana que ha vivido en guerra constante. En este sentido, el modelo funciona en la medida en que el periodismo en el país evolucione hacia los postulados de la paz, reproduciendo formas de relación y de resolución de los conflictos más pacíficas y no violentas.

En conclusión, es posible afirmar que al ser las nuevas tecnologías de la información y las redes sociales protagonistas en la difusión de la información, la sociedad ha dado un paso hacia un periodismo participativo en el que la responsabilidad de los periodistas se incrementa y se pone aprueba ante la inmediatez de la información. Esto, ligado al tema electoral lleva a pensar que una característica principal, y perjudicial, de las campañas que impulsaban el voto en contra o a favor del plebiscito se basa en que el elemento de confrontación política distaba de los mensajes de reconciliación y paz que eran inherentes a la campaña.

Finalmente, lo anterior permite afirmar que en el momento de incertidumbre y de revisión y validación de lo acordado por el cual atraviesa el país, existe de parte de todos, especialmente de aquellos que son fuente de información, un compromiso de aportar y compartir información de manera consciente, propiciando un manejo veraz y ético que contribuya a la construcción de un acuerdo social que cimente las bases de una Colombia en paz.


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