Homenaje a Gabriel García Márquez

Imagen: Ben Martin

La desaparición del nobel colombiano Gabriel García Márquez ha desatado una oleada de escritos, remembranzas, críticas y no  pocas pasiones. Gabo, sin temor a errar, es el referente literario más importante del país en toda su historia. No por el cúmulo de  menciones y premios que recibió a lo largo de su trayectoria, sino, por esa genialidad que le imprimió a las letras, y que lo destacó en la literatura universal, por ser único e irrepetible.

Desde los años cincuenta, Gabriel García Márquez alterna su trabajo literario con la crónica y el reportaje en la época más nefasta de la violencia bipartidista. Desde sus  columnas periodísticas estrenó  un estilo particular con el que hacía las radiografías de lo que sucedía a  diario en  Colombia, sumido en las contradicciones políticas que han animado la violencia, el abandono y la injusticia de siempre. Como novelista, se  propuso elaborar de manera muy particular un paisaje, que podría llamarse costumbrista, en  el que las personas y las cosas se mezclaron de tal manera que dieron nacimiento a lo que universalmente se conoce con el nombre de realismo mágico.

Un repertorio amplio e inspirador

Su obra, majestuosa de por sí,  no puede  circunscribirse, ni referenciarse de manera absoluta con Cien años de soledad, toda vez que, antes de ella, el nobel se venía  inspirando en la gran realidad colombiana plasmada con versatilidad y belleza en obras de trascendentes como La Mala Hora,  La Hojarasca o El Coronel No Tiene Quien Le  Escriba. Macondo,  Aureliano Buendía y Colombia, se subsumen en las primeras páginas del escritor.

Grandes escritores Colombianos como William Ospina, Juan Gabriel Vásquez, Piedad Binett, Herctor Abad Faciolince, Gemán Castro Caicedo, admiten la valiosa influencia de Gabo en su formación literaria. Explican cómo esa forma particular  de ver el mundo y de entender la realidad del país con estilo propio, a partir de la cotidianidad de un Macondo, que está dotado de todas las vivencias propias de una sociedad marcada por los antagonismos de clase, pueden convertirse en expresión literaria que a pesar de sus características nacionales pudieron transformarse en lenguaje entendible y asimilable en todo el mundo.

García Márquez, ha estado como referente obligado en todas las aulas de estudio de español y literatura en colegios y universidades de Colombia. Es muy escaso el ciudadano que como mínimo no haya tenido contacto con el escritor. Sin contar con las obras que fueron llevadas al cine, El Amor en los Tiempos del Cólera y Crónica de una Muerte Anunciada.

Un personaje aun controvertido

A pesar de la innegable y marcada influencia del nobel, no solamente en la literatura Colombiana, sino en la vida política colombiana, hay quienes piensan que García Márquez no fue el gran referente que muchos piensan. Que su exilio voluntario de Colombia y su ausencia de los círculos sociales constituyen, además de un desaire a la patria, un mal ejemplo, llegando  a afirmar que su obra  no es tan virtuosa como se ha pretendido hacer ver.

La enemistad con Vargas Llosa, la acusación de Miguel Ángel Asturias de que Cien años de soledad era una copia de una obra de Balzac pasando por la acidez de las criticas de Fernando Vallejo y Octavio Paz, hasta llegar a las ofensivas palabras de María Fernanda Cabal, son muestras de la ausencia de unanimidad al tratarse de la vida y obra como las de García Márquez.

Sin embargo, quienes creen en la pluralidad, en los genios que da la historia a intervalos grandísimos de tiempo, no pueden dejar de reconocer y enaltecer a uno de los grandes escritores más leídos y queridos del planeta: al ciudadano universal  Gabriel García Márquez.


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