Jerga Juvenil: empobrecimiento o enriquecimiento de la lengua?

Por Adriana Rodríguez S.

29 de octubre de 2014
Imagen: Dmmantilla - Trabajo propio

La publicidad, la televisión, las redes sociales y la música han servido de caldo de cultivo para que los jóvenes actuales inventen nuevas formas de comunicación, que no son claras para quienes procuran conservar el idioma. Lo cierto es que este mundo lingüístico ha llegado para quedarse y se reinventa todos los días, en la medida en que estén de moda o lleguen series de televisión, ritmos musicales —en particular sus letras—, que son adaptados a la cotidianidad juvenil de forma verbal o escrita. Para los expertos esta jerga no deja de ser una forma limitada, facilista y un tanto ordinaria, si se quiere, que delata el desarraigo hacia la lengua materna. Mientras que para algunos jóvenes es la manera más efectiva y “secreta” de comunicarse a diario con sus contemporáneos.

Fuera de contexto

Las expresiones lingüísticas de los jóvenes combinan palabras que vienen de otro idioma e, inclusive, en el contexto latinoamericano, se emplean términos tanto de diversas regiones de un país, como de otros de habla hispana. Así que es común escuchar frases como: —“Estoy down parce”—. A lo que el amigo responde: —“Sube tu kaï, mi pez”— Si usted se siente fuera de contexto, he aquí la traducción: “Estoy bajo de energía amigo” y él le contesta: “sube el ánimo, amigo”. Como se observa, hay una mezcla de idiomas, regionalismos y de términos extraídos de la televisión como kaï , que lo puso de moda el programa Dragon ball. Pero si se es más atento, es común escuchar palabras designadas a objetos, alimentos, animales o simplemente expresiones de ritmos musicales que mutan para dar sentido a diferentes situaciones dentro del mundo de la jerga juvenil; por ejemplo: “tomémonos una picuda, para decir que se quiere beber una cerveza que tiene como símbolo un águila. Es más, el término colino, para decir que alguien es tramposo, al igual que bacano, para decir que algo o alguien es bueno no existe en el diccionario de la RAE, así como las expresiones grotescas como sanduinguiar o perrear, que significa salir a bailar.   Sin embargo, hay otras palabras que, por fuerza de la costumbre, también hacen parte del lenguaje de los adultos: bizcocho o bizcocha para manifestar que una persona es bien parecida o paila para denominar algo que salió mal. Estos son solo dos ejemplos, de los múltiples que hay, que demuestran que los coterráneos y también los extranjeros emplean y hacen como propias en el uso del habla cotidiana.

Empobrecimiento (expertos) Vs Creatividad (Jóvenes)

En el seminario internacional titulado “El español de los jóvenes” se develó varias posturas. Las primeras, intentan entender de dónde proviene esta jerga y por qué se hace común: “La jerga juvenil tiene voz propia en determinadas series de televisión, sobre todo españolas. Los guionistas ponen en boca de los actores el lenguaje que ellos y el resto de jóvenes emplean en determinados ambientes y situaciones comunicativas. Esto contribuye claramente a la expansión de este nuevo código”. Y las otras, consideran que si bien respetan esta nueva tendencia, no comparten que se acojan o se adopten términos que van en contravía de la lengua materna: “el lenguaje juvenil es pobre e incorrecto y exponen que las causas no solo hay que buscarlas en las nuevas tecnologías, chats o SMS, sino también en el nuevo sistema educativo, en el que se han reducido las horas de lengua y literatura y permite a los estudiantes pasar de curso pese a que suspendan asignaturas, lo que nos lleva a la triste realidad de licenciados que cometen faltas de ortografía. Esta pobreza, sobre todo léxica, también se debe a que «el exceso de información provoca desinformación». Los jóvenes tratan de acortar información y al final no están tan informados como se pretende”.

Ahora bien, para los jóvenes este lenguaje los separa de los adultos y reiteran que les permite crear espacios afectivos, de juego y de estudio propios. Aducen que el lenguaje de los adultos es acartonado, mientras que ellos prefieren expresiones llenas de creatividad y libertad. Para aquellos que así lo sienten, no sobra la siguiente recomendación realizada en el seminario internacional, anteriormente citado: “En sí esto no supondría inconveniente alguno, siempre y cuando los jóvenes conocieran la norma, aprendida en los centros de enseñanza y en su entorno, y supieran utilizarla en los contextos que así lo requieran”.


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