Estados Unidos y China en tiempos de diálogo

Por Pío García

12 de octubre de 2015
Imagen: Greg Baker/Pool/Reuters - tomada de: http://www.pri.org/stories/2014-11-12/barack-obama-and-xi-jinping-look-future-lower-carbon-emissions

Con la cena de honor en la Casa Blanca, el viernes 23 de septiembre de 2015 concluyó la segunda visita oficial del presidente chino, Xi Jinping, a los Estados Unidos. En su corto periplo se propuso, ante todo, contrarrestar la imagen negativa que persiste en la opinión pública estadounidense, avivada por las medidas económicas de agosto pasado. De igual modo, los asuntos más espinosos de las relaciones bilaterales y los deberes globales de las principales potencias han vuelto a ser protagonistas de las reuniones con el presidente Obama y su alocución en las Naciones Unidas.

En primer lugar, el gobernante chino procuró calmar los ánimos de los empresarios y consumidores estadounidense, quienes representan el máximo vínculo de las relaciones económicas externas de un país que se convirtió en la más extensa plataforma industrial de la historia. Es que el tránsito veloz de una economía marginal y desabastecida hace solo 40 años, a pasar a ocupar la segunda posición en el mercado mundial no hubiera sido posible sin la inversión constante de las empresas norteamericanas, para atender, de regreso, el mercado más ávido de  bienes importados. Este circuito tuvo un traspié el 11 de agosto, a raíz de la decisión china de devaluar el yuan renminbi, con el doble objetivo de alentar el decaimiento progresivo del sector exportador y las conmociones que ocurrieron en las bolsas de Shanghai y Hong Kong, lo cual anticipaba para algunos el colapso del gran Dragón.

Los efectos políticos internacionales de la devaluación del yuan

La devaluación china de solo 4%, con el fin de corregir la apreciación del yuan de un 20% en los últimos 10 años, dio lugar a airadas protestas de políticos y empresarios conservadores, los más incisivos críticos de un régimen que practica una ideología, una dirección económica y una organización política diferente al marco anglosajón dominante. El extravagante candidato republicano Donald Trump afirmó que: “nos quieren destruir… Su devaluación es devastadora”, y se unió a las voces de varios senadores que le exigieron al presidente Obama tomar represalias contra los chinos. Estos llamados a condenas y acciones se renuevan de tanto en tanto en un país que enciende los ánimos en las fases pre-electorales, y donde la fragilidad social interna suele estar cubierta por la invocación paranoica de la amenaza externa a sus valores democráticos, la cual ha de ser sometida hasta su destrucción, dándole vía libre al intervencionismo y los bloqueos unilaterales.

En segundo lugar, y por fortuna, la contraposición de intereses y la puja soterrada por el liderazgo mundial, inmanente a la naturaleza de grandes poderes, se conduce hoy día por una vía pragmática, donde impera el diálogo y los compromisos de alto nivel. Desde su primera visita a Washington, en mayo de 2013, al comienzo de su administración, Xi Jinping afianzó la política colaborativa con los Estados Unidos, no obstante representar la línea dura en la defensa de los intereses de China en el mundo. Es comprensible este afán de proteger el soporte económico mutuo, pues es la base de la estabilidad de sus respectivos gobiernos.

En tercer lugar, se debe tener en cuenta que, más allá del orden bilateral, la forma como se ha levantado China en el campo internacional ha sido clave en la reorientación del manejo de la delicada coyuntura global y la recuperación de la institucionalidad multilateral. Al respecto, es significativa la solución lograda por el Consejo de Seguridad, con la participación adicional de Alemania, frente a la crisis con Irán, que sirve de antecedente a arreglos similares que permitan recomponer a Siria, terminar la tensión en la península de Corea o sacar del colapso varios estados africanos.

La agenda diplomática sino-estadounidense

El diálogo constructivo parece ser el mensaje de fondo de ambos líderes, cuyas preocupaciones compartidas forman parte de los problemas que tienen a la humanidad en vilo. Sus países son los mayores causantes del cambio climático. No fue causal la presencia simultánea en Washington del nuevo exponente de la cultura ambientalista y humanitaria, como lo es el papa Francisco. Su Laudato si´ se ha convertido en un verdadero manifiesto a favor de la producción limpia, el consumo responsable, la eliminación del armamento y la descontaminación nuclear. La defensa de los derechos de la naturaleza, “nuestro hogar común” va de la mano de la condena a las sanciones unilaterales, como el embargo a Cuba, y la necesidad de estrechar lazos entre los pueblos, bien sean ellos Cuba y Estados Unidos o Colombia y Venezuela. Este ambiente de discusión amplia de los grandes problemas mundiales despeja el camino para el programa ambiental que se ha de suscribir en París en diciembre, así como para detener el drama humanitario del desplazamiento y la migración forzada que hemos presenciado en los últimos meses desde Siria.

En una casualidad no menos trascendental, los diálogos entre estos líderes ocurrió en el preciso momento que el gobierno colombiano y las FARC daban un nuevo resultado de sus negociaciones: el acuerdo sobre la justicia transicional, que ha de acompañar el acuerdo de paz. Es la luz al final del túnel. Sin duda, nos hallamos en tiempos de diálogo y concertación, ese rostro amable de un momento histórico inquietante.

Referencias El Libre Pensador:

Council on Foreign Relations – U.S. Relations With Chinam (Timeline).

Council on Foreign Relations – The Xi-Obama Summit: The Four Takeaways and Taglines.

Council on Foreign Relations – How to Improve U.S.-China Relations.


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