El mercado laboral en América Latina desde la óptica del BID: ¿Alternativas?

Por Isabel Cristina Velasco Zamora

19 de noviembre de 2015
Imagen: Banco Interamericano de Desarrollo

El Banco Interamericano de Desarrollo –BID, el principal financiador multilateral para América Latina, ha publicado este mes el libro: “Empleos para crecer” sobre la estructura del mercado laboral en la región latinoamericana, en el que plantea un paquete de estrategias encaminadas a corregir el fenómeno de informalidad laboral, creciente en toda la región.

En el libro se destaca que el mercado laboral de la región en los últimos 20 años, ha tenido un crecimiento económico sustantivo y avances notables en materia de generación de empleo, reducción del desempleo, expansión de la formalidad y aumento de los salarios; su explicación se encuentra en el ciclo favorable de los precios de las materias primas y el bono demográfico.

Retos y dificultades

Pese a los avances de las últimas décadas, los retos regionales en términos del mercado laboral, se hacen aún más agudos. Las principales barreras que impiden la consolidación de un mercado laboral que garantice una reducción significativa de la desigualdad y la pobreza, son:

  • Empleo informal (55%) sin cobertura de protección social.
  • Elevada rotación: empleos inestables y de muy corta duración, lo que limita las oportunidades laborales.
  • Inserción limitada de grupos sociales al mercado laboral: jóvenes, mujeres y personas con bajo nivel educativo.

En síntesis los problemas estructurales del mercado laboral latinoamericano son: Inestabilidad, informalidad y poca productividad.

Sin embargo, la perspectiva de solución es reducida a un solo foco: “la productividad”, que más que una alternativa real, raya con el dogmatismo de la era de interrelación comercial y la globalización, y el aserto dado por el BID es tan políticamente correcto que resulta poco orientador y práctico. Según estos, la productividad es definida como la utilización efectiva e inteligente de la fuerza laboral.

En este sentido, plantea que se debe promover un mayor nivel de productividad del trabajo en relación al costo del mismo, aumentar el grado de valoración que los individuos tienen de los seguros sociales, y mejorar la fiscalización estatal y los mecanismos de aseguramiento durante los episodios de desempleo. La capacitación laboral puede ser un factor que contribuya a la estabilidad y al incremento de la productividad. Para lograr lo anterior, los objetivos de la política pública, deberían ser:

  1. Mejorar las oportunidades de inserción en un empleo formal: Políticas públicas para facilitar la inserción al primer empleo; políticas que buscan proveer al trabajador y a las empresas de información que permita buenos emparejamientos; políticas que apoyan a los trabajadores en periodos de desempleo; y políticas para regular la contratación y el despido.
  1. Promover una estabilidad laboral productiva en el puesto de trabajo: Políticas públicas que prevean restricciones al despido y políticas de formación a lo largo de la vida.

En otras palabras, la propuesta del BID consiste en seguir en la lógica de la flexibilización laboral, en tanto que impulsa la idea de que los costos laborales altos impiden la formalización laboral, ecuación que no ha sido demostrada, pues la reducción en los costos laborales (por ejemplo de contratación) no asegura una mayor contratación de trabajadores.

Más aún, es preocupante que la discusión se siga enmarcando en el mismo contexto de incertidumbre que determina la lógica de la globalización, mundialización, liberalización económica y desmembramiento del Estado. Pues tal como lo sustenta el organismo, el mejoramiento regional se da por dos factores externos a los países de la región: el ciclo favorable de los precios de las materias primas y el bono demográfico.

Un círculo vicioso

Estos puntos son claves en el análisis, y son abordados de forma marginal en la propuesta. Dado que por un lado, es la estructura económica es la que determina la demanda de trabajo futuro de un país, y el bono demográfico garantiza la continuidad de la renovación de la mano de obra, siempre y cuando se le garanticen unos mínimos.

Por tanto, esta situación es un escenario de doble filo, pues evidencia la vulnerabilidad de las economías concentradas en la explotación de recursos naturales, ya que sus ciclos de crecimiento lo determinan las dinámicas internacionales de los precios de los comodities.

Y por otro lado, el bono demográfico para que logre impactos positivos demanda así mismo, la existencia de unas garantías mínimas de acceso a educación, salud, trabajo, que en el contexto actual para la gran mayoría de las economías latinoamericanas con la imposición del modelo neoliberal, no está garantizado sino que depende de la capacidad de ingreso de los hogares.

Estas circunstancias crean un círculo vicioso que no permite dilucidar un camino claro de crecimiento sostenido, en que se puedan aprovechar las ventajas del bono demográfico por una parte, y crear estrategias de ruptura frente a la dependencia externa de los precios internacionales.

Un ejemplo de esto, fue la promulgación de la Ley de primer empleo en Colombia promovida en 2010, durante el primer gobierno de Juan Manuel Santos, cuyo objetivo fue otorgarles oportunidades de inserción laboral a los jóvenes colombianos, pero cuyo resultado dista mucho de sus buenas intenciones, pues cinco años después el panorama es desolador, pues del total de empleos informales en Colombia, el 65.3% de estos, son ocupados por jóvenes entre los 15 y 24 años.

Lo anterior, evidencia que la propuesta más allá de ser novedosa es tan solo una reflexión de la estructura del mercado laboral, los limitantes y desafíos y las soluciones focalizadas en la productividad de forma exclusiva desconocen la realidad de la estructura económica de la región suramericana, y en una suerte de simplificación de la discusión, la relación costo-beneficio para incrementar la productividad carga en los trabajadores esta obligación, de modo que la alternativa es limitar sus derechos y su ingreso real.

¡Como dicen los neoliberales, para rebajar la informalidad se deben reducir los requisitos para ser formal!

*artículo publicado originalmente en el Centro de Estudios Latinoamericanos

 

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