El rock dentro de la contracultura iraní

Por Adriana Rodríguez S.

23 de abril de 2015
Imagen: By Eh kia (Own work) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

Aunque resulte difícil de creer, el rock iraní se abre camino, pese a las rígidas políticas del país asiático. Su música evidencia el descontento de estos jóvenes bajo los vestigios que dejó el régimen del ex presidente Mahmoud Ahmadineyad y el aún ayatolá Alí Jameneí.  Aunque algunos han tenido que salir de Teherán, en el exterior han encontrado apoyo en sellos alemanes, londinenses y norteamericanos para promocionar su música. La misma que se destaca en los listados del top ten iraní. Aquella que se propone mostrarle al mundo que el rock iraní existe. Así que no hay represión alguna que haga que sus guitarras, su percusión que bala  y sus voces  desgarradas dejen de cantar, pues ya hacen parte de la cultura urbana de su país.

Los topos del rock

El poder de las redes sociales ha contribuido a que el rock iraní viva. Aunque las leyes de este país prohíban que llegue cualquier influencia occidental que contamine o influencie a sus jóvenes, estos se han encargado de conectarse a redes ilegales para ver y escuchar lo que proviene del mundo “prohibido”. De esta misma forma, publican lo que ellos, de manera sigilosa, componen para mostrárselo a un mundo, que no sale de su asombro, al reconocer la valentía que demuestran los que arriesgan su libertad, con tal de ser escuchados. Es el caso de Mohsen Namjoo, quien fue sentenciado a cinco años de prisión, según los entes religiosos, por el irrespeto que provocan sus letras de protesta a los rectores de la religión musulmana. Afortunadamente, el autor y compositor iraní se encuentra en California, por tanto, la pena que fue dictaminada en ausencia, no ha sido cumplida.

Por las claras restricciones y más si se entiende que tienen que refugiarse para componer, ensayar y grabar su música, los jóvenes “topos”  han encontrado en los sótanos de sus casas la mejor trinchera para sus estudios de grabación. Los techos y las paredes de su improvisado estudio  están recubiertos  de paneles aislantes para que las letras de sus canciones no lleguen a los oídos del Ministerio de Cultura y Orientación, que como ya ha pasado, prohíbe este género musical. El rock, entonces, se ha convertido en el medio por el cual hacen catarsis, para expresar esa parte de la realidad de la cual no se permite hablar.

Y es que desde que llegó al poder  Mahmoud Ahmadineyad  las restricciones culturales fueron múltiples. El controversial ex presidente iraní inhibió  todo tinten cultural que fuese en contra de su gobierno —letras musicales— y que de paso pusiese en riesgo la religión musulmana. Así que el rock, el rap, y el hip hop fueron considerados legados del mal provenientes de Estados Unidos.

Sin embargo, el nuevo presidente Hasán Rohaní  ha querido manejar la situación desde la orilla opuesta, hasta el punto de ser acusado por los extremistas musulmanes como “violador de la decencia”. Y es que una cosa es lo que diga el presidente de la nación y una muy diferente lo que opina el líder religioso el ayatolá Alí Jameneí —comparado como el papa en la religión católica— y su grupo de ayatolas que son estudiosos de la jerarquía chií. Estos tienen bajo su control, entre otros, el Ministerio de Cultura y Orientación y son los guardianes de la fracción más conservadora del islam. Así que los jóvenes tienen que contar con la autorización  de este ente para ser pública su música.

“Con su música a otra parte”      

Debido a las restricciones, las diferentes bandas no pierden el tiempo en busca de consentimientos que nunca serán otorgados. Así que los músicos iraníes han optado por diferentes caminos. Uno de ellos, es “colgar” en la red su música en sitios bloqueados por el estado, pero que son accesibles con conocimientos técnicos. Otros, han conseguido viajar a Europa y a Estados Unidos. Países en donde están empezando a tener acogida. Ejemplo de lo anterior es Mahyar Dean y su grupo Angband que firmaron con el sello alemán Pure Steel Records.

Sin duda, uno de los símbolos más importantes  de la música iraní es   Mohsen Namjoo, quien ha fusionado a la música tradicional de su país con ritmos de jazz y rock. Este artista que estudió música en la Universidad de Teherán fue el primero en chocar con sus profesores, pues consideraba  que el ciclo de estudios musicales era repetitivo. Moshen empezó a experimentar, por su cuenta, pero tanta rebeldía le valió vivir en exilio en California. Hoy día es considerado como  el “Bob Dylan” de la música iraní y es, además, un ídolo en su país al que escuchan clandestinamente.

Pero el listado de los más reconocidos publicados en la página de internet  iranrock   destaca otros grupos. Este es el top ten del 1 al 10. El primer lugar lo ocupa la banda O Hum Krosk, seguidos de Arash Subhani, Farzard Alipur, Ballgomd, Moni Safikhani, Kaveh Yoghmaei, Kabul Dreams, Comment, 127 y Abdi Behravonfar. Sus discos son promocionados y vendidos por reconocidas páginas de música. Aquella que tiene explícito el sello iraní: su percusión hecha en cuero de cabra que le imprime, indudablemente, un sello propio a la música actual de este país.

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