El mundo conectado y el fin de la democracia

Los expertos consideran que vivir en una vida dependiente del Internet de las Cosas será tenebrosa en muchos momentos y repetitivamente frustrante, pero creen que esto no será suficiente para detener a la mayoría de la gente que desea sumergirse más profundamente en la conectividad.

En verano de 2016, el Centro de Investigación Pew, un think tank con sede en Washington D. C y la Universidad de Elon, realizaron una encuesta a expertos en computación, eruditos, practicantes, pensadores estratégicos y otros líderes, y se les pidió que respondiera cada uno desde su perspectiva a esta problemática:

¿Podrían las vulnerabilidades en seguridad que se volvieron evidentes cuando el Internet de las Cosas salió, conducir a la gente, la economía y la política a evitar o retirarse de ciertas opciones de conectividad online? ¿Es posible que las preocupaciones ante la posibilidad de ataques de hackers o de los llamados ransomware, generen en la próxima década que un número significativo de personas decida desconectarse, o la tendencia continuará sin disminución hacia la mejor conectividad de objetos y personas?

Unas 1.201 personas respondieron a la pregunta: 15% de las personas que respondieron dijeron que habría un número significativo de personas desconectadas y el 85% eligieron la opción en la que la gente se sumergirá más profundamente en la vida conectada.

Un adulto desconectado es un adulto disfuncional

La conexión es inevitable: Muchos de esos expertos argumentaron que los humanos imploran conectividad, y que buscarán más de ella debido a su conveniencia y lo harán mucho más allá de lo necesario porque simplemente la conectividad estará enlazada a más y más cosas. Un escenario, resultado de un muy sesudo análisis, vino de Dan McGarry, director de medios en el Vanuatu Daily Post. “La conexión es inevitable” escribió. “Eso es lo que [Terry] Pratchett, [Ian] Stewart y [Jack] Cohen llamaron ‘exteligencia’ (extelligence). Mucha de la experiencia humana está basada fuera del ser humano de estos días, no puedes ser un adulto funcional y permanecer desconectado”. Un encuestado anónimo puso las cosas así: “La viscosidad y el valor de la vida conectada llegarán a ser demasiado poderosos generando así que un número significativo de personas tengan la voluntad o el deseo de desconectarse”.

Además, estos expertos notan que existe un incentivo comercial que se añade a tantos artefactos y aspectos de la vida como es posible. Una descripción aguda de ésta dinámica vino de Ian O’Byrne, profesor asistente de educación literaria en la Universidad de Charleston, quien dijo, “Más gente se conectará porque los técnicos harán mucho más fácil y aceptable el probar y usar esos dispositivos. De la misma forma en la que hemos añadido la electricidad a cada dispositivo posible con avances en tecnología, los expertos van a añadir el acceso a internet a todos los dispositivos en el intento de hacerlos mejores, pero también posiblemente en el intento de vender más productos. En resumen, más gente y dispositivos estarán conectados”.

Las fallas pueden ser aprovechables e incluso normales

Billones de objetos están conectados al IoT cada día, están enviando y recibiendo información que mejora sistemas locales, nacionales y globales y afectando profundamente las vidas individuales.

La conectividad tiene muchas fallas aprovechables: Muchos encuestados, incluidos aquellos que argumentaban el caso en el que la conectividad se desplegaría, analizaron las desventajas de la hyper-conectividad y sostuvieron que los defectos y las vulnerabilidades son una parte natural de la rápida evolución de las redes, el software y el hardware y las respuestas de seguridad están siempre un paso atrás.

Muchos creen que los ataques actuales son inevitables en todos los sistemas digitales interconectados, y que habrá problemas a mayor escala en coordinación con varios elementos del IoT con el fin de hacerlos funcionar juntos. Mientras esos expertos esperan que vivir en una vida dependiente del IoT será tenebrosa en momentos y repetitivamente frustrante, muchos creen que esto no será suficiente para detener a la mayoría de la gente que deseará sumergirse más profundamente en la conectividad.

Como ejemplo de lo anterior se cita a un profesor de información e historia en una universidad estatal quien afirma que, “la gente puede acostumbrarse a cualquier cosa, y – justo como con el terrorismo – el inevitable daño ocasional de fallos deliberados o inadvertidos en sistemas de alta interconectividad se convertirá rutina. El terrorismo ocasional utilizando las conexiones del Internet de las Cosas podría incluso hacer colapsar infraestructuras, hospitales, negocios, etc. Los hackers siempre encontrarán vulnerabilidades en los sistemas de alta interconectividad, y los arreglos técnicos no van a cambiar eso”. Un profesor anónimo del MIT señala que, “vamos a vivir en un mundo de participación ambivalente”.

Armagedón podría ser electrónico

Esta nueva conectividad pone en peligro a los humanos y a la infraestructura física, no sólo a la comunicación: Un refrán recurrente en las respuestas de los expertos es que el IoT posee nuevos problemas significativos, porque interactuar con dispositivos enlazados a IoT puede ocasionar grandes daños reales a nivel global. Schneier lo ha descrito de la siguiente manera: “Con el nacimiento del Internet de las Cosas y los sistemas cyberfísicos en general, le hemos dado al internet manos y pies: la habilidad de afectar directamente al mundo físico. Lo que solían ser ataques contra archivos e información se ha convertido en ataques contra carne, hierro y concreto”.

Barry Chudakov, fundador y director de Sertain Research y StreamFuzion Corp., escribió, “Estamos presenciando el nacimiento de lo que el brillante erudito y teórico de medios Derrick De Kerckhove (hace años) llamó ‘inteligencia conectada’ – pero en una escala inimaginable antes del siglo XXI. De Kerckhove lo llamo un ‘cambio de ser’, lo que captura en amplitud y profundidad lo que está pasando a diario, nuestros objetos físicos y digitales se entremezclan. Así que no sólo la tendencia hacia una mejor conectividad de objetos y personas continúa, sino que además avanzará hasta cambiar los límites y las dinámicas de todo tipo: personal, social, moral y político.

“… El Internet de las Cosas representa dos cosas, una gran oportunidad y una gran vulnerabilidad. Van mano a mano”.

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