Intervención en el Bronx: una mirada social

Por Daniel Alejandro Bernal Guevara

1 de Marzo de 2017
Imagen: Policía Nacional de los colombianos

El pasado 28 de mayo la administración de Enrique Peñalosa decidió intervenir en el sector conocido como El Bronx realizando una operación de renovación urbana. Esta intervención se justifica en la medida que la ausencia del Estado permitió que en este lugar se presentaran hechos macabros, que a la luz de sus residentes, eran cotidianos.

En las paredes del Bronx se podían encontrar consignas como “Todo aquel que no fume es sospechoso. No oigo, no veo, no hablo”. El imperio de la ley del silencio era claro tal como afirma Carol Malaver para el diario El Tiempo. El problema no daba más espera y una coordinación institucional que reunía cerca de 2500 personas de distintas entidades realizó un operativo para recuperar El Bronx. Las controversias pronto recayeron sobre la mano dura que se tuvo en esta intervención, argumentando que la acción policiva –que pareció ser la de mayor visibilidad- permitió que se generaran nuevas problemáticas producto de esta acción del Estado.

La expulsión de los habitantes de calle que residían en el sector ha sido materia para nuevos debates sobre el tratamiento que se les debe dar a estos ciudadanos. El fondo del asunto reside en la victimización que se les ha dado a los habitantes de calle, debido a que el microtráfico, uno de los mayores retos de seguridad a nivel nacional, los ha usado como medio para consolidar repúblicas independientes en las ciudades. Así, en el caso del Bronx, los habitantes de calle se han dispersado a lo largo de la ciudad, representando una amenaza latente para que se vuelvan a consolidar territorios fuera de la Ley, como lo era el Bronx.

¿Víctimas o victimarios?

La situación parece ofrecer dos visiones bajo una misma óptica. Por una parte, situando a los habitantes de calle como victimarios y, por otra, como víctimas. Dicho esto, se les considera como victimarios en el sentido que posteriormente a la intervención se han dispersado a lo largo de la ciudad, concentrándose en lugares como el caño ubicado en la calle sexta con carrera 30, en donde han protagonizado desmanes que alteran el orden público. Esta situación ha puesto en alerta a los habitantes de la zona, los cuales reclaman que la llegada de habitantes de calle atenta contra la seguridad de la zona. Dichos desmanes toman como lugar barrios como La Estanzuela y Puente Aranda, los cuales han visto una disminución de la percepción de seguridad debido al vandalismo y el hurto que han protagonizado los habitantes de calle. En estos términos, estos últimos se han convertido en victimarios, pero un análisis más detallado se permite evidenciar que de igual forma son víctimas.

La exclusión social recae sobre los habitantes de calle. Así, se sugiere que la marginalización de la sociedad hacia esta población ha permitido que su situación se perpetúe en el tiempo debido a que los esfuerzos institucionales por proporcionar alternativas distintas a la calle ven reducido su impacto por el estigma que acarrea ser habitante de calle.

Ahora bien, en el caso de Bogotá, su condición de victimas está ligada a las estructuras del microtráfico. El último censo de habitantes de calle en Bogotá, según la Secretaría Distrital de Integración Social, ha permitido caracterizar parte de esta población. Para el 2011 se tuvo una población censada de 9.614 personas, de las cuales el 93,80 % consume sustancias psicoactivas y el 33,71% tiene como razón para habitar la calle el consumo de estas mismas. Frente a esto, el 72,91 % consume sustancias como el bazuco y en un 64,02 % marihuana. Esto demuestra que la dependencia al consumo de sustancias psicoactivas es un factor determinante para las estructuras del microtráfico que les permite manipular a los habitantes de calle al limitar el acceso a dichas sustancias.

¿Acción-reacción?

Como el Representante Inti Asprilla informó al Libre Pensandor, la solución pasa por los planes de atención que se les brinda a los habitantes de calle. Para este fin, no se puede limitar a ofrecer un tratamiento en el que se prime el consumo de drogas, sino que de igual forma se debe abrir la posibilidad que se den tratamientos alternativos que permitan reducir efectos como el síndrome de abstinencia. Sin embargo, con el fin de responder adecuadamente al tratamiento de los habitantes de calle es necesario caracterizar adecuadademente esta población. Esto debido a que a través de los censos de habitantes de calle realizados se ha logrado determinar los factores que permiten articular una mejor respuesta a sus necesidades.

No obstante, habitantes de La Estanzuela exigen que se tomen medidas frente a la inseguridad que representa la concentración de habitantes de calle en la zona. El panorama parece incierto y las soluciones extremistas. Está situación claramente representa la necesidad de una mejora en el diseño de políticas públicas para los habitantes de calle. Por lo tanto, en un primer lugar, la base de nuevas propuestas debe enfocarse para que el trato hacia esta población logre reducir la estigmatización para que estos estén más dispuestos a aceptar ayudas institucionales. No todo habitante de la calle es drogadicto o enfermo mental, sin embargo, hay un porcentaje importante que sí está vinculado a la drogadicción. De esta manera, se requiere que la atención institucional cuente con una diferenciación de acuerdo a la condición de cada habitante de calle. Para este fin, es preciso contar con censos actualizados de esta población.

En el corto plazo la respuesta parece indicar que se requieren centros de atención de salud como lo eran los CAMAD, propuesta que la administración de Enrique Peñalosa decidió acabar. Este tipo de programas resulta un punto clave como primer acercamiento hacia los habitantes de calle, debido a que permite iniciar un contacto en el que puede fomentar la confianza entre las instituciones y los habitantes de calle.

En un largo plazo, se requieren dos premisas para elaborar una ruta de acción. Por una parte, estrategias que posicionen la prevención del consumo de sustancias psicoactivas como elemento clave para evitar que el microtráfico victimice a los habitantes de calle. Por otro lado, se requiere continuar con el desmantelamiento de organizaciones criminales del microtráfico para evitar el surgimiento de nuevos territorios fuera de Ley como lo fue el Bronx.

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Luis Vólmar Quintero Pacheco – La exclusión social en “habitantes de la calle” en Bogotá. Una mirada desde la bioética

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