Joseph Blatter o el presidente que se iba a caer

Por Juan Esteban Osorio

21 de julio de 2015
Imagen: Marcello Casal Jr.

Que el fútbol hace mucho rato se juega en medio del fango, es una realidad de a puño y solo los ingenuos y los puros de corazón se escandalizan. Y por eso mismo, ninguno de esos dos grupos lo juega. Pero existen niveles de fango: todo el que haya jugado en una cancha después de la lluvia, sabe que hay que aguantar cierto olor y densidad del barro. Pero hasta el jugador más fanático reconoce cuando la densidad de la porquería ya no permite que el balón ruede, que se pueda correr con libertad y que se pueda hacer un partido bonito. Es cuando empieza la fiesta de la mugre y se detiene la del fútbol. Un poco lo que pasó en el mundo del deporte.

La mugre del balón

La FIFA nunca se ha caracterizado por ser una institución pulcra y transparente en sus manejos. Más interesados en facturar que en arbitrar, han tenido actuaciones turbias desde hace mucho tiempo. Nunca quedaron atrás las intrigas que se hicieron para otorgarle la sede del Mundial 78 a Argentina, a pesar que a pocas cuadras de los estadios, la dictadura implacable de Videla y la Junta Militar asesinaba, perseguía y desparecía argentinos. A pesar de las protestas, entre otros del portero alemán Maier y el argentino Carrascosa, el mundial se hizo y ganó Argentina. Y ganó Videla.

Blatter fue un oscuro jugador de la selección suiza que defendía el derecho de los jugadores de simular –o del elogio del engaño- en el campo de juego. Ingresó en el 75 como funcionario de tonos grises durante 23 años de la FIFA, de los cuales duró 17 como secretario general (81-98), y desde entonces hasta el 3 de junio fue su presidente con ínfulas de vitalicio.

Los escándalos lo perseguían de la misma manera que los jugadores persiguen el balón. Porque es su naturaleza. Desde las elecciones turbias para cada periodo (en el 2007 no se presentó ningún candidato y en el 2011 prometió que iba a ser su  último mandato), hasta llegar al descaro de lo más evidente: horas después de que la cúpula de la FIFA cayera acusada de corrupción y contratos fraudulentos que implicaban millones de dólares, Blatter se presentó ante la cúpula que habría de reelegirlo, apesadumbrado y ajeno al escándalo, y contrito, meneaba la cabeza mientras decía: Es una vergüenza este tipo de escándalos que no tiene que ver con el fútbol y en los que no tengo nada que ver. Esperemos que todo esto se aclare de una vez por todas.

Todas mentiras. El escándalo donde 7 cabezas del futbol mundial fueron arrestados por el FBI y se presentaron cargos contra otros 7 acusados de  fraude masivo y blanqueo de capitales, que en un cálculo superficial apunta a $150 millones de dólares. ¿Y no tiene nada que ver con el fútbol? Primera mentira.

Segunda: a casi un mes de su renuncia no se han formulado cargos contra el suizo. Pero eso no lo hace inocente. Desde su primer periodo (este iba a ser el quinto, lo que no habla muy bien de la democracia interna en la institución), los escándalos han llovido: las maniobras para otorgarle la sede a Corea y Japón en 2002; las componendas para beneficiar a Suráfrica en 2010; los arreglos para otorgar casi a dedo las sedes de Brasil, y Rusia y Catar, donde habría que cambiar los meses donde usualmente se juega (juno y julio) por el intenso calor. Primero pensando en las multinacionales, claro! y después en los jugadores, que son los que menos importan.

Y sin embargo, pese a que esa semana la justicia internacional le asestó un golpe brutal a su organización, los miembros de la FIFA votaron por seguir en lo mismo. Por reelegir al mismo tipo que hizo/permitió que 14 de sus dirigentes acabaran en la cárcel. 139 votos  a favor recibió el suizo. 139. Por el otro candidato, el príncipe jordano Ali bin al-Hussein fueron solo 73. Y aunque digan que el jordano era más de lo mismo, no podía ser más que Blatter. Quinto periodo, 79 años. Cuando se piensa que el suizo pretendía morir en el cargo, no es ni una exageración ni una visión romántica. Era la forma de atornillarse en un cargo poderoso, que no permitía críticas, correcciones ni otras visiones. Fueron reconocidos los encontronazos con Michel Platini quien abiertamente estaba en desacuerdo con el patriarca del fútbol internacional.

Opinan los demás

A pesar de las acusaciones, hay quienes defienden la labor de Sep como le dicen cariñosamente quienes aún pueden verlo con cariño. Africanos y asiáticos argumentan que los números de inversión en el fútbol de sus continentes cambiaron con Blatter en el poder. Pero nadie discute que el precio y los costos de esas inversiones nunca serán transparentes.  En declaraciones para la BBC de Londres, Eric Martin, director de la ONG Transparency International en Suiza, afirmó: “Ya ha tenido 17 años para mejorar el funcionamiento de la FIFA. Soy escéptico de que lo haga ahora”.

Gary Lineker, ex jugador de la selección inglesa, goleador de mundiales, también habló al respecto, en una entrevista para la revista GQ que también cita la BBC:  “Todo lo que rodea a la FIFA es enfermizo. La corrupción a todo nivel es algo nauseabundo”. Maradona, enemigo furibundo del suizo, también se pronunció, cuando acusó a Julio Grondona, el hombre duro de la AFA de ser el agente argentino de la FIFA de Blatter. Y no hay que olvidar que cuando Diego era Maradona, fue uno de los primeros que habló de las arbitrariedades de los organizadores, cuando programaron partidos a mediodía en el mundial de México, solo para que a Europa le quedara más fácil televisarlos. Un poco lo que está pasando alrededor del evento en  Catar.

Dos curiosidades: algunas de las voces que apoyaron la renuncia de Blatter fueron patrocinadores oficiales como Coca Cola y Visa. Dos, Loretta Lynch, la fiscal encargada del caso en la justicia americana, no tiene  la menor idea de fútbol. Y tomó grandes decisiones del deporte.
Un poco como el mismo Blatter.

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